Conoce nuestras firmas: Miguel Ángel Quintana Paz

Ya sabrás que los firmantes de El Subjetivo son gente intelectualmente irresistible. Por si acaso, con este cuestionario –elaborado por Ignacio Peyró, editor jefe de la sección- te invitamos a conocerlos mejor.


IP: Defínase políticamente. Ya, ya sabemos que es difícil.

En realidad no veo que la gente que me rodea lo considere nada difícil. Mis amigos de izquierda se lanzan inmediatamente a decretar que soy un derechoso contumaz. Mis amigos de derecha me ubican con no menor prontitud como frívolamente progresista. Naturalmente, quienes mejor se lo pasan son mis amigos de centro, que pueden acusarme por la mañana de una cosa y por la tarde de la otra.

IP: ¿Qué le falta –y qué le sobra- al periodismo español de hoy?

MAQP: Al periodismo de hoy le falta aquello de lo que los librepensadores jamás tendremos suficiente: apertura al discrepante. Quien discrepa verdaderamente de ti no es ese tipo tan divertido con quien tan bien te lo pasas cuando difiere de ti, sino ese otro del que no puedes siquiera entender que defienda cosas que la mayoría condena. Naturalmente, esta apertura tiene unos límites (no todo es tolerable). Pero no son límites extraños o arbitrarios: ese mismo amor por la libertad de pensamiento te los indica. No vale ir de librepensador si lo que sostienes es que se acalle a determinadas personas, por ejemplo (no digamos ya si lo que quieres apoyar públicamente es que se les agreda). En suma, al periodismo de hoy no le falta nada que no se aprenda en una buena clase de Ética del Periodismo. (Esta última frase, naturalmente, constituye una autopromoción desvergonzada, pues yo me gano la vida como profesor de Ética del Periodismo).

Por otra parte, al periodismo de hoy le sobra esta obsesión (algunos piensan que muy española, yo creo que solo en la medida en que la Mesta y lo ovejuno fueron españolas) por estar más atentos a de quién me rodeo, o quién dice qué, que a lo que hacemos juntos o a lo que se dice.

IP: Un maestro periodístico. O, ya puestos, columnístico. De aquí o de fuera de aquí.

MAQP: Creo que hay algún maestro columnístico que escribe en The Objective, pero para que estas respuestas no parezcan autopublicidad de este medio me reservaré su nombre.

He intentado aprender mucho de filósofos que escriben columnas. En España, naturalmente, esto significa citar a Fernando Savater. Fuera de España me siguen pareciendo modélicas las columnas que un pensador junto al cual me formé, Gianni Vattimo escribía para La Stampa en los años anteriores a que yo le conociera, los 80. Aunque luego he acabado discrepando de Vattimo en casi todo, esas piezas me parece que logran hábilmente usar el género periodístico para hablar de temas filosóficamente profundos y a la vez actuales.

Pero odio el gremialismo filosófico, así que (aun a riesgo de hacer esta respuesta demasiado larga) citaré también algunos nombres de periodistas no filósofos que admiro: Arcadi Espada y Santiago González en prensa, Carlos Alsina en radio, Raffaella Carrà en televisión (¿sigue en televisión, no?).

IP: Las columnas: ¿con “yo”o sin “yo”?

MAQP: Yo prefiero que las mías no contengan demasiado “yo”, pero esa preferencia refleja simplemente mi intemperado egoísmo. Creo que hay columnistas que saben usar muy bien su “yo” al escribir, hasta el punto de que sus columnas a menudo parecen más un diario que una columna, y resultan en todo caso deliciosos. Estoy pensando por ejemplo en José Luis García Martín, un poeta del que me distancian en política longitudes transatlánticas, pero cuyos libros recopilatorios de las columnas que publica en La Nueva España he devorado con delectación. También Juan Carlos Girauta, ahora embarcado intensamente en la política y viejo amigo, escribía un pequeño diario semanal en Cataluña que resultaba de lo más atractivo.

IP: Las redes: ¿gran tertulia o servidumbre contemporánea?

MAQP: Permítame negar la estructura dilemática de la pregunta: también las tertulias son a menudo una servidumbre, aunque solo sea por la certeza de que si un día no asistes a ellas el resto de contertulios aprovechará para hacer un pequeño repaso de tus aspectos menos favorecedores.

Creo que las redes sociales, y Twitter en particular, me han permitido hacer dos de las cosas que más me apasionan: conocer gente y conocer cosas en general. Ambas cosas nos llevan mucho tiempo, cierto es, pero también la vida nos lleva mucho tiempo y aquí estamos.

IP: ¿Qué temas echa en falta en nuestra conversación pública, y cuáles tienen un exceso de presencia?

MAQP: Más que temas, me ha sorprendido en los últimos años comprobar, en esa gran conversación pública que son las redes sociales, que tienen un exceso de presencia falacias lógicas muy primarias, que nunca esperé que señoras y señores sólidamente formados en otras disciplinas cometieran con tal laxitud.

Por ejemplo, estoy un poco cansado de que la gente confunda entre que compares dos cosas y que estés diciendo que son iguales. No hace falta leerse la Metafísica de Aristóteles completa para saber que una cosa es trazar una analogía (en cierto aspecto, siempre limitado, entre dos cosas incluso muy distintas en todo lo demás) y otra definir una identidad (aseverar que A es idéntico a B, o que A es B). De hecho, cuando comparo entre dos cosas ya estoy, al comparar, reconociendo que no son idénticas, y por ello resulta tan necio exclamar “¡Es que esas dos cosas que comparas no son lo mismo!” cuando no te gusta la comparación que ha hecho otra persona. Igualmente necio es decir “¡Es que esas dos cosas no son comparables!”, cuando en realidad comparable al menos en algún aspecto lo es cualquier cosa con cualquier otra cosa, salvo el ser con la nada.

Con todos estos asuntos, en apariencia tan filosóficamente áridos, te topas enseguida cuando te das a la discusión razonada con otros; y por ello los griegos, muy aficionados a ello, ya se toparon con todos ellos y trataron de resolverlos. Me resulta un poco frustrante el grado de ignorancia que persiste sobre sus soluciones.

IP: ¿Seguir el propio interés o inspiración, o escribir pensando en los lectores?

MAQP: Hay que huir de ambos extremos: quien solo pensara en su propia inspiración acabaría en la glosolalia; quien solo piense en complacer a los lectores acabará siendo un títere de la mudable opinión pública (o, si piensa en complacer solo a los suyos, en un títere de la opinión de su caliente rebaño).

IP: ¿Sobre qué temas le suele interesar más escribir?

MAQP: Aquellos de los que creo que he podido aprender un poco: ética, política, filosofía… Pero me gusta pensar, como Fito y los Fitipaldis, que estoy en una edad en que, por un lado, “acabo de llegar”, así que quizá me vaya en el futuro por otros derroteros; y, por otro lado, ya “puedo escribir y no disimular (es la ventaja de irse haciendo viejo)”, de modo que suelo optar por escribir sobre cosas que me da un poco de reparo escribir.

IP: Leer: ¿actividad cada vez más elitista?

MAQP: Platón reputaba en su tiempo que lo verdaderamente elitista, y se estaba olvidando, era la cultura oral, que el veía amenazada por quienes pensaban que los libros, lo escrito, eran lo intelectualmente más importante. A la larga su manera de ver las cosas perdió, naturalmente, y durante siglos ha parecido que no entendíamos el saber si no era a través de uno solo de sus cauces, el de la palabra escrita.

“Por suerte nuestro Miguel de Cervantes ya puso en su Quijote un grano de escepticismo a los encomios inmoderados a las ventajas de leer.”

A ambos quizá les haría mucha gracia ver que hoy, 2.400 años después de Platón, cuando las tasas de alfabetización del mundo son las más altas de la historia, justo ahora la historia les reivindica y la lectura empieza a perder la partida frente a otras muchas fuentes de saber: audio, televisión, vídeos de internet, cine…

Conozco a ávidos lectores que resultan sin embargo intelectualmente risibles, mientras que no conozco a ningún gran discutidor al que no admire intelectualmente.

IP: ¿Qué le gustaría aportar a los lectores de este medio?

MAQP: Cuando el filósofo Ludwig Wittgenstein se preguntó “¿Cuál es tu fin al filosofar?” se contestó a sí mismo “Enseñar a la mosca a salir de la botella atrapamoscas”. Siguen existiendo demasiadas botellas atrapamoscas, algunas con miel o delicias aún mayores en su fondo. Yo prefiero tratar de enseñar la vía de salida de la botella, aunque reconozco que soy tan burdo que en ocasiones estaré a punto de hacer simplemente añicos la botella.

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