Conoce nuestras firmas: Antonio García Maldonado

Ya sabrás que los firmantes de El Subjetivo son gente intelectualmente irresistible. Por si acaso, con este cuestionario –elaborado por Ignacio Peyró, editor jefe de la sección- te invitamos a conocerlos mejor.


IP: Defínase políticamente. Ya, ya sabemos que es difícil.

AGM: Social-liberal, progresista. Europeísta militante. Creo que la integración del continente, la superación de las soberanías nacionales –que ya son meras cáscaras retóricas en muchos casos– es la gran tarea política de mi generación.

IP: ¿Qué le falta –y qué le sobra– al periodismo español de hoy?

AGM: Le falta humildad. Le sobra precariedad, claro. También opinión caprichosa y ventajismo moral. Y, últimamente, le sobran gracietas y juegos de ingenio gramaticales sin contenido de ideas. Por supuesto, sobran tertulias, o lo que hemos convenido que son tertulias.

IP: Un maestro periodístico. O, ya puestos, columnístico. De aquí o de fuera de aquí.

AGM: Me gusta el columnismo de ideas, donde una tesis se conjuga con un estilo pero ambos se respetan, donde los juegos de palabras más o menos ingeniosos no ahogan el mensaje.

Convertirse en el columnista gracioso oficial de un medio es una idea que me espanta, tanto como ser la cuota de una trinchera política. Por eso me gusta la minuciosidad técnica de Xavier Vidal-Folch, que tan bien mezcla con un estilo que a veces parece hecho para que se puedan rapear sus columnas, o la amplitud de miras y temas y la humildad de Nicholas Kristof, del New York Times. De mi generación destaco a Ricardo Dudda y a Jorge Bustos. Como periodista, cronista o reportero, para mí, el mejor es Francisco Goldman.

IP: Las columnas: ¿con “yo” o sin “yo”?

AGM: Aplico un principio socialdemócrata: Tanto “yo” como sea necesario, tanto “no yo” como sea posible.

IP: Las redes: ¿gran tertulia o servidumbre contemporánea?

AGM: Quizá Facebook sea más una gran tertulia, en la medida en que ahí se controla mejor el alcance de lo que uno escribe. Twitter, con su falsa sensación de intimidad, se nos ha ido de las manos: en el peor de los casos, es una barra libre para el insulto, y en el mejor, un gran escaparate del ingenio y la ironía. Instagram, un homenaje de Silicon Valley al narcisismo freudiano, la verdad es que no lo disfruto ni lo frecuento demasiado.

IP: ¿Qué temas echa en falta en nuestra conversación pública, y cuáles tienen un exceso de presencia?

El cotilleo político, los dimes y diretes de cuarta fila, las querellas personales entre los actores públicos están ahogando el periodismo de ideas y debates sobre políticas. La gente cree que, sabiendo de políticos o partidos, sabe de política. Y no. Creo que hay buenos columnistas y reportajes de todo tipo. Si algo echo en falta es un periodismo sobre las ideas, más cercano a la sociología, más contextualizado históricamente, más técnico (que no “de datos”) y menos alarmista. Si el periodismo hubiera hecho bien su trabajo, no estaría tan extendida en España la idea de que vivimos tiempos oscurísimos, y no nos habríamos apropiado de sufrimientos ajenos de una manera tan burda. Creo que el gran pecado del periodismo de estos años es haber legitimado la mentalidad del agravio histórico, generacional y político permanente, cuando la realidad es que vivimos en el mejor momento de la historia, así se hayan hecho cosas muy mal. Hay un consejo en Padrino III que debería ser el frontispicio de toda redacción: “No odies a tus enemigos: no te permite juzgarles”. Todos los periodistas sacamos pasear a nuestras bestias negras cada vez que podemos, amparados en nuestra infalibilidad papal-moral de periodistas.

IP: ¿Seguir el propio interés o inspiración, o escribir pensando en los lectores?

AGM: Los que tenemos el privilegio –¡o la desgracia!– de escribir sin tema establecido haríamos un flaco favor a nuestros lectores si no eligiéramos nuestros asuntos de forma libérrima. El lector siempre está ahí, y te lo imaginas como un receptor abstracto, etéreo, es una presencia fantasmal constante mientras escribes. Es imposible no pensar en él, no intentar adoptar su punto de vista cuando relees antes de enviar, pero los temas sobre los que uno elige escribir suelen ser los temas sobre los que mejor escribe. De modo que lo mejor es no pensar en el lector, porque el lector siempre está de todas formas.

IP: ¿Sobre qué temas le suele interesar más escribir?

AGM: Sobre los que me suele interesar leer, tanto en prensa como en libros. Políticas públicas, cambio tecnológico, historia, asuntos globales inmediatos y problemas universales de largo plazo. Y sobre cómo influye todo eso en nuestra manera de comportarnos y relacionarnos, tanto en nuestra comunidad como en nuestra vida privada.

IP: Leer: ¿actividad cada vez más elitista?

Leer, libros o periódicos, siempre fue elitista en la medida en que era minoritario y exigente. El relato de las generaciones precedentes está inflado: no leían tanto ni veían tanto cine de Arte y Ensayo, y si lo hacían, era por deber de imagen, no por convencimiento intelectual. Leer siempre fue exigente, y ahora, sin los corsés morales y religiosos primero y con las Nuevas Tecnologías después, se ha hecho mucho más difícil por el aumento de las distracciones y las alternativas. Sí, claro, elitista en un sentido noble. Soy incapaz de abrir un cuerpo y operarlo, quienes lo hacen son una élite, médicos cirujanos, han dedicado un tiempo a algo de lo que yo soy incapaz. El problema es que es un concepto con muy mala prensa, y valga esta expresión como diagnóstico de todo lo hablado hasta ahora. Si lanzamos el mensaje de que estar informados es un derecho que no requiere deberes intelectuales, estamos mintiendo a la gente.

IP: ¿Qué le gustaría aportar a los lectores de este medio?

AGM: Una mirada sosegada en cuanto al método, y transversal en relación a los temas. Algo de microensayo sociológico y de reflexión pausada. Y, por supuesto, una mirada desde mi espacio y tiempo. Mi máxima aspiración como periodista, como escritor en general, es saber leer, interpretar y expresar mi momento histórico.