Fiu Fiu



Una vez, recuerdo, me chiflaron con ganas. Fue una vez que acompañé a uno de mis primos a su juego de fútbol americano, allá por el ‘92. Jugaba con los Potros de la Anahuac en San Nicolás de los Garza, en el meritito Nuevo León.

Mi prima Cata y yo nos levantamos a comprar refrescos y papas, ni como evadir la ola de adolescentes que hervía en las gradas. Nos llovieron fiu fiu’s tan fuertes que parecía que iba a empezar un concierto; “chuladas”, “el cielo se está cayendo” y otros halagos bien bonitos nos gritaban.

Bien bien padre.

Ayer, me chiflaron pa dentro. Iba yo en mi bicicleta, regresando del banco, cuando en una camioneta pick up unos halagadores pasaron chiflando pa dentro. ¿Pero qué chiflidos son esos? Pensé, “más que chafas, goei”, diría Cindy.

Si los halagadores silbaran pa fuera y no pa dentro, voltearía y diera gracias, caray. Hasta me presentaría, digo. ¿Dónde quedó el fiu fiu, pues?

Me acordé que yo en la secundaria les chiflaba pa dentro a mis amigas de puritita broma. Era nuestra forma de llevarnos feo, nuestra carrilla grupal, nuestra manera de decirnos: “te podrías ver mejor”.

Cada salida de la secundaria caminábamos a la casa acompañadas de fiu fiu’s por todo el camino. A risitas se nos hacía el camino más ameno. Salimos dos tres veces a la kermesse de la parroquia gracias a los chiflidos que de lejos empezaban fuertes y de cerquita más quedito pero bien cumplidos y bien llevados.

No quiero ser nostálgica pero antes no se quedaban contentos con solo chiflar. Se acercaban caballerosos a presentarse y a pedir nombre y teléfono, y de una vez lanzaban invitación. ¿Será también por eso que algunas mujeres ya no caminan? ¿Le tendrán decepción a la calle o qué? ¿Será que los halagadores de hoy no van por buen camino tirándole a la nada con sus chiflidos?

Tan bonito que es caminar, hombre.
Más fui fiu’s, por favor.

Este texto en mi perfil.