Construir espacios que nos den sentido.

(Texto original de septiembre 2015, publicado en el libro colectivo Jaguaridad. Nuevos atajos y otros caminos hacia la participación colectiva, coeditado por el @CCDmx y @Ambulante)

Este texto se asume como resultado de varias complicidades que surgen de la acción en red y de la introspección colaborativa. Es la suma de muchas voces puestas al centro, de aprendizajes compartidos que resuenan en la experiencia propia. Este texto se vive frente a dos momentos: ante una abrumadora incertidumbre previa y ante una realidad consumada que se comienza a sembrar en el escenario postelectoral de 2015 en México. Es en los enlaces entre estos dos momentos donde las mismas ideas se apropian de un nuevo significado, a partir de los escenarios de lo logrado, de nuevas posibilidades y aperturas que posibilitan vías inéditas para ocupar espacios de incidencia, de articularnos para actuary entonces cosechar las victorias de lo insólito.

Aquí se intentan rescatar los lazos entre lo vivido este año en el equipo de Wikipolítica Jalisco y las ideas que alcanzaron a emerger en el experimento de puesta en común ininterrumpida que fue Ambulante Ideas 2015 en Oaxaca, donde se fraguó una cierta combinación alquímica entre personas a la vez muy diferentes y de gran corazón.

Quienes participamos veníamos de muy distintas batallas. Por todo el país resulta tangible el cúmulo de rencor y desesperanza. En la mayoría de los sitios esto ha derivado en una apatía que aletarga nuestra memoria histórica, y en algunos otros ha desencadenado esfuerzos por desactivar toda imposición ilegítima en las instituciones.

Ilustración por Juanpablo Avedaño.

Lo que nos envuelve es esa violencia sistémica, los mismos acontecimientos que ya hemos visto incontables veces. Nos han querido acostumbrar a un sistema roto, ese que promete representarnos pero deja toda decisión en unas cuantas cúpulas de poder mientras nos excluye y nos ignora. Es ese sistema que nos subestima con discursos vacíos y estrategias de desinformación, el que se favorece de la pobreza, que nos imposibilita para actuar al cerrar los canales de incidencia y fortalecer narrativas de la derrota e impotencia; ese sistema que desconfía de su gente, que nos infunde miedo y que nos reprime.

Es el mismo que nos vende una falsa lucha contra el crimen, que por encima invierte en la sofisticación de la violencia y por debajo se mantiene coludido en negociaciones sospechosas. Es ese sistema que permite que nos mientan a la cara al hablar de transparencia y versiones oficiales, que nos oculta información, que nos roba, que secuestra nuestra identidad y nuestro cuerpo. Es ese sistema moldeado por la partidocracia mexicana, que ha llevado los principios democráticos a su máxima perversión, a una inoperancia cínica.

Desde este escenario tan desolador partimos al encuentro en Oaxaca. Ante una crisis de representación tan severa y tan violenta lo que toca hacer, como recomendó Marina Azahua, es detenerse a observar, ponernos “en el centro del huracán para poder ver con calma”, como también lo ilustraba Suzzana Molina en esa sala que albergaría tantas discusiones. Lo que toca es buscar esas posibilidades no previstas o consideradas como imposibles. Si existe de manera generalizada una “incapacidad de imaginarnos escenarios posibles de construcción”, como apuntaba Gabino Rodríguez, hoy toca buscar esas formas de articulación donde podamos descubrir juntos las vulnerabilidades de ese sistema opaco y cerrado, que nos pueden permitir identificar ese hack, esa pequeña rendija por la que podemos entrar para después ensancharla hacia un umbral cada vez más amplio, donde quepan más voces, donde las personas se pongan al centro.

Christiane Burkhard nos leyó palabras de su libro En Camino Taanuxiimbal: “Llegar al final significa explorar el borde”, explorar esos muros que parecen impenetrables. Desde las leyes que regirían las nuevas candidaturas independientes para el proceso electoral de 2015 en México, se plantearon posibilidades deliberadamente desventajosas. Un movimiento estratégico para cumplir con su legislación y a la vez hacerlas inoperantes de origen, para así mantener las decisiones concentradas entre las mismas manos aun con la entrada de nuevos actores al escenario político.

Las personas debemos escribir nuestras propias historias, “cimentadas en nosotras, entendidas en un tejido y no como realidades absolutas. Destilar historias compartidas y hacerlas fuertes”, concluía Alfonso Díaz cuando todos nos sentábamos por primera vez bajo el mismo árbol. “Tenemos procesos indentitarios fragmentados y muchas veces nuestra historia es esa fragmentación”.

Imágenes por Juanpablo Avedaño, Delia Martínez, Luna Marán, Pablo Domínguez Galbraith y Lourdes Gil Alvaradejo.

Fue en esta construcción de lo colectivo, desde el centro de las personas, donde cobró sentido eso que Jaime Martínez Luna identificaba como “lo nuestro: el respeto, el trabajo y la reciprocidad”. Mientras nos refugiábamos de la lluvia con una taza de café, nuevamente sentados en círculo, Jaime aseguraba: “lo único que tienes como propiedad es tu movimiento, tu participación”, que debemos entender a las personas como resultados, “como un nudo de relaciones en el tiempo y espacio”.

Demasiadas resonancias. Es impactante la cercanía entre las ideas vividas desde la comunalidad en la sierra de Oaxaca y los valores nucleares de las comunidades de software y conocimiento libre que nutren lo esencial del proyecto político de Wikipolítica. “Reconocer al ser constructor en colectivo”, es como Jaime Martínez Luna definió ese modelo de trabajo horizontal, donde se crea “una atmósfera muy particular” que sólo produce la colaboración, había apuntado Mónica Nepote. Jaime afirmaba que “no podemos partir de la perfección porque no existe; se construye”, así como se apilan iteraciones en un repositorio de código abierto. En esas contribuciones al centro, Jaime identificaba el gran valor del tequio, depositado en la enorme labor de facilitar una organización entre las personas sobre lo público.

“La política se construye en el disenso. Existe cuando algo no es parte”, concluía jaime, y con eso sembraba uno de los procesos más enriquecedores de este experimento colectivo. “Las cosas que se nombran son las que pueden ser compartidas”, argumentaba Gabino mientras Pablo Domínguez invitaba a “cuestionar las estructuras dadas”. Fue aquí donde se detonó un ejercicio de plena honestidad, que encaraba los conceptos y cuestionaba el grado de concordancia en nuestras interpretaciones personales. Descubrimos en la aparente vulnerabilidad del disenso la oportunidad de acercar más las ideas, de “abrir un diálogo más profundo”, como lo describió Christiane, “nos pone en un lugar de desequilibrio, donde tiemblan los acuerdos aparentes por las diferencias que no se han podido o querido ver”.

Si construimos esos espacios que tienen sentido, si aprovechamos las vulnerabilidades del sistema para posibilitar la inclusión de todas y todos, si nos asumimos como parte de algo más grande que comienza a sembrarse, si defendemos lo que hemos logrado e incentivamos que se replique en otros lugares del país, si nos mantenemos trabajando en red y no nos soltamos, entonces podremos reconciliarnos con esa idea donde los grandes cambios que hemos imaginado aún son posibles.


Descarga el libro completo Jaguaridad. Nuevos atajos y otros caminos hacia la participación colectiva

Jaguaridad. Nuevos atajos y otros caminos hacia la participación colectiva, coeditado por Documental Ambulante A.C. y el Centro de Cultura Digital.