Todos esperan que algas algo por ellos. Que insistas, que estés ahí para resolver sus necesidades. ¿Quien se creen que son? ¿No sería acaso justo esperar lo mismo de regreso? Sin embargo la indiferencia no basta. Tu papel como amigo perfecto es aplaudir incongruencias, atender u organizar eventos, aguantarte como se desnudan en redes sociales o cualquiera que sea el drama que valide su existencia. Cualquier falla en hacerlo constituye un atentado en las bases morales de la amistad. Pero conforme pasa el tiempo y maduras, crece el conflicto de armonizar las cosas importantes con las nimiedades que voluntaria o involuntariamente tienes que respaldar.

No se trate de ti, cuando necesites escuchar un consejo o compartir un tiempo libre. Las artimañas y pretextos de las “amistades” saldrán a relucir. Desde luego, siempre tendrás la culpa de tener una agenda ocupada o de crear un evento o proporcionar una cita para sacarlos a pasear y verte.

Es así como funciona. Si no atiendes un evento eres considerado el ser más egoísta del mundo. Dos es una declaración de guerra, tres es el fin de la amistad. Tu desinterés es la causa de que te quedes solo.

Los tiempos de los grandes amigos están en crisis. Los amigos de gran mantenimiento son lo de hoy.