Un crimen mas

Una ficción y reflexión a propósito de la libre impresión 3D de armas

Culver City, Los Angeles. 23:26 hrs.

Es un martes de verano. Una agradable noche templada. Los habitantes de un tranquilo suburbio de la ciudad duermen en paz. De improviso el sonido de un vidrio quebrándose rompe el silencio. — Uno, dos, tres, cuatro, cinco – segundos cuenta la voz de un hombre a volumen casi imperceptible. Ninguna respuesta. Parece que nadie se dio cuenta del incidente. Funcionó atenuar el golpe envolviendo el puño con una camiseta de algodón. El hombre introduce una mano por la ventana que ha quedado despejada después de romper el cristal y abre la puerta de una casa. Entra a la vivienda pisando con cuidado para no lastimarse y no hacer ruido con los vidrios desperdigados por el suelo. Comienza el hurto, con sigilo y rapidez, como tantas otras veces ya lo ha hecho. Se dirige de inmediato al piso de arriba, a la habitación principal. Sí hay dinero, joyas o algo de valor que sea fácil cargar, que no entorpezca su huida, ahí estará.


¡Bingo! Encuentra $1400.00 usd. en efectivo, una tarjeta de crédito, un reloj, 2 anillos de oro, 2 pulseras y 3 cadenas de oro también. Voltea a ver el reloj, sabe que sí existe alguna alarma silenciosa conectada directamente a la estación de la policía ésta se disparó desde que ingresara a la residencia. Los oficiales ya deben estar cerca. Camina hacia afuera de la habitación principal, pero al salir alcanza a ver en la alcoba de enfrente una tableta electrónica. Lo piensa por un segundo. El tiempo es corto, pero debe haber muchas más cosas que valga la pena llevarse. Decide ir por la tableta, la toma y en ese momento escucha el sonido del motor de un auto estacionándose afuera. — ¡No puede ser! – se lamenta el hombre. Tardó demasiado. Guarda todos los objetos robado en la mochila que carga en la espalda y de ella misma extrae una pistola 9 mm. Se recarga contra la pared, detrás de la puerta de la alcoba. Después de un pesado silencio, comienzan a sonar unos pasos que suben por las escaleras. El hombre no tiene tiempo de pensarlo, debe salir, disparar y huir corriendo antes de que llegue la policía. Y así lo hace. Como sombra surge de detrás de la puerta de la alcoba, mira a su víctima quien intenta articular algunas palabras pero, antes de que la víctima termine su frase, el sonido seco de un cañón silenciado y la bala golpeando su pecho lo interrumpen. El ladrón huye del lugar sin siquiera voltear atrás, corre a lo largo de dos cuadras, sube a una motocicleta que previamente había estacionado y huye en medio de la noche, justo cuando comienza a sonar el alboroto de las sirenas policiacas. El hurto fue todo un éxito.

Tras manejar por alrededor de cuarenta minutos el ladrón se detiene en un paraje solitario de la carretera, desciende de la motocicleta y se interna a unos veinte metros en el bosque. Saca el arma y comienza a limpiarla con su misma ropa. La tira al suelo, la pisa tratando de incrustarla en la tierra húmeda y después la cubre con algunas hojas secas que yacían alrededor. Piensa que podría quemarla, pero no tiene ningún líquido inflamable para hacerlo así. -Pero bueno, es mejor que andar por ahí cargando esta pistola- recapacita. El hombre regresa a su motocicleta y se va del lugar. Piensa que las cosas no podían haber salido mejor.

El Segundo, Los Angeles. 9:06 hrs.

Una apacible mañana de diciembre. Un joven de 18 años, alto, fornido, saludable, se prepara para ir a la escuela. Su nombre es Jared, es integrante del equipo de soccer y estudiante promedio. Este es el inicio de otro día común de su vida.

- ¡Jared! –grita una voz femenina. El chico, quien se encuentra a la entrada del colegio, voltea y mira a su alocada y bella novia. Se abrazan y se besan para inmediatamente tomarse de la mano y caminar juntos rumbo a las clases. Ya dentro del salón, imbuido en el barullo usual, ambos toman sus lugares. Algunos alumnos hablan de la película de moda, del concierto que se dará el fin de semana, de la ropa que visten, el partido disputado por los Lakers, cuando el maestro llega a la puerta del salón de clases con una mueca de preocupación en el rostro. Ingresa al salón, coloca sus pertenencias sobre el escritorio y se dirige discretamente a Jared – Ven conmigo por favor -. Ambos salen de la estancia y en el pasillo el maestro le indica: — Te busca la policía en la oficina del director ¿todo está bien?-

