Juan Verde, el grancanario que soñó y pudo

“Creo en el sueño americano porque lo he vivido”


Tuit de Juan Verde en el que da cuenta del momento en que recibió la Medalla de Oro de Canarias

Juan Verde Suárez (Telde, 1971) orientó la brújula de sus sueños con tan solo 15 años y sin intuir bien lo que hacía. Llegó a Estados Unidos “sin saber una sola palabra” en inglés y a los 20 años formó parte del equipo del expresidente Bill Clinton. Desde entonces, este grancanario no ha dejado de crecer, de innovar y de vivir. De hecho, cita la frase de Albert Einstein como lema: “Si quieres resultados distintos no hagas siempre lo mismo”. Está licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y trabaja como asesor económico y político de gobiernos, instituciones y empresas. En su vasto recorrido aparece la codirección de la campaña de reelección del presidente estadounidense Barack Obama y la fundación y presidencia de la Cámara de Comercio Americana en Canarias. Ahora acompaña a Hillary Clinton en su carrera hacia la Casa Blanca. Es autor de “Soñar es poder” (Aguilar, 2013), un libro en el que cuenta cuáles son sus raíces y cómo ha sido su vida hasta llegar al lugar que hoy ocupa. El 100% de la recaudación ha ido destinada a fines sociales como la Obra Social de Gran Canaria. En mayo recibió la Medalla de Oro de Canarias, un reconocimiento que lo llenó “de honor” por demostrar “que cualquier joven canario puede hacer lo que se proponga”.

No dirá que no ha sido profeta en su tierra…
Nadie lo es. Pero es verdad que supone un inmenso honor y privilegio porque tiene mucha importancia para mí. Vivimos con el miedo de que lo que hacemos no repercuta en nuestra tierra, y yo puedo dormir tranquilo porque ese reconocimiento demuestra que cualquier joven canario puede hacer lo que se proponga. No soy distinto a otros. Y no creo en el éxito individual. En mi caso, le debo el éxito a cuantos me han acompañado en todo el camino.

¿En quién pensó cuando recibió la Medalla de Oro de Canarias?
En mis padres, por lo que sacrificaron por mis hermanos y por mí. Ellos representan mi pasado y mi presente. También en mi esposa y mis hijos, que representan mi futuro. De ahí el equilibrio entre las personas a las que les debo mucho y a las que se lo dedico.

¿Cómo llega un chico de Telde a la Casa Blanca?
De la misma forma que llega un chico de Agaete o Maspalomas. La fórmula es siempre la misma: trabajo, pasión, perseverancia y humildad. No hay ningún atajo para alcanzar los sueños. Es un proceso de muchos años, de ir poco a poco.

En un mundo que va tan rápido, donde lo fácil llama la atención, ¿hay alguna clave para conseguir lo que uno quiere?
He tenido la gran fortuna de trabajar con gente que me ha aportado mucho, como Barack Obama, y en él y también en el vicepresidente, hay denominadores comunes: capacidad de perseverar y saber definir cuáles son los objetivos que queremos alcanzar. La gente joven tiene un problema para alcanzar su meta, no por falta de capacidad sino porque muchas veces no sabe cuáles son los objetivos. Lo primero es descartar lo que no nos gusta. Luego luchar, trabajar duro y tener paciencia. Lo que sé es que lo fácil no permanece. El que se hace famoso en Youtube o por suerte no deja legado.

La política americana es un gran espectáculo y exige una logística sin parangón. ¿Deberíamos tomar ejemplo en España de aquel despliegue para nuestro circo particular?
La política en Estados Unidos es distinta, no sé si mejor o peor. Quizá sea porque nuestra democracia tiene solo 40 años. Para mí la clave, y lo que espero que salga de este momento histórico para España, es que estamos acabando con la supremacía de los dos partidos tradicionales que tienen una estructura tan rígida y son tan poco meritocráticos. Necesitan una inyección de frescura, juventud y legitimidad.

¿Y cómo se consigue esa legitimidad?
Con las listas abiertas. El poder lo tiene que tener la ciudadanía y es lo que saldrá de esta revolución política en España. Si algo debemos aprender de los EE.UU. es la configuración de las listas. Cualquier persona, desde un jubilado a una ama de casa, puede presentarse a una candidatura sin necesidad de pedir permiso al partido. De ahí la cercanía y la legitimidad de los políticos estadounidenses, que no le deben el puesto a un partido sino a los ciudadanos que los han votado. Eso tenemos que emularlo y es lo que están haciendo las nuevas formaciones políticas, porque los partidos tradicionales no daban repuesta a los ciudadanos.

Acompaña a Hillary Clinton en su carrera electoral. ¿Qué puede aportarle ella a EE.UU.?
Hillary es un fenómeno político. Con suerte será la primera mujer presidenta de los Estados Unidos y será la mujer con más experiencia de gestión y de política que ha habido. Ha sido senadora, jugó un papel importantísimo en la administración de su marido, fue ministra de asuntos exteriores, y tiene una vida dedicada al servicio de los demás. Eso la hace única y será un modelo a seguir para todas las mujeres, para demostrarles que no hay límites, y creo que apostará por mejorar la calidad de vida de las minorías, de la clase media, de todas las personas menos favorecidas. Eso un presidente republicano jamás lo conseguiría. Es su momento histórico y me entusiasma formar parte de su equipo de campaña.

¿En España tenemos a alguien como Hillary Clinton?
(Ríe). No lo sé. Salvando las distancias, hay gente preparada y con mucho que ofrecer a la sociedad. Lo importante ahora es que aumente la participación ciudadana y cambiar las leyes electorales para que más gente pueda entrar en política y que esto no sea un círculo cerrado. Esto debe ser una profesión en la que la gente entre y salga. Hay muchas mujeres con formación y energía y espero que den el salto a la política y veamos a muchas Hillary.

El mérito es un concepto que no aparece en el diccionario de la Real Academia Española.

¿Y no ha pensando en dedicarse a la política activa en España?
De momento no. En España no vale la pena entrar en política hasta que las cosas cambien. Necesitamos más democracia, que la gente pueda entrar en política sin que lo decida nadie más que los ciudadanos.

¿Ha cumplido lo que en las películas suele conocerse como “el sueño americano”?
¡Sí! (ríe). Creo en el sueño americano porque lo he vivido. Llegué a los EE.UU. sin saber decir una sola palabra en inglés y a los 20 me vi trabajando en la administración de Bill Clinton. No conozco otros países en los que eso pueda ocurrir. Estados Unidos es un sistema con muchas carencias pero lo que funciona, funciona muy bien. Es un sistema de méritos, y este es un concepto que no aparece en el diccionario de la Real Academia Española. En EE.UU. solo importa el talento, no de dónde vienes o cuánto dinero tienes.

Los canarios sufrimos de complacencia, creemos que somos el centro del universo.

Estando tan alto, ¿qué cables a tierra tiene?
Hagas lo que hagas, todos somos seres humanos y lo importante es llegar a casa al final del día y reflexionar. La popularidad, la imagen tal y como la entendemos, no da la felicidad como sí hacen los valores o la familia, que es quien me da las raíces: mis hijos, mis padres, mis hermanos. Ellos son mis raíces, son los que me acercan a la superficie y dan sentido pleno a mi vida. Llevar a mis hijos al colegio, estar con los animales… Eso tiene valor.

¿Cómo compagina su vida personal y laboral?
¡Haciendo malabares! (ríe) Es complicado. Casi todas las semanas tengo que viajar pero es cuestión de organización. Además con las nuevas tecnologías se pueden gestionar equipos desde la distancia. Lo importante es el equilibrio entre la vida personal y profesional.

¿Qué le ha aportado la experiencia de vivir fuera?
Salí de Canarias a los 15 años y me expuse a otros idiomas, a otras formas de entender la vida. Solo puede ser enriquecedor. Los canarios sufrimos de complacencia, creemos que somos el centro del universo, y sí es verdad que Canarias es de lo mejor que hay, pero no es lo único. Lo mejor es salir fuera, olvidar los prejuicios, tener una mentalidad abierta, y eso solo te lo da el viajar. El tiempo te puede devolver a tu tierra para devolverle el conocimiento.

¿Qué espera el futuro? ¿Dónde se ve?
Me he reinventado una y otra vez. Pero me veo luchando por mis objetivos, por mis sueños, y con mi familia. Me da igual el lugar. La clave para el futuro de las personas, de las empresas y las instituciones pasa siempre por la innovación, entender que las cosas no se pueden hacer siempre igual. Esto implica dejar el trabajo el que estoy porque no me hace feliz y buscar otras cosas, redefinir los objetivos, no tener miedo al futuro. El cambio siempre es bueno.

¿Quién le enseñó que soñar es poder?
La semilla la sembraron mis padres. Unos jóvenes que montan una empresa en los años 60 a partir de la nada. Es una historia de superación. Pero no es lo único. Es un combinado de experiencias que hinchan esa creencia personal de que todo es posible, de que depende en gran medida de ti y del esfuerzo, de la perseverancia y la ilusión que pongas.

Entrevista que realicé para la revista Moka Magazine (junio 2015).