El segundo encuentro

Gracias a las conversaciones necesarias, se pudieron obtener pequeñas entrevistas a los típicos turroneros, a quienes, como siempre, encontramos acompañando al santo morado.

En medio del agitado trabajo que realizan, la señora Aidé, el hijo de ésta; y don Alfredo, el maestro turronero, pudieron concedernos parte de su tiempo para responder a nuestras preguntas y contarnos su historia y de sus inicios en la tradicional venta de este postre.

Como ambos nos explicaron, el negocio de este turrón se da solamente en una época del año, desde comienzos de octubre hasta finales de diciembre. El negocio en la ciudad es familiar, y se apoyan entre padres e hijos. En Trujillo, son tres las familias más tradicionales y representativas, con más de diez años en el negocio. Pero es el señor Alfredo quien destaca, ya que es el principal distribuidor y maestro turronero, siendo además el pionero de todos ellos.

Como dato adicional nos dijeron que cada familia posee un promedio de cuatro carretillas. Y que en cada salida, venden aproximadamente, 300 turrones por carretilla, lo que les permite recuperar lo invertido además de obtener ganancias.

Pero para ello, se tienen que ajustar a un horario, no solamente basta con acoplarse al horario de las procesiones, sino que deben establecer uno propio por esas fechas. Como por ejemplo, empezar a preparar el turrón, empezando por la masa, desde las 4 am, y dedicarle unas cuanta horas más a su preparación. Luego viene la distribución y la puesta en las carretillas. Ahora ya está todo listo para vender. Al encuentro de la próxima procesión.

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