El arco iris de gravedad — Diario de lectura (48)

PÁGS. 589–598
Reaparecen los argentinos. Borges, Lugones y el Martín Fierro. Leo: “Una noche suave, llena de estrellas doradas, el tipo de noche pampera sobre la que le gustaba escribir a Leopoldo Lugones”.
Una vez más, Pynchon demuestra un conocimiento de la historia argentina no digamos acabado pero sí bastante cercano. En esta oportunidad se nombra a ¡Cipriano Reyes! También cita a Borges y a Hernández en castellano y, sobre el castellano, escribe: “Nadie gritaba. La conversación de aquella noche en el espacio de acero estaba llena de eses y de íes griegas palatales, llenas de la peculiar y renuente amargura del español argentino, moldeado por años de frustraciones, de autocensura, por prolongadas evasiones indirectas de la verdad política”.
En esta secuencia Pynchon hace una reflexión bastante certera y profunda sobre el “ser argentino”, es como si penetrara en su origen constitutivo, en sus dilemas. ¿Ese conocimiento le viene exclusivamente de los libros? ¿O hay otras fuentes?
Googleo “pynchon+argentina” y leo una nota de Pedro B. Rey del 2014 en La Nación. Cito un párrafo que empeza refiriéndose a lo argentino en “El arco iris…” y salta a “Al límite” (que no leí):
“Es posible que esto no revele otra cosa que voracidad erudita y talento mimético: también los lectores malteses, sudafricanos o bosnios deben de quedarse con la impresión de que Pynchon conoce su cultura como pocos. En Bleeding Edge (que saldrá en castellano a fines de año) predominan la mafia rusa y el factor Medio Oriente, pero el escritor se permite, de manera inesperada, un par de brochazos que aluden a la Argentina. El primero, en una novela tan radicalmente política, quizá sea pertinente. El oscuro agente Nicholas Windust estuvo en Chile durante el golpe contra Allende y después de eso pasó la cordillera para participar de acciones encubiertas que se escudaban bajo la sigla TANGO. El segundo es más curioso. Por ahí se menta a Leopoldo, un lacaniano que por la crisis se vio obligado a dejar su práctica en Buenos Aires (´en el barrio de los psicoanalistas, conocido como Villa Freud´) para trabajar en Nueva York. ´La hiperinflación de Alfonsín, los despidos masivos de la era Menem-Cavallo, más los obedientes acuerdos de los regímenes con el FMI, deben de haberle parecido como la Ley paterna que sufre un ataque de furia frenética´, se lee en una de las tantas líneas que le caben al personaje.”
Encuentro también un paper de un tal Samuel Thomas que Ignacio Bermúdez sube en una traducción google dificilísima acá. Se llama “ El Gaucho vende hacia fuera: Thomas Pynchon y Argentina” y no echa mayor luz sobre el asunto. Se explaya sobre la historia del anarquismo argentino y otros temas tocados po Pynchon pero basándose en estudios propios y no en el canon personal que podría haber llevado al autor a escribir eso.
El epígrafe, sin embargo, tiene su interés. Es de una carta de Pynchon a Faith y Kirkpatrick Sale del 29 de junio de 1963 y dice: “Am turning into an Argentinophile, if not maniac. Never having been within a couple thousand miles of the place has still not kept me from developing a theory . . .” Lo cual confirma que el saber de Pynchon sobre nuestro país es libresco y no de campo.
Volviendo a la novela, en la secuencia que nos toca hay además un comienzo de guión cinematográfico para el Martín Fierro que cito:
“Una pampa ensombrecida al anochecer. Una enorme llanura. El ángulo de la cámara se mantiene bajo. La gente entra lentamente, personas solas o en pequeños grupos, adentrándose en la llanura hasta un caserío situado a la orilla de un pequeño río. Caballos, ganado, fuegos contra la oscuridad creciente. A lo lejos, en el horizonte, aparece una figura solitaria montada a caballo que cabalga hacia la cámara, mientras aparecen los titulares. En determinado momento vemos la guitarra que cuelga de su espalda: es un payador, un cantor errante. Finalmente desmonta y se sienta con los demás junto al fuego. Después de la comida y de una ronda de caña, coge la guitarra y empieza a pulsar las tres cuerdas inferiores, los bordones, y canta:
Aquí me pongo a cantar
Al compás de la vihuela;
Que el hombre que lo desvela
Una pena extraordinaria,
Como una ave solitaria
Con el cantar se consuela.
Así pues, a medida que el gaucho canta, la historia se desarrolla: un montaje de su vida anterior en la estancia. Luego viene el ejército y lo recluta.”
Sigue. La cita del Martín Fierro está en castellano en el original, habría que chequear si lo de “vihuela” en vez de “vigüela” y “una” en lugar de “la” es un error de Pynchon o del pelotudo del traductor.
Sobre el final del fragmento Pynchon se hace una pregunta un poco tardía: “¿sobrevivirá el alma del gaucho a la técnica de darle luz y sonido?”.
