
Insomnio
Es otra noche de Agosto en mi vida, y ya son las tres menos cuarto de la madrugada aproximadamente. La noche en las casas de barrio y en un dia martes dan paso a un silencio de entierro y yo ya tapado hasta el cuello con mi pijama ridiculo de cuadros como armadura, despierto y sé que el ya esta conmigo.
Despierto en mitad de la oscuridad, como siempre, con pesadas ojeras, silencioso y observador, rodeado por imágenes confusas además de la callada y distante compañía de la luna que me observa desde mi ventana, aun así y de casi manera rutinaria además de amarga lo veo apoyado en el marco de mi puerta, sonriendo de manera burlesca casi haciendo una especie de parodia al gato rison de Alicia.
Lo veo, reposando en el marco, siempre tan elegante, un sombrero, una camisa blanca perla con un moño y un saco negro, pero no del mismo color que la oscuridad de mi habitación si no de uno que se puede distinguir, unos pantalones que hacen juego con su saco y unos zapatos brillantes y bien cuidados. Es un sujeto alto y delgado, y es confuso porque me invita a dar el prejuicio de que es un hombre muy mayor pero al mismo tiempo con demasiada energía, su sonrisa da paso a una dentadura muy blanca y ahí está mirándome, esperando.
Han pasado tantas noches ya, que su compañía es casi esperada, unos minutos de retraso o algunos con anticipo pero siempre segura, lo veo y hago gestos de molestia, nadie mas que solo el y yo en esa sala, entonces como cualquier otra noche me levanto en la oscuridad sin iluminación alguna, pues algo me dice que eso arruinaría su imagen, voy a la cocina y gracias a la luz de la luna que es fuerte, preparo dos cafés y lo invito, ambos nos sentamos y así comienza mi charla con el Sr. Insomnio.
