El vuelo de Soler


El conservador Juan Soler vio en la crisis del 2011 la ocasión idónea para conquistar el Ayuntamiento por la derecha, después de décadas de gobiernos progresistas

Juan Soler durante el cierre de campaña del PP de Getafe

El Partido Popular de Juan Soler consiguió en las elecciones del 2011 lo que su partido no había logrado en los años de Transición y democracia española: la alcaldía de Getafe. No porque la gaviota azul no lo hubiera intentado antes, pero tampoco porque Soler y su equipo le pusieran gran entusiasmo a la siembra de propuestas y mejoras. La situación le fue dada y le bastó con abrir un poco las alas, lo suficiente como para levantarse unos metros del suelo, y, como ocurrió en tantos otros lugares de España, el voto se consumó como castigo a la gestión socialista del gobierno de Rodríguez Zapatero (2004–11). Y Soler voló.

Desde las primeras elecciones municipales en democracia que se celebraron en España el 3 de abril de 1979, Getafe había sido un bastión de la izquierda en cualquiera de sus manifestaciones. Aquellos primeros comicios alumbraron un empate a 10 entre el Partido Comunista de España (PCE) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). De lejos los seguían el partido del gobierno, la Unión de Centro Democrático (UCD), con 5 concejales; y, con 2, la Organización Revolucionaria de los Trabajadores (ORT), de ideología marxista-leninista.

Así, de los 27 miembros que componen el pleno local, 22 eran de izquierda y solo una formación –la UCD de Suárez– representaba entonces la corriente de centro-derecha en un municipio tradicionalmente obrero, reivindicativo, donde el activismo social y revolucionario y la organización vecinal han sido clave en su desarrollo.

En las elecciones de 1983 el panorama dio un vuelvo: el PCE pasó de los 10 concejales a los 3, y el Partido Socialista recogió el voto de los comunistas hasta hacerse con casi todo su electorado; consiguió 19 concejales y una abrumadora mayoría absoluta que le permitiría hacer y deshacer durante la legislatura con Pedro Castro, alcalde durante seis mandatos. La derecha, que cambió la UCD por la Alianza Popular (AP), heredó los 5 concejales que en la anterior convocatoria alcanzó la Unión de Suárez.

El PSOE volvió a ganar en 1987 (14 concejales) frente a los 5 que consiguió Izquierda Unida y los 4 que conquistaron Alianza Popular y el recién nacido Centro Democrático y Social (CDS), también de Suárez, que se hizo con votantes de la izquierda tradicional más moderada y de AP, que perdía un concejal.

Y desde 1991 la situación se mantuvo hasta el 2007: tres fuerzas políticas que mantienen su puesto en el podio y el único interés reside en saber quién pierde o gana representantes locales. En 1995, la formación popular –bajo las siglas PP desde los comicios anteriores– se hizo con 9 concejales (11 el PSOE y 7 IU); en la convocatoria de 1999, la derecha mantuvo a su electorado pero los socialistas captaron votos de IU, que perdió 4 representantes. En el 2003, PSOE (13), PP (10) e IU (4) y en el 2007, cuando se dio, sin saberlo, el último gobierno de izquierdas, el PSOE obtuvo 13 concejales, el PP 11 e Izquierda Unida 3.

La crisis, el detonante
En esa legislatura empezó la “desaceleración económica” –rebautizada luego como una crisis–, Zapatero sacó las tijeras para “ajustar” el gasto público en servicios públicos, aparecieron unos supuestos brotes verdes que algunos hoy siguen buscando, el 15M salió a la calle asegurado que “no nos representan” y la maniobra de señalar a los socialistas como únicos responsables del descalabre caló en toda España. Y también en Getafe. El 22 de mayo de 2011, el Partido Popular de Juan Soler, hijo predilecto de Esperanza Aguirre, fue la fuerza más votada en el municipio y contribuyó, como tantos otros, a teñir de azul la Península, Baleares y Canarias. Como no logró la necesaria mayoría absoluta (14 concejales), pactó con UPyD para que la formación magenta se abstuviera en la sesión de investidura y poder gobernar en solitario y que no se diera un gobierno entre PSOE e IU (9 y 3 concejales, respectivamente) que pudiera arrebatarle el sueño soñado.

Soler levantó el vuelo a hurtadillas y echó a volar después de varias décadas en las que su formación, o las que le precedieron con los mismos principios, no habían dado con la clave que les permitiera gobernar. En el PP de Getafe decidieron esperar hasta que las condiciones fueran las propicias y el ambiente estuviera agitado. Esperaron a que la desafección generalizada por las políticas antisociales de la propia izquierda sembraran el desconcierto y empujaran a un electorado enojado a las urnas para votar “el cambio” que proponía Soler.

La participación de los getafenses en las municipales del 2011 superó el 70% (85.381 votos), la abstención la hicieron suya 35.047 ciudadanos y los votos en blanco y nulos sumaron 3.555. La derecha de movilizó y el PP alzó el vuelo, inestable, en un contexto perfecto para captar la rabia, bien extendida, hasta acabar esta legislatura con escándalos que relacionan al alcalde con la Operación Púnica (la empresa Cofely le pagó un viaje a París), dietas desorbitadas por las calles de Madrid (hasta 150.000 euros entre 2012 y 2014), presuntas escuchas a empresarios y políticos y presupuestos de emergencia social, para el empleo o la igualdad que quedaron en un cajón durante el 2014, según las cuentas del propio Ayuntamiento y su complicadísimo portal de Transparencia.

Un pacto tripartito entre las formaciones de izquierda arrebataría el gobierno a los populares, que, ni pactando con Ciudadanos podrían frenar la operación progresista

El domingo 24 de mayo Soler quiere seguir volando. Las encuestas le otorgan el primer puesto, aunque sin mayoría. Un pacto tripartito entre las formaciones de izquierda arrebataría el gobierno a los populares, que, ni pactando con Ciudadanos podrían frenar la operación progresista. Las organizaciones vecinales también se han movilizado desde antes de la campaña, al margen de otras formaciones políticas de unidad popular como Ahora Getafe, para enumerar los errores del alcalde y los hachazos a “la libertad y la igualdad” que ha dado durante esta legislatura. Y el alcalde conservador, que se resiste a dar los últimos golpes de ala, ha destituido a dos de sus hombres justo dos días antes de las elecciones: José Luis Casarrubios (presidente de la mesa de contratación y concejal de Seguridad) y Manuel Ortiz (portavoz del Gobierno y responsable de Sanidad y Juventud). Perdió la confianza en ellos.

No sabemos si los ciudadanos le retirarán la confianza a Juan Soler este fin de semana. Lo único cierto a estas horas es que alguien volará el domingo por la noche. Si lo hará Soler o la bandada ciudadana y social que pide recuperar el Ayuntamiento, lo conoceremos entonces.