Florece la sencillez.

Comparto un cigarrillo con el viento, solo el entiende lo que siento, no somos grandes amigos aún así tomo asiento, es bueno abrir el alma si te escuchan en silencio.

A su partida llega mi amada lluvia, me gusta llorar a su par para disimular la tristeza que traía, es difícil saber si yo no le importo o en el fondo me oía, lo lindo de ella es que al irse con mi tristeza me deja con el sol que salía.

Alguien me enseño a adorarlo como un dios, disfruto pensar en Inti y decir que con los Incas al sol compartimos, aunque amo su luz prefiero el atardecer a lo lejos, ver el cielo pintado de lila, rosa y mi preferido el anaranjado.

El pasto mojado por el rocío me hace picar, esa fina lluvia a cierta chica me hace pensar, me detengo y me pregunto si su nombre sabrá amar, si comprenderá la hermosura de la flor que moja al pasar.

Volteo a imaginar con las nubes, no sé si vienen o si van solo sé que a ellas te subes, montas su fragilidad y sueltas riendas a no saber que ves, puedes ver una bella pintura o la sonrisa de mil madres, con ellas tu eliges.

Antes que se vaya le pedí al viento que por la noche el cielo deje despejado, de a poco veo la sonrisa iluminar el pasto aún mojado, con ella vienen miles de luces que te hacen olvidar que alguna vez estuviste enojado.

Le han otorgado tantos amantes en su vida, quisiera hablar sobre su soledad, su pasado, sus lunares o si ha sentido irá, olvidó todo cuando hace sentir que dentro de mi vibra, nos conocemos solo de vista aún así conoce mi alma.

Hay tanto amor que los distraídos no ven, si ayer la vida no te sonrió y en tus ojos llueve, mira hacia arriba, a un costado o donde pisan tus pies, hoy las riquezas las ofrece la sencillez.

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