Space Jam es mi Miami

Tengo 10 años y no me gustan los deportes.

Soy gordo, de mente y cuerpo, y mi plan para el verano, mi pasión, es la tele. Encerrarme en el cuarto con la grilla es mi deporte, Nickelodeon es mi equipo. Soy vago y me copan cosas que a mis amigos no, encerrarme en la mía es la única que va. Encierro real, sin sol, lejos de transpirar al punto de no moverme.

La definición es couch potato. Las vacaciones vienen con la quincena obligada en Pinamar, promesa de insolación y privación de cable. Lo único que me saca adelante es Marta. Amiga de la mejor amiga de la infancia de mi vieja, Marta maneja los 2 cines de Pinamar. Para mi familia, ir a ver una película es plan de día de lluvia. Para mi, desde la cabina de proyección, es ir a la cancha.

Se estrena Space Jam y a mi me compraron por el lado de la animación. No se quien es Jordan, todavía. Los 88 minutos que corre la cinta me atrapan para siempre. Compro al personaje, compro al atleta, compro el deporte, y necesito una camiseta de basket. Ya.

Encima es verano, en un par de semanas, me entero de casualidad, es el juego de las estrellas de la NBA. Me hago experto en el tema a medida que pasa el fin de semana. Los concursos de volcadas y triples solo repiten e incluso mejoran lo que vi en una película donde Bugs puede saltar 4 metros. Estos tipos son lo que me prometían.

Flasheo amor por el basket de forma instantánea. El primer amor. Jordan está cerrando su carrera y dicen que en Toronto está el sucesor, pero me la juego por Bryant, otro rookie. Mi primera camiseta, de lo que se te ocurra, es la 8 de los Lakers que tengo puesta ahora mismo. Mi viejo pone un aro en el patio que yo no pisaba nunca. Aprendo a picar la pelota, tiro hasta que es de noche, suena I believe I can fly en mi cabeza. Es un viaje de ida, es mi droga de entrada.

En la adolescencia pegó el estirón más difícil, el mental. Hay un momento a la semana en el colegio donde dejo de ser el gordito que hace reír a la gente. Antes de jugar al fútbol, donde apesto en defensa y meto goles en contra, se juega al basket. Y soy el único que la pica, que la emboca, que sabe lo que es una bandeja.

Si creciste a la par de internet, en la sombra del dial up, tu primera ventana al mundo fue la tele. La NBA en ESPN, lo mejor de la liga en canal 13. Con el deporte venían los atletas, venía la ropa y la banda de sonido. Encima los Beastie Boys sacan Hello Nasty.

La primera vez que fui a la cancha fue a Obras, donde Berugo, mi vecino, laburaba. Cuando me presentó a los 3 dominicanos de 2 metros que habían traído no me dio la cara para decir que a mi me gustaba Atenas, porque Milanesio.

Pepe Sánchez, en Temple, es la cosa más cercana que tenemos a lo que vimos en el cine, a lo que muestra ESPN. Manu seguro vio la misma película que nosotros, cuando empezaba en Andino. Laprovittola tenía 6, hoy está en los Spurs donde Argentina es palabra santa.

A mi el basket, como decía arriba, me abrió la puerta al deporte, a la música, a otra cosa, extraterrestre a lo que pasaba acá, con las camisetas de Racing de Multicanal. Space Jam me pegó el voleo necesario en la cabeza, el que no saque de un viaje que nunca hice, porque mi menemismo no fue el tuyo. Space Jam es mi Miami, mi Disney, mi Epcot.

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