Dogs (CÂINI. Bogdan Mirica, Rumanía, 2016)

Cuanto más cine veo, más descubro que no tengo ni idea. Sin embargo, lo disfruto igual porque me apasiona el formato y trato de ver películas siempre que puedo. Aunque no sepa nada al respecto.

Acabo de salir de ver mi primera película del #SEFF2016, el Festival de Cine Europeo de Sevilla, que cada vez tiene más peso e importancia internacional. La película elegida, un poco por descarte, ha sido Dogs, un drama rumano de hora y tres cuartos al que yo le recortaría un buen rato.

Una serie de secuencias largas e inertes hasta aburrir se van sucediendo para desvelar una trama de corrupción, mafia, amenazas y tensión forzada y algo incongruente que se torna interesante cuando ya quizá ya es un poco tarde.

La búsqueda de la incertidumbre y el constante estado de alerta en el espectador por la brutalidad y violencia de algunos momentos provoca que a veces la trama no nos parezca sostenible, planteando diversos misterios secundarios que se resuelven en nuestra mente y no en la pantalla.

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