Conoce nuestras firmas: Cristian Campos

Ya sabrás que los firmantes de El Subjetivo son gente intelectualmente irresistible. Por si acaso, con este cuestionario –elaborado por Ignacio Peyró, editor jefe de la sección- te invitamos a conocerlos mejor.


IP: Defínase políticamente. Ya, ya sabemos que es difícil.

CC: No sabría decir. Sí puedo decir quiénes me han insultado con más entusiasmo en las redes: la ultraderecha, las almas puras, los postcomunistas, los independentistas, los nacionalistas, los idealistas, los metafísicos, los lectores de tebeos de superhéroes, los vegetarianos, los adolescentes, los del PP, los del PSOE, los de Podemos, los de Ada Colau, los defensores de su pueblo, los de «la ciencia es una religión más» y, en general, todos aquellos que creen ver cuando sólo están mirando. La turbamulta, en definitiva: allí donde se ponen de acuerdo dos españoles aleatorios para defender una creencia absurda, me brota a mí un enemigo. Si saca usted el antónimo de todos los anteriores arquetipos juntos, salgo yo.

IP: ¿Qué le falta — y qué le sobra — al periodismo español de hoy?

CC: Le falta un modelo de negocio, probablemente uno que acepte que el periodismo ya sólo nos interesa a los periodistas. Le sobra la televisión, que es cianuro para el periodismo.

IP: Un maestro periodístico. O, ya puestos, columnístico. De aquí o de fuera de aquí.

CC: Yo siempre digo lo mismo: a mí Arcadi Espada me enseñó no ya a escribir, sino a leer. Porque en España se escribe muy bien pero se lee muy mal. Así que si me da a escoger entre él y Félix de Azúa me pone en un aprieto. De fuera, Henry Louis Mencken.

IP: Las columnas: ¿con “yo”o sin “yo”?

CC: Con yo, por supuesto. ¿Quién las escribe, si no? Esa creencia infantiloide en el periodismo sin periodistas es un purismo beato como cualquier otro. Que le pongan el cilicio de la humildad franciscana a su tía.

IP: Las redes: ¿gran tertulia o servidumbre contemporánea?

CC: Gran tontulia, efectivamente. Y en mi caso, además, una servidumbre. Pero yo soy un profesional, no un aspirante a mártir, así que si hay que ir se va y que sea lo que Dios quiera.

IP: ¿Qué temas echa en falta en nuestra conversación pública, y cuáles tienen un exceso de presencia?

Más que temas echo en falta horizontes intelectuales. Comparas los equipos de debate de las universidades anglosajonas con una tertulia española y te entran ganas de arrancarte los ojos con una cucharilla oxidada.

IP: ¿Seguir el propio interés o inspiración, o escribir pensando en los lectores?

Bueno, no es contradictorio, ¿no? No soy tan especial: si me interesa a mí es probable que le interese a los lectores. No suele fallar.

IP: ¿Sobre qué temas le suele interesar más escribir?

Sobre los que caminan por el filo. Es decir cualquiera en el que se enfrenten dos cosmovisiones radicalmente enfrentadas. Y eso se da en la política, en la cultura, en la ciencia, en la economía…

IP: Leer: ¿actividad cada vez más elitista?

CC: Para mí, heroica. Internet y el móvil han reducido mi capacidad de concentración hasta equipararla con la de un niño de siete u ocho años. Cada vez me cueste más leer textos de más de tres o cuatro párrafos. Tengo la suerte de haberme educado antes de la llegada de estos cachivaches: al menos me dio tiempo a alfabetizarme. Los nativos digitales son para mí una especie aparte. Me comunico con ellos como me comunicaría con un chimpancé: rebajándome hasta su nivel y hablándoles muy lento.

IP: ¿Qué le gustaría aportar a los lectores de este medio?

CC: Lo que el realismo jurídico aportó al viejo debate entre naturalismo y positivismo: la tercera vía, que suele ser la correcta. La del escéptico que se resigna a ver arder Roma, arrasada por los bárbaros, desde la ventana de su biblioteca.

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