No, la Iglesia no se autofinancia.

Ya saben, la eterna discusión, reavivada por los partidos de unidad popular, de que España es un país aconfesional porque lo pone en la Constitución. Porque un país donde se le otorga la Medalla al Mérito Policial a la Virgen del Amor o tenemos vírgenes que son «alcaldesas perpetuas» de varios municipios es aconfesionalísimo, claro.

Contra lo anterior nadie es capaz de abrir la boca pero luego llega la campaña de la renta y el tema de la financiación de la Iglesia. No hay forma de que la gente entienda que la Iglesia no se autofinancia, que es el Estado quien le da una asignación en los Presupuestos Generales. Y todos los años a explicar lo mismo.

Usemos primero la pura lógica.

Actualