Conoce nuestras firmas: Jordi Bernal

Ya sabrás que los firmantes de El Subjetivo son gente intelectualmente irresistible. Por si acaso, con este cuestionario –elaborado por Ignacio Peyró, editor jefe de la sección- te invitamos a conocerlos mejor.


IP: Defínase políticamente. Ya, ya sabemos que es difícil.

JB: Me gustaría poder definirme como un ácrata bon vivant a la manera de Brassens, pero no soy artista ni francés ni mucho menos, aunque sea a mí pesar, bon vivant. Así que me quedo en sonso socialdemócrata con algún que otro ramalazo libertario como, por ejemplo, la alergia a todo -ismo en general y al aldeanismo en particular.

IP: ¿Qué le falta –y qué le sobra- al periodismo español de hoy?

JB: Le faltan correctores de estilo y le sobra entretenimiento insustancial y empalagoso. Y provocadores indigeribles, de prosa rupestre.

IP: Un maestro periodístico. O, ya puestos, columnístico. De aquí o de fuera de aquí.

JB: Me (de)formé antes con el cine, el rock’n’roll, los cómics y los libros que con la prensa. Empecé a leer periódicos de manera sistemática (cortando y archivando crónicas, reportajes y columnas) en aquello que se llamaba COU. En esa época llevar una cabecera determinada bajo el brazo todavía era signo distintivo de tu adscripción política. Como un estandarte de tribu urbana. Yo era de El País. Coincidió con unos años esplendorosos del columnismo. O al menos así lo recuerdo. La lectura se iniciaba con el Visto/Oído de Haro Tecglen (a quien copiaba el estilo sincopado y de abrupta puntuación en mis primeras intentonas), y diariamente seguía a Rafael Sánchez Ferlosio, Vicente Verdú, Félix de Azúa, Fernando Savater, Vázquez Montalbán, Rosa Montero, Manuel Vicent o Arcadi Espada, cuya antología de columnas Quintacolumnismo para mí es de cabecera. Como perversión oculta, reconozco que por aquel entonces leía con solaz a Jaime Campany.

IP: Las columnas: ¿con “yo”o sin “yo”?

JB: Me pasa como con el hispánico dilema de la tortilla de patatas: ¿con o sin cebolla? Simplemente que sea gustosa y apetecible desde una sencillez culinaria dificilísima.

IP: Las redes: ¿gran tertulia o servidumbre contemporánea?

JB: A mí que me gusta hablar con las personas de una en una la tertulia analógica ya me parecía una servidumbre de corral. La red impone la fatiga de tener que aguantar el troleo anónimo pero al menos no los oyes gritar. Solo los lees gritar.

IP: ¿Qué temas echa en falta en nuestra conversación pública, y cuáles tienen un exceso de presencia?

JB: No es tanto una cuestión de temas como de abordaje de los mismos. Me abruma la cantidad de diletantes que, habiendo leído cuatro ensayos de divulgación, resuelven los problemas presentes y futuros de la humanidad ex cátedra y entre copas. De ahí que tantas veces opte por beber solo.

IP: ¿Seguir el propio interés o inspiración, o escribir pensando en los lectores?

JB: Cuando escribo pienso en muy pocas personas. Especialmente en una. Espero tener unos cuantos lectores más.

IP: ¿Sobre qué temas le suele interesar más escribir?

JB: Me siento más cómodo escribiendo sobre aquellos temas que disimulen mejor mi oceánica ignorancia. El problema, no obstante, es que son escasos: las pelis, algunos libros, un poco de música… Por lo tanto, opto como cualquier periodista patrio por tirarme a la piscina.

IP: Leer: ¿actividad cada vez más elitista?

JB: Ahora se lee más que nunca. Nos pasamos el día leyendo y escribiendo. Otra cosa es que, por desgracia, la literatura, la buena literatura, se está convirtiendo en una actividad clandestina, de viciosos incurables. Y luego está el hecho de que buena parte de las mejores historias modernas se cuentan en series de televisión.

IP: ¿Qué le gustaría aportar a los lectores de este medio?

JB: Sólo espero que mis aportaciones no les resulten un coñazo.