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I.
Mi hermana menor me llamó por la mañana. De nuevo amaneció sintiéndose mal. Es una mujer brillante, talentosa, recta, solidaria y profundamente deprimida. Tiene 25 años, perfecta salud, su propio departamento, un trabajo prometedor con buenos ingresos, viajes en puerta y muchos amigos. Pero terminó con su novio y nada de eso importa. Está sola. No es la novia ni la esposa de nadie, ¿para qué quiere todo lo demás si no tiene a quién complacer con ello? Trato de darle un consejo y me horroriza darme cuenta de que mi manera de animarla consiste en decirle que ya encontrará a alguien. Es que a mí también me educaron las telenovelas y las revistas para adolescentes. A mí también me dijeron desde niña que tenía que aprender a conquistar y a retener a un hombre. A mí también me enseñaron que el resto de las mujeres son enemigas potenciales y que la vida se trata de envidiarlas o de provocarles envidia, preferentemente de lo segundo.
II.
Recuerdo de pronto los artículos de la revista Tú que compraba a los quince años. Había una parte dedicada a los consejos románticos y otra a los tips de belleza, no recuerdo haber leído ninguna publicación que atendiera a cualquier otro interés que pudiéramos tener las adolescentes. La parte de los consejos románticos se trataba obviamente de conseguir novio, nunca novia porque la revista asumía que todas las pubertas tenemos clarísima nuestra heterosexualidad. La parte de los tips de belleza era más variada: algunas veces venían artículos sobre maquillaje, otras, te recomendaban dietas “balanceadas” para perder peso. El objetivo al final era el mismo: “feminizarte”, es decir, convertirte en un objeto deseable para el género masculino.
III.
Pienso en mis compañeras de la secundaria y preparatoria, casadas la mayoría, muchas con uno o dos hijos. Pienso en como hablan entre ellas de las otras. Como se burlan de las que han engordado, como se compadecen de las que no “consiguieron” un marido rico, como envidian a las que pueden pagarse gimnasios y no trabajan… Mujeres que llevan más de quince años comparándose con otras mujeres, construyendo sus vidas y la imagen que tienen de sí mismas con respecto a esas comparaciones. Mujeres que han introyectado a tal grado el discurso de la cosificación que se jactan de ser objetos de lujo para sus maridos. Mujeres que, aunque casadas, están completamente solas.
IV.
Mientras hablo con mi hermana pienso en todas ellas. En las niñas que fuimos y en lo que nos hemos convertido. Pienso, particularmente, en todo lo que he tenido que vivir para hacerme consciente de que era necesario reeducarme. Dejar de creer que mi vida se trataba de intentar complacer a los demás, de agradarles. De lo difícil que ha sido empezar a conocerme. Quisiera regresar en el tiempo y escribir un artículo en la revista Tú que les dijera a las adolescentes que está igual de bien tener novio que no tenerlo y que también está bien tener novia si se quiere. Que está bien no ser delgada ni tener mucha ropa, ni ser femenina ni maquillarse. Escribir acerca de la importancia de las hermanas y de las amigas. De la solidaridad que solo se puede encontrar entre mujeres cuando dejamos de lado las rivalidades absurdas. De la felicidad de compartir la vida con quienes mejor nos comprenden.
V.
Tay, hermanita, no tengo palabras que te hagan sentir mejor porque hacerlo sería admitir que necesitas consuelo. Ya no quiero seguir reproduciendo la idea de que una mujer que no tiene pareja está incompleta o necesita ser reconfortada. En Chihuahua, donde vives, miles de mujeres han sido asesinadas por esos hombres que nos han enseñado a creer que los necesitamos a nuestro lado. Mujeres igual de dignas y de valiosas que tú se enfrentan todos los días a golpes y humillaciones con tal de no estar “solas”. En Guanajuato, donde viví muchos años, hay mujeres cumpliendo condenas por homicidio a causa de haber interrumpido sus embarazos. La próxima vez que sientas que tu soltería es una tragedia, piensa en todas ellas. No son distintas a ti, también a ellas les mintieron, también a ellas les dijeron que lo peor que les podía pasar era no tener novio.