Ya en la oficina del director la policía esposa a Jared y le indican que la detención se debe a un hurto cometido hace algunos meses en Culver City. El joven se mostró sorprendido, pero no preocupado. Sólo dijo: – No pensé que me agarraran. ¿Cómo lo lograron? — A lo que el agente de la policía, con gusto, contestó: – Por el vehículo y el arma que usaste. Esa noche seguimos algunos débiles rastros de motocicleta que nos guiaron hasta un paraje en Tuna Canyon, en donde encontramos la pistola. A través de su número de serie pudimos rastrear que se compró en una tienda del boulevard West Magnolia, en Burbank. Acudimos a la tienda y fue fácil identificar al cliente que la adquirió. Resultó ser un hombre mayor, a quien detuvimos por convertirse en sospechoso, pero rápidamente lo descartamos ya que en su momento hizo la denuncia acerca de que la pistola le había sido robada . Luego recordamos que ya habíamos detenido a un culpable de robo a casas en aquella área, así que fuimos directamente a la prisión, con él, a preguntar qué había hecho con aquella arma. Él fue quien nos dijo que tú se la habías comprado en las calles, a muy buen precio. Cuando el arma se ligó a tí, todo fue más fácil —


Ahora contemos la segunda parte de la historia desde otra perspectiva, prescindiendo de un elemento clave el cual será notado al final de la historia.


El Segundo, Los Angeles. 9:06 hrs.

Una apacible mañana de diciembre. En la estación de la policía dos oficiales analizan las pruebas del caso de asesinato en un allanamiento de morada.

— ¿Qué tenemos hasta ahora Rick?

— Únicamente las huellas de las llantas de la motocicleta utilizada por el asesino.

¿Podemos averiguar de que marca son esos neumáticos?

De hecho ya lo hicimos Jorge. Son neumáticos Maxxis para motocicleta Yamaha TT-R125LE. Buscamos a los poseedores de tales motocicletas, en el área son más de 2000 los dueños de ese modelo.

¿Podemos hacer una triangulación más certera?

¿Con las llantas? No.

¿Huellas digitales, huellas de las suelas de los zapatos, pedazos de ropa, saliva? ¿nada?

Desafortunadamente fue muy cuidadoso y no dejó nada.

¿Y que tal con el arma? ¿las marcas de la bala?

— No se puede hacer nada con el arma que encontramos. Es una pistola armada con partes impresas en 3D. El receptor bajo carece de número de serie.

¿Y cuánta gente puede poseer una impresora 3D en este estado? ¡Ahí lo atrapamos!

Aunque cada vez son más, no muchas familias cuentan con una en casa. El problema son los proveedores del servicio de impresión 3D, son muchísimos y no sólo en el área de Los Ángeles, el arma pudo haber provenido de cualquier otro estado y no hay manera de ligarla a una impresora en específico.

— ¿Ni a través del material usado para la impresión?

Esa pudiera ser una opción, pero la mayoría de las impresoras trabaja con base en los mismos materiales. Además no dejan marcas particulares y muy pocos prestadores de servicios colocan su logotipo en los objetos que imprimen.

— ¡Malditas armas impresas! Debe haber una manera de encontrarle…


A través de las dos versiones de la historia anterior podemos notar que el elemento básico que sirvió para atrapar a un asesino “X”, en un lugar cualquiera, fue el número de serie del arma utilizada para cometer el asesinato(en el caso de la primer versión).

El número de serie es una marca única e irrepetible que coloca el fabricante en cada arma que produce (más específicamente en la cámara baja, que es el lugar en donde se encuentra el gatillo y en donde se aloja la bala que será disparada) de tal manera que un número de serie puede estar ligado únicamente a un comprador a la vez, lo cual hace más sencilla la labor de rastreo de cualquier arma cuando se produce algún ilícito con ella. Sin número de serie es imposible saber en dónde se fabricó el arma, en dónde se vendió o quién la compró. En otra palabras, es irrastreable.

Precisamente una de las particularidades de las armas impresas es la carencia de un número de serie.

Tal incapacidad de rastreo de las armas impresas es uno de los primeros dilemas que más inquieta a los legisladores de diversas partes del mundo. Pero el tema no sería preocupante si se prohibiese la fabricación particular de armas de fuego en impresoras 3D, así de sencillo. Sin embargo el gobierno de los EEUU (país en donde se originó esta tecnología) no parece querer tomar el camino fácil ya que, basados en su propia legislación y a través del Buró de alcohol, tabaco, armas de fuego y explosivos (ATF), concedió a Cody R. Wilson (pionero en el tema de impresión de armas en 3D) el permiso federal necesario para producir y comercializar armas diseñadas e impresas por el. El primer permiso de su tipo en la historia armamentística de los Estados Unidos de América.

Pero el futuro escenario propuesto por la aparición de las impresoras de armas de fuego, y de las armas impresas en tal tecnología, es aún más complejo que el tema de la incapacidad de rastreo. La configuración social futura (en lo militar, lo político y lo económico principalmente) se verá grandemente alterada. Eso es definitivo.

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