Lo que no podemos saber

Reflexiones sobre el problema de inducción (Hume) en el campo de las ciencias puras

Hace ya algunos años que de forma célebre el entonces máximo responsable del Pentágono, Donald Rumsfeld, se adentró en la filosofía del conocimiento afirmando: “está lo que sabemos que conocemos, las cosas que sabemos que no sabemos, y por último esta esa tercera categoría de lo que no sabemos que desconocemos.” El deseo de saber es poderoso; un elemento fundamental en la programación de la psique humana. Comprender como funciona el mundo, dice Aristóteles en su Metafísica, constituye una necesidad humana básica. En el campo del saber es la reina: algo es científico cuando es comprobable a partir de demostraciones, utilizando (o no) las matemáticas, y con el soporte de ciertos axiomas, lo más simples y lógicos posibles. Pero su reinado no lo abarca todo. Explorar los confines del dominio científico es la propuesta que nos hace el matemático inglés Marcus du Sautoy en el completísimo libro Lo que no podemos saber (Acantilado, 2018).

Se trata de un texto apasionante que repasa cada una de las fronteras en los principales ámbitos científicos: física, química, biológica o matemáticas. A través de ejemplos y las grandes contribuciones científicas de la historia, el libro repasa de manera amena y solvente en qué ha consistido la revolución científica y en qué consiste, en definitiva, aquello a lo que nos referimos como ciencia. En cada uno de estos frentes, du Sautoy repasa de manera sucinta la historia de cada una de las ramas del saber para luego invitarnos a reflexionar sobre algunas de las preguntas que aún quedan por resolver: desde conocer los orígenes del universo, el análisis nuclear (del todo) de la materia, los misterios que sigue albergando nuestro cerebro (un universo en sí mismo dentro de nuestro cráneo), o cual es el verdadero significado del tiempo.

No únicamente se trata de abordar estas preguntas, sino, y aquí esta el quid de la cuestión y el gran interés del libro de Sautoy, si en el futuro podrán o no ser contestadas. Elementos como la Teoría del caos, –quizás el límite más científicamente tangible a nuestra capacidad de comprensión de sistemas complejos–, el Principios de incertidumbre, o las tesis por las cuales los científicos debaten sobre como el simple hecho de observar modifica la realidad observable, son solo algunas de las cuestiones que desde un punto de vista científico y filosófico nos invitan a la reflexión sobre nuestros propios límites epistemológicos.

El libro de Du Sautoy, en definitiva, aborda el viejo problema de inducción que formuló David Hume en el siglo XVIII, luego ampliado por Popper en el siglo XX e incluso refinado por Nassim Taleb en el XXI (autores en los que también se apoya Du Sautoy). Du Sautoy, matemático, y por lo tanto científico en el ámbito en el que de forma más pura se puede trazar la línea entre lo que sabemos y lo que no, sobretodo si lo comparamos con cualquier ciencia social, nos recuerda el carácter provisional, sospechosa en expresión popperiana, de la verdad científica.

Este principio de prudencia es especialmente importante en un momento en donde la aceleración de la tecnología y la ciencia ha favorecido un entorno en donde el número de preguntas a las que no tenemos respuestas crece a una mayor velocidad incluso que nuestra propia capacidad de descifrar los entresijos del Universo. Laplace, uno de los genios científicos más notables del XVIII, afirmo en su lecho de muerte: “Lo que sabemos es poco, lo ignoramos, inmenso”. Un sano escepticismo científico en el ámbito de las ciencias puras que contrasta con la actitud cientifista que demasiadas veces caracteriza ciencias sociales como la economía o la sociología que por la naturaleza aviesa del objeto que pretenden analizar (la acción humana), deberían ser aún más prudentes que sus primas hermanas las ciencias puras. Libro para disfrutar y aprender que de eso va en definitiva la lectura.