Steve McCurry, el hombre que fotografiaba los colores

LA NIÑA AFGANA

Hacía 17 años había tenido frente a él esa misma mirada, en esa misma posición y a esa misma distancia. Ella le estaba mirando de la misma forma que le había mirado cuando aún era una niña, con su velo encuadrando su cara y el cuerpo girado de lado. Tenía una mirada penetrante. Pero ya no miraba igual. Ella era Sharbat Gula y él Steve McCurry.

Su fotografía es mundialmente conocida, “la fotografía de la niña afgana”, de cuya mirada es difícil despegarse. Una niña huérfana y pobre que vivía en un campamento de refugiados. Tenía 12 años cuando la fotografió, y ahora que estaba de nuevo frente a ella tenía 30. Habían pasado 17 años desde que se vieron, y en ese periodo de tiempo su fotografía había recorrido el mundo entero y provocado la creación de un Fondo para los Niños de Afganistán y el que mucha gente se concienciase sobre la situación de los refugiados. También había provocado el asombro de millones de personas de que existiesen unos ojos así, unos ojos que te atrapan.

Ahora se notaba el paso de los años en su mirada. Había perdido esa inocencia y esa fuerza de alguna manera. Era huérfana y refugiada, y ahora casada y con dos hijas. Las dificultades por las que había tenido que pasar habían borrado su juventud; no debía de haber tenido una vida fácil. Cuando se volvió a reencontrar con ella, una parte de él esperaba que quien traspasase la puerta fuera de nuevo aquella misma niña de 12 años con su vestido rojo. Pero quien entró en la habitación fue una mujer de 30 años con un vestido negro. Aún así, cuando la vio aparecer pensó: “Es ella”. Fue una especie de shock. La había estado buscando y fue en 2002 cuando consiguió dar con ella. Muchas niñas en el campo de concentración decían ser la muchacha afgana de los ojos verdes, pero fue gracias a su hermano que le dijo a Steve el nombre del pueblo al que su familia había vuelto y allí pudo reencontrarse con Sharbat Gula.

Se acordaba de cuando la había fotografiado cuando tenía 12 años. Él se fijó en ella cuando llegó al campamento de refugiados, una pequeña niña tímida de ojos verdes. La luz estaba baja y el campamento atestado de tiendas. Su mirada, inquietante, segura y tímida. Sus ojos, del color verde-mar, parecían los ojos de un animal en alerta, preparado para la huida y para protegerse de cualquier cosa. No se puede escapar a una mirada como esa.

Cuando le preguntan a Steve McCurry cómo convertirse en un buen fotógrafo, él apenas menciona las cámaras, las lentes o técnicas fotográficas. “Si quieres ser un buen fotógrafo, primero sal de casa”. Como su amigo y escritor Paul Theroux dice: “Vete lo más lejos posible. Conviértete en un extraño en una tierra extraña. Adquiere humildad”. Dejar atrás el hogar significa que el fotógrafo tiene que reflexionar, observar y concentrarse en la gente y sus horizontes.

Lo que le gusta a Steve es deambular por los sitios, conocerlos, observarlos, para poder ir fotografiando con la marcha. No tener un plan establecido y un objetivo que deba seguir. La fotografía es el momento y para ello hay que estar en el sitio, atento a cuanto ocurra, observando, buscando el detalle, los rostros, las historias. No tener un itinerario, dejarse llevar y estar abierto a todo lo que se encuentre. Es lo que te permite muchas veces descubrir las cosas más inesperadas y llamativas.


LA TORMENTA DE ARENA

En este caso Steve McCurry estaba en el sitio y en el momento. Cuando tenía 19 años soñaba con viajar por todo el mundo, pero todavía no tenía muy claro el modo. Nació en Filadelfia y en principio se sintió atraído por el cine, hasta que descubrió el arte de la fotografía. Había decidido ir a Nueva Delhi como primer destino donde hacer fotos durante seis semanas. Se quedó dos años. Ahora tenía 34 años y volvía a estar en la India, un país que ya conocía bastante bien.

Estaba en el desierto de Rajasthan en el noroeste del país, conduciendo un taxi en el mes de junio. Es el mes más caluroso del año. La India es el país que tantas fotografías le ha dado. Lo que le inspira para tomarlas es el día a día de la gente: pescadores limpiando sus redes, familias compartiendo sus comidas y celebraciones, nómadas moviéndose constantemente. Incluso las más mundanas actividades pueden ser inspiradoras cuando miras más allá de la superficie, investigas, te hundes un poco.

Es admirador también de Henri Cartier-Bresson y “su momento decisivo”. Ante todo, el fotógrafo tiene que estar ahí en el momento y lugar para poder tomar la foto decisiva, la que marque la diferencia. Es todo intuición; nunca estás seguro de cuándo es y se puede evaporar rápidamente. En ese momento, mientras conducía el taxi, se levantó una tormenta de arena en el desierto de Rajasthan. Steve rápidamente se puso a proteger su equipo de la arena, pero “qué diablos, es el momento. En cualquier momento puedo comprar una cámara nueva pero las buenas fotos escasean.” Cogió la cámara con el primer objetivo que encontró y salió corriendo.

Miró a su alrededor y vio a unas mujeres que habían estado trabajando al borde de la carretera y se abrazaban para protegerse cuando comenzó la tormenta. Steve corrió a través del campo donde estaban ellas. Cantaban una canción religiosa y eran ajenas al hombre que había venido a fotografiarlas. El viento levantaba mucha arena y era difícil ver y respirar; era difícil tomar una fotografía y aguantar al viento. Pero ahí estaba.

Quedó satisfecho. Había sabido aprovechar la oportunidad, su cámara no se había roto y había conseguido una de sus fotografías favoritas. Había sido capaz de transmitir en una foto la sensación de cómo es una tormenta de arena, con una composición y colores interesantes. Los colores es una de las principales características en las fotografías de Steve McCurry. La perspectiva quedaba un poco extraña ya que parece que miras las vasijas desde arriba. “Debo de haber usado un objetivo ligeramente angular”. No lo sabía, había cogido el primero que encontró al salir corriendo.

Lo que hace la buena fotografía es encontrar el tema, el sujeto, el sitio a fotografiar y sacarlo a relucir, ofreciendo un punto de vista diferente y original. A diferencia del escritor, el fotógrafo en su trabajo, una vez que tiene hechas las maletas ya no tiene otra oportunidad para un nuevo esbozo. O tienes la foto o no. Esto es lo que guía y obsesiona al fotógrafo profesional: el ahora o nunca.


MONJES BUDISTAS EN LA LLUVIA

Levantó la vista y una gota le cayó en la cara cerca del ojo. Estaba lloviendo y a pesar del mal tiempo aquel lugar seguía siendo majestuoso. Steve es curioso y apasionado con las otras culturas. La fotografía es una herramienta para acercar mundos lejanos, mundos totalmente diferentes a los que conocemos. Y este le atraía especialmente.

Se sentía abrumado por todo lo que veía y todo lo que le rodeada. Angkor Wat, en Camboya, contenía una de los templos más espectaculares de la tierra y él apenas era capaz de comprender una pequeña parte del esplendor y la majestad de ese lugar. Se sentía pequeño ante tanta grandeza. Había una gran parte que había sido abandonada y estaba descuidado. Quién sabe, a lo mejor estaba descubriendo esculturas que aún eran desconocidas. Muchos de los rostros de las estatuas habían desaparecido con el paso del tiempo y apenas se podía intuir su cara.

Tomó la foto tratando de representar toda esa grandeza y esplendor que tanto le había sorprendido e inquietado. El lugar era increíble y la cultura de los budistas es algo que le atrae y le gusta fotografiar. A pesar de la lluvia y el mal tiempo, los colores resaltan en la foto. Igual que en todas sus fotografías. Hay fotógrafos que fotografían en blanco y negro y otros a color. Steve McCurry muestra el color en cada fotografía suya.


HOLI FESTIVAL

Con 46 años, volvía a estar en la India. En este caso en el Holi Festival que tiene lugar en Rajasthan por primavera. Es un día en el que todo se tiñe de colores, se hacen juegos con ellos y al final del día todos acaban totalmente cubiertos de algún color. Es el momento para Steve McCurry, el fotógrafo de los colores. Y ahí estaba. Disfrutaba de la fiesta que entre otras cosas supone el librarse de los errores del pasado, acabar con los conflictos, olvidar y perdonar. La gente disfruta en la calle y sonríe en un día alegre.

En un momento dado un grupo de hombres pintados de rojo llevaban a uno de verde encima. Creaban un fondo rojo con un elemento central que era el hombre de verde y que resaltaba entre ellos. Era el momento e hizo la fotografía. Tenía el color. Tenía lo cotidiano y lo curioso. Tenía su punto de vista. Tenía emociones (el rostro del hombre que es transportado refleja felicidad, relajación y disfrute) y tenía la composición. Había vuelto a pintar con los colores.


“… acumulan sedimentos de un karez, un canal subterráneo o un antiguo método de riego.” Acaba de terminar su última entrada en su blog. El sol bajo y poco caliente entra por la ventana. Noviembre de 2015. Da el último sorbo a su taza de café que también termina. Le encanta el café, en todas sus formas. Tiene 65 años y continúa tomando fotografías. Y piensa continuar. Esta última entrada la ha titulado “El espíritu de Afghanistán”. Sigue volviendo una y otra vez a esos países que ya ha fotografiado para seguir, seguir aprendiendo, seguir sorprendiéndose.

Tiene una larga historia de fotografías y ha podido presenciar y retratar con su cámara tanto personas como lugares, y tanto actividades cotidianas como conflictos bélicos. Qué curioso, el primer conflicto que cubrió fue en Afghanistán y fue por pura casualidad. Unos hombres que se dirigían a esa zona le invitaron a unirse a su grupo y así entró en el conflicto. Luego consiguió sacar los negativos del país atados a sus vestidos. Fue emocionante y demuestra el poder de la fotografía como medio de información y de influencia. Es increíble el poder del fotógrafo.

Y aún puede acordarse de la primera fotografía que pensó que era una gran foto. Piensa en ella mientras mira la calle tras la ventana. La tomó en México con 22 años y en ella aparecía un hombre durmiendo en la calle. Captó el momento y había recogido lo curioso en lo cotidiano. Se levanta y pasea por su cuarto mientras sigue observando a la gente caminar ahí fuera. Sí, en ese momento había sentido que tenía la foto y esa sensación era maravillosa. Podía decir que ella le había susurrado al oído que acabaría siendo fotógrafo, y con 65 años estaría sentado frente a su ordenador, con su taza de café, recordando sus miles de fotografías a sus espaldas, con un gran reconocimiento internacional y una historia dedicada a fotografiar los colores de la vida.

Marta Pereira de la Infanta


Con este artículo he intentado hacer un retrato del famoso fotógrafo Steve McCurry. No lo conozco y he intentado plasmar sus sentimientos y sensaciones al tomar estas fotografías que él ha explicado en sus libros y entrevistas, pero muchas de las reflexiones las he añadido yo. ¡Espero que os guste!