DESDE EL CIELO TE VOY A ALENTAR

Por Cherno Aisenberg @cherno07
Dedicado con cariño a mis amigos Mariano y Pao quienes inspiraron este cuento en mi visita a la hermosa Córdoba Capital. Que se repita amigos
Ni la muerte nos va a separar!!!

El hospital de Villa María estaba en silencio como todos los hospitales. Eran casi las 20 hs del 18 de octubre del 2015 y el horario de visitas estaba por terminar. Sin embargo la sala de esperas de terapia intensiva estaba repleta y las enfermeras pensaban de qué manera iban a sacar a toda la gente. Es que el pueblo cordobés ya estaba de luto porque Doña Nélida estaba despidiéndose.

Hace un mes que estaba internada y los médicos habían dicho que no llegaba a octubre, pero algo la retenía con vida, algo no la dejaba partir. No era algo normal, la ciencia y la razón no podían explicar el fenómeno. Mientras los médicos estaban llenos de preguntas, los más allegados no querían moverse del hospital. Sabían que esas eran las últimas horas de Nélida que enchufada al respirador estaba esperando que su nieta le prendiera la tele porque en unos minutos Boca Juniors definía el campeonato con Racing Club de Avellaneda.

Nélida nació en un conventillo de La Boca hace 85 años. Hija de un anarquista muy cabrón y muy apasionado. Don Vitorio trabajaba en el puerto más de 12 hs por día de lunes a sábado. Los domingos, después de los ravioles y la siesta se juntaba con los muchachos de la cuadra y caminaban hasta Madero Sur donde se encontraba la vieja cancha de tablón.

Nélida era la más chica de los 6 hermanos y por eso era la protegida de Don Vitorio. Por eso desde muy chiquita la Nona ya recorría los pasillos y vericuetos de un club que empezaba a ser grande, que había ganado los primeros torneos del profesionalismo y que ya era reconocido en Europa. Sin embargo, la militancia anarquista del padre y la persecución política de aquel entonces obligaron a la familia a abandonar el barrio que la vio nacer. Apenas con 10 años tuvo que alejarse del puerto, de los conventillos y del olor a pescado. Boca estaba por estrenar la Bombonera en Brandsen 805 pero ni ella ni su padre pudieron conocerla. Una pequeña ciudad entre las sierras iba a ser su destino para siempre.

Ocho y diez de la noche, los médicos ayudaban a las enfermeras a vaciar la sala de espera. La familia no quería abandonar el hospital y mucho menos sabiendo que había que ver el partido con la Nona. Mientras su hijo y su nieto entretenían a los médicos, Paula se escabulló por los pasillos de terapia intensiva y se escondió al lado de Nélida y prendió la tele en silencio. Ya estaba la previa de Fútbol para Todos y Paula pudo ver la sonrisa de su abuela detrás de los cables que la conectaban a la vida.

El fútbol no era televisado cuando la Nona recién había llegado a Villa María. Ella había aprendido a descifrar e imaginar el fútbol por la voz de Fioravanti y con 12 años ella ya entendía perfecto hasta la ley del orsai. Se la había explicado Don Vito “si no hay dos jugadores detrás de la línea de la pelota, el centrohals está en orsai”. Vito hacía todo sencillo, pero ella igual se confundía al principio porque por la spika era complicado entender.

Ocho y veinte de la noche y ya estaban dando la formación. Toda la expectativa estaba puesta en Carlitos Tevez. Paula sabía que si Boca ganaba la Nona se iba a despedir del mundo con una sonrisa y también sospechaba que si Boca no sacaba un triunfo su abuela iba a seguir agonizando una fecha más. Por eso, aunque fana de Belgrano rezaba por una victoria xeneize. No podía ver a su abuela así, ella había sido su inspiración. Encima la próxima fecha sería recién dos semanas después por las elecciones presidenciales. Nélida no se merecía dos semanas más. Boca tenía que ganar por ella.

No había sido fácil ser bostera para una mujer cordobesa. El fútbol era solo para hombres y encima en la Docta tenían absoluto desprecio por todo lo que olía a porteño. En el secundario, mientras sus amigas jugaban a la rayuela ella se reunía con los hombres a hablar de fútbol y política. Las mujeres empezaron a hablar mal de ella a sus espaldas y los varones no le perdonaban que no fuera de un equipo cordobés, aunque el peronismo empezaba a unirlos más allá de los colores de la camiseta.

El miércoles 17 de octubre del 45, con 15 años, se escapó de la casa para ir con sus amigos a la plaza de Villa María. Cuando Don Vito se enteró pegó el grito en el cielo. “Papá sos un gorila, los tiempos cambiaron. Ahora el pueblo es bostero y peronista” le dijo ella cuando llegó y se encerró en la habitación. Era su primera pelea con su padre y estuvieron sin hablarse tres días. El domingo a la tardecita Boca jugaba con Independiente y ella despertó a Don Vito de la siesta con el mate amargo y la voz de Radio Splendid. Con el gol del Leoncito Pescia hicieron las paces.

El partido empezó y cortó con la ansiedad de las dos mujeres más futboleras de la familia pero a los 6 minutos un frío corrió por la habitación del hospital. El gol de Acuña había enmudecido aún más y el silencio era ensordecedor. Los bosteros de la familia habían cortado la calle del hospital, habían puesto una tele grande conectada a un generador y llenaron la manzana de banderas azules y amarillas. Era su manera de despedir a la Nona. Tanta gente se juntó a despedirla que hasta había camisetas de Talleres, Belgrano y Racing de Córdoba. La familia había prohibido a los hinchas de la Gloria venir con sus remeras por los colores, pero también había hinchas de Instituto.

La adolescencia de Nélida no había sido fácil. Con el peronismo proscripto ella tenía muchos amigos en la clandestinidad a los que intentaba ayudar. Además, con la Fusiladora Boca no ganaba nada. “Los milicos nos odian papá, está todo arreglado. Acá tiene que volver el General. Es el único que puede sacarnos campeón”, le decía a Don Vito que de a poco y por el amor a su hija se iba haciendo cada vez más peronista. Pero la década del 60, entre milicos y radicales Boca volvía a ser Boca y la Nona ocultaba sus posters de Evita detrás de los de Rojitas y el Rata.

Ya casada con un pirata, y con un fútbol que seguía siendo terreno masculino, le costó mucho a Nélida que su familia fuese bostera. Aunque el pacto con sus dos hijos varones fue muy claro. “Si Belgrano no está enfrente, todos gritamos los goles de Boquita”. Hasta Oscar, su marido, ha gritado más de un gol xeneize, especialmente los que le hacía a los tallarines en aquellos Nacionales.

El tiempo pasaba, Boca jugaba mejor que La Academia pero no la podía meter. Los nervios de las dos iban aumentando y Paula se sentía responsable por la angustia de su abuela. Para qué tener la tele prendida. Pero a los 23 minutos El Joni Calleri la mandó a la red con un jugadón de Tevez. Desde abajo se escuchó el grito de gol que sepultó el silencio del hospital. Hasta algunos enfermeros se habían unido al grupo que mientras miraba el partido ya comía unos choris de una parrilla improvisada en medio de la calle. Hasta el día de hoy Paula asegura a sus hermanos que antes que Joni patee la Nona le había agarrado tan fuerte la mano que hasta le había dolido. Calleri pasó a ser un ídolo familiar y Tevez era tan grande como Perón aunque no podían decírselo a la Nona.

Ella no podía enojarse con Perón. No lo había hecho ni cuando echó a los imbérbes de la plaza. Sus hijos decían que Nélida se estaba poniendo vieja y burguesa y por eso le perdonaba todo al General. Incluso decían que ese era el problema del movimiento, que se estaba aburguesando. “Mamá ya hay muchos gallinas en el gobierno del General” le decían los hijos para hacerla calentar. Pero a ella no le importaba nada, era fiel a su General y fiel también al equipo del Toto que había ganado las primeras Libertadores.

En esa época, la Nona estaba enamorada del Loco Gatti y le decía a su marido que por él era capaz de dejar a su familia. Pero un día el arquero hizo de las suyas. Un tipo que le gustaba calentar los partidos y en una previa se la agarró con un pibito del Bicho que recién arrancaba pero que ya era la promesa del fútbol argentino. Gatti dijo que el pibe era un gordito y el “gordito” le clavó 4 pepas en la Bombonera. Oscar, con sus celos a cuestas, gritó los 4 goles de Maradona y Nélida no le habló por una semana.

Iba terminando el primer tiempo y el 1 a 1 mantenía las esperanzas ya no solo de la Nona sino de medio pueblo de Villa María que ya estaba congregado en la puerta, pero a menos de diez del entretiempo el árbitro fue el único que vio una mano del Cata Díaz adentro del área. Penal y roja directa por último hombre. “Laverni la puta que te pario” gritó tan fuerte Paula que ni se dio cuenta que a su lado su abuela se moría de los nervios. El médico entró corriendo, estabilizó a la abuela y apagó la tele.

Paula estuvo discutiendo unos minutos con los enfermeros de turno que querían echarla de la pieza, pero logró convencerlos. “Diego nos apagaron la tele. Me quedo con la abuela. Por fa, manda data por acá”, le escribió Paula por guatsap a su hermano. La tensión no había abandonado la habitación. Además el silencio de la calle hacía pensar lo peor. Penal para Racing y Boca con 10. Todo indicaba que no había campeón esa noche.

Metropolitano 1981

Mucho sufrimiento había pasado la Nona con Boca. En ese momento Paula se acordó que su viejo le había contado que el día que nació su hermano, el primer nieto de Nélida, ella había llegado tarde a la clínica. El equipo de Marzolini salía campeón con aquel “gordito” del bicho como figura indiscutida y ella no se quiso perder la fiesta. Lo vio todo por la tele en blanco y negro. Por eso llegó a la clínica medio borracha y con un babero azul y amarillo. “No se puede llamar de otra forma. Gracias Diego Armando, naciste con el pan bajo el brazo” dijo la abuela ni bien llegó.

El segundo tiempo fueron los 45 minutos más largos de la vida de Paula y también de Nélida. Ambas sabían que si Boca no ganaba, la vieja iba a seguir sufriendo dos semanas más. Era testaruda la Nona. Pero abajo también sabían que la Nona merecía descansar en paz, por eso cuando se terminaba el partido y Saja se acercaba al área bostera para patear el segundo penal, Diego le pidió a la manada que pase lo que pase gritara bien fuerte para que se escuche hasta el piso 12 donde Nélida esperaba una señal. Fue el único gol contra Boca que la familia pirata de Nélida había gritado en toda la historia. Paula miraba el celular “perdimos Pau. 3 a 1 y faltan dos, pero hacelo por la Nona”.

Pau miró a la Nona y la vio morir con una sonrisa. Para Pau fue una noche dolorosa por partida doble. No se podía perdonar a si misma haberle mentido a la Nona en su lecho de muerte, por eso sabía que algo tenía que hacer. Dos semanas después el templo del fútbol estaba listo para la fiesta. En el entretiempo y con el partido liquidado, desde la platea alta se vio una lluvia de cenizas y una bandera azul y oro que decía “Desde el cielo te voy a alentar”.

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