Cuando yo llegué al Caribe Sur: Christina Zingrich

Entrevista con Christina Zingrich Gazdag Cocles, 9 setiembre 2015

Esta entrevista es parte de un creciente archivo digital de las comunidades del Caribe Sur, Costa Rica, organizado por el Rich Coast Project en colaboración con muchos residentes y organizaciones locales.

Aprende más en www.therichcoastproject.org/scra

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¿Por qué viniste al Caribe Sur y como era cuando llegaste?

En Suiza todo está muy estructurado, entonces aprendes a hacer algo, tienes una profesión, empiezas a trabajar en tu profesión y los dos estuvimos insatisfechos. Yo me di cuenta en lo que me gradué que yo no quiero trabajar en eso, y él estaba también en crisis. Así que ya se nos hizo decir

Si no vamos a seguir de este camino, qué vamos a hacer?

Empacamos una mochila cada uno, agarramos la plata que tuvimos de nuestros trabajos, y empezamos a viajar. Empezamos en los Estados Unidos, y de los Estados Unidos estuvimos viajando hacia el sur. La meta era ir a Machu Picchu, o no sé, al sur. Entonces estuvimos viajando como mochileros, con buses y con “ride”, y así en el 82 llegamos a Costa Rica.

Al principio de 82 en enero, en este trayecto de casi un año, pasando por México, Guatemala y así, estuvimos ya un poco cansados de los lugares turísticos, porque en los lugares turísticos uno siempre termina en donde hay otros viajeros. Entonces estás en mesas con franceses, con no sé cuánto, con gente de Europa o Estados Unidos compartiendo experiencias de viaje y los temas principales son: ‘A dónde vas… y hay un restaurante… y allí hacen pizza.’ Nosotros ya estuvimos cansados de esto, sentimos que queremos estar más en contacto con la gente local de cada país, de conocer más de la vida de la área y no de las historias de los viajeros. Todo el mundo decía que, por ejemplo, nos decían: si vas al Caribe vaya a Cahuita, y si vas al Pacífico vaya a Manuel Antonio. Esos eran los dos, y nosotros decimos que no vamos a ir a Cahuita ni a Manuel Antonio para evitar a esto que ya nos aburrió.

Puerto Viejo en 1983. La calle donde hoy está Casa Verde. Foto por Michael Gayek, contribuida por Christina Zingrich.

El bus en esa época de Limón salió hacia Cahuita y había alguien en Cahuita que fuimos a visitar. Paramos en Cahuita, bajamos del bus y vi, que el bus sigue. A dónde va este bus? Me decían que iba a Sixaola y yo pregunté: qué más hay más allá? Me decían: hay un pueblito ahí de nada. Entonces yo dije: Perfecto! Eso es lo que queremos.

En el mapa no existía Puerto Viejo. En el mapa de Costa Rica había la carretera marcado a Cahuita, y de Cahuita a Sixaola por Bribri, pero Puerto Viejo no estaba en el mapa. En todos los mapas que había en esa época no estaba Puerto Viejo en el mapa, ni Manzanillo, menos.

Nos quedamos 2 noches en Cahuita con la gente que conocíamos ahí y después llegamos en bus a Puerto. Salimos del bus y lo primero que nos impactó era un olor, desconocido para nosotros hasta este momento, muy fuerte en el aire y en el ambiente. Bueno, era el mar pero también otro olor.

Estuvimos buscando dónde quedarnos y había Hotel Maritza. Nos dieron el cuarto número 3 en Maritza.

Del cuarto vimos algo que nunca habíamos visto antes conscientemente y eran los secadores de cacao. Vimos que en cada patio habían grandes secadores y todo el mundo estaba secando cacao. Era el olor del cacao fermentado en los secadores. Todo Puerto olía a cacao.

Miss Daisy secando cacao en 1984 en Puerto Viejo. Foto por Michael Gayek, contribuida por Christina Zingrich.

Nosotros fuimos bajando, acercándonos. Había un señor que estaba ahí moviendo el cacao y nos fuimos a preguntar, “qué es?” y “qué hacen?” y porque?” y así empezamos a conocer el tema de cacao.

Estuvimos ahí de turistas y lo próximo que pasó que cada mañana desayunamos en el hotel con la familia del hotel y después empezamos a caminar y caminamos hacia playa negra o caminando hacia aquí (Playa Chiquita). Eran todo el día caminando, caminando, caminando en la playa porque no había carretera, sólo había la playa.

En la playa caminando nos dimos cuenta, que nunca hemos visto en todo este viaje de ya casi un año, playas tan lindas, hermosas, tan naturales y sin ningún turista. Tampoco había gente en las playas, aveces caminando todo el día sin ver ni una persona. Ni una persona en todas esas playas.

Con el tiempo, nos quedamos bastante tiempo, tuvimos como nuestros lugares favoritos en donde pusimos hamacas y nos quedamos leyendo libros y bañándonos y no sé qué y viviendo en número 3 del Maritza.

Los primeros que se acercaron a nosotros eran los jóvenes hombres que tenían curiosidad. A mi esposo, que no podían pronunciar nuestros nombres o se olvidaron, entonces muy rápidamente a mi esposo le dieron el apodo de “Smiley”. De ahí y adelante yo era “Smiley’s Wife“. Nosotros éramos conocidos como Smiley y Smiley’s Wife porque nadie se tomó tiempo de conocer nuestros nombres verdaderos.

Mula esperando su dueño frente de la pulpería de Puerto Viejo (1991). Foto por Michael Gayek, contribuida por Christina Zingrich.

Como no había turistas estuvimos conversando con la gente local y conociendo este lugar. En un punto conocimos a un extranjero. Llegó con un caballo, no encima pero arrastrando al caballo y llegó ahí donde Stanford’s. Eso era un pequeño restaurante de 5 mesas, y ahí llegó este hombre blanco con caballo que resulta que era Rolando, que hoy tiene Cabinas Rolando. Él escuchó que nosotros hablamos suizo, como él también es suizo, se acercó y empezamos a conocernos. Nos contó que el compró una finca adentro en la montaña y nos quiere invitar a visitarlo.

Fuimos a visitarlo y fue muy impresionante entrar a la jungla. Nos contó que él había comprado este terreno, porque el plan de anterior dueño era cortar toda la selva. Con el tiempo, hablando con vecinos y así, nos dimos cuenta que el estado había dado fincas aquí atrás, a gente que mayormente llegaban de Guanacaste, tenían pedazos muy grandes, y el plan de ellos, como eran de Guanacaste, y así todos crecidos en el tema de reces y leches y no sé qué, entonces el plan de ellos era cortar toda esa montaña para hacer potreros y potreros. Nosotros estuvimos ya con una consciencia mas allá, pues nosotros entendíamos, que estos bosques no pueden ser cortados porque si se cortan no va a ver agua en la costa. Sabiamos y vimos y observamos que toda el agua viene de la montaña y si se va a cortar todo esto toda la costa no va a tener agua. Entonces estuvimos preocupados, tratando a explicar a las personas locales y los que estaban adentro en esas fincas, de que esa no se puede hacer, que no es un buen plan.

En esos meses que estuvimos aquí también nos dimos cuenta que la gente local no tenían mucha consciencia sobre el lugar donde estaban, o sea que era tan paraísico. Tampoco entendieron muchas cosas en esa época. Era totalmente normal que sacaron montones de tortugas adonde hoy dicen Parquecito, que era en esa época el lugar de encuentro. En época de tortugas habían montones de tortugas que después fueron cortados y cada persona, cada familia se llevo sus pedazos. Y de noche las tortugas que no habían matado, los dejaron boca arriba y toda la noche gritaron. Me recuerdo este sonido de las tortugas que estaban en sus espaldas.

Nosotros eramos los primeros que empezamos a contar a los jóvenes que estaban interesados en pasar tiempo con nosotros, que no se puede seguir así. Que no se puede comer todos los huevos y matar todas las tortugas que aparecen porque algun dia no va a ver. Y todos esos temas que nosotros traíamos sobre la consciencia del ritmo de la naturaleza, y de cuidar la naturaleza, para la gente local era tan nuevo que se reían cuando nosotros decíamos “Va a venir el día que ya no va a ver tortugas si…” y todo el mundo “Ah hahaha nosotros siempre tuvimos!” Así con su patois. Se reían de nosotros, los parecíamos muy locos para ellos.

Cocotales bien cuidados. Cahuita, 1977. Foto por Michael Gayek, contribuida por Christina Zingrich.

También eso llevó más tarde a que nos empezaron a decir Los Payasos, los que estuvimos involucrados con esta finca. Porque las ideas y pensamientos que nosotros tuvimos de conservación, de la importancia de la conservación, era tan nuevo para ellos, y tan increíble y tan inimaginable.

Así que pasábamos muchas, muchas horas con la gente hablando, contando de nuestros viajes, adonde hemos ido, que hemos visto, como está el mundo afuera de este lugar de paraíso. Tratando de explicarles la joya que hay aquí.

Después de cinco meses salimos a Sur América a viajar allí. Volvimos aquí porque no aguantábamos estar afuera de aqui. Así pasábamos cinco meses en el sur y volvimos. Ya cuando volvimos sabíamos, que va a ser por un rato largo, porque yo estaba esperando mi primer bebe.

El plan era quedarnos y tener este bebe aquí en este paraíso con la última plata que teníamos.

Costa Rica en este época (1982–1983) era el país mas barato de todo Centroamérica. Un casado eran 30 colones, una noche en hotel eran 30 colones para los dos.

Me recuerdo que en Puerto Viejo no se podía cambiar un billete de mil colones. Si nosotros llegabamos con billetes de mil para pagar algo, no habia cambio. Ni en el hotel, las pulperias, nadie tenia cambio para mil colones. Para cambiar mil colones había que ir a Limón.

Con eso quiero decir que la gente aquí no tenía plata. Todo era en el pueblo mismo, y mucho era de trueque. Los hombres en la mañana fueron a sus fincas, porque cada familia tenía finca y cada familia tenía varios hombres que fueron todos los días a su finca. Y en las tardes volvían con las cosechas de la finca. Mientras otros iban al mar, y traían la cosecha del mar.

Uno cortó un cerdo y trajo carne de cerdo, el otro trajo yuca, el otro plátano, el otro frijol, el otro arroz. En esa época todo el mundo sembraba maíz, arroz, frijoles, algo que ya no se ve.

Puerto Viejo, 1983. Cruce Parquecito y Dancehall Maity, hoy Hotel Puerto Viejo. Foto por Michael Gayek, contribuida por Christina Zingrich.

Había los jóvenes, los niños, que estaban más como en Puerto Viejo y alrededor, cosechando las frutas de los árboles que había por allí. Y así todo el mundo traía cosecha de todo lado. Después en Parquecito era el lugar de trueque. Yuca por carne, pez por yuca, Ñampí por plátano, arroz por frijoles. La sociedad vivía mucho así.

Me recuerdo que había un señor se era muy, muy apreciado de todo el mundo. Tenía una pequeña pulpería, y tenía un carro — un carro de esos que se caían las puertas, pero tenía un carro. Todo el mundo lo quería mucho lo apreciaban y lo respetaban mucho. Cuando había conflictos en el pueblo se fueron a buscar a ese señor para ayudar en aclarar el conflicto. No sé si él tenía una posición en la comunidad. También con su mujer tenía una pulpería pequeña.

Había la pulpería del Chino, y había una pequeña verdulería. Había otra tienda en la parada de buses de un señor, Mister Clinton, que compraba todo el cacao. El tenía una oficina, la gente traía el cacao seco, y él le compraba el cacao y después lo revendió.

Para las personas fue increíble, que nosotros íbamos a quedarnos aquí para tener un bebé. Nos preguntaban: “Y de donde usted viene, vivían en una casa?” “Si.” “Y tenían un tele?” “Si.” “Tenían un trabajo?” “Si.” Tenían plata?” “Si.” “Tenían carro?” “Si.” “Tenían una refri?” “Si.”… “Y todo eso lo dejaron para llegar aquí, y querer tener un bebe aquí?”

Para ellos, estábamos locos. Porque todo lo que ellos anhelaban era que venga la carretera, que venga la luz, que venga la tele, que venga la lavadora, que venga todo eso.

Era un pueblo aspirando para el progreso, y nosotros gente joven llegando del progreso al decir “no progresen tan rápido!” Diciendo que mejor no, porque mucho progreso también trae este otro lado.

Nació mi bebe en 1983, julio. Era el primer bebe blanco de Puerto Viejo. Todo el mundo llegaba a ver un bebe blanco. Cuando entramos al pueblo con este bebe, todos llegaban a ver. “Ay, pink! Look how pink he is!” Y este señor que se auto-declaró padrino, lo chineaba este niño. Este señor después murió más o menos en 1986. Se llamaba Mr. Paul, y su esposa Zoila, creo que ella todavía tiene la casa en Puerto.

Paul Rodman en su tienda. Foto contribuida por Glenda Halgarson Brown.

Lo lindo fue que todo el mundo nos enseñó. Los jóvenes llevaron a Smiley a enseñarle como pescar con la cuerda de la playa. A donde están las langostas. Nos llevaron a bucear, a conocer las plantas que nosotros no sabíamos. Vimos la yuca, ya saboreamos la yuca, pero ya conocer la planta era ir a conocer. Yo paseaba mucho con las mujeres que me enseñaron las plantas medicinales, como lo hacían, que hacían con qué, y las plantas como se veían. A mi esposo, los hombres le enseñaron todo del machete, como comprar un machete, cual tamaño para cual brazo, para cual trabajo. Los hombres, Rolando incluyendo, andaban aprendiendo de los hombres.

Estaban siempre muy abiertos. Tal vez se sintieron honorados, que alguien estaba interesados por lo que ellos sabían hacer, y había interés de nuestro lado. “Porque? Que influye la luna? Como influye la luna? Porqué se corta ahora, y porque no después?” Y con mucho gusto nos enseñaron.

Todo eso fue increíblemente bello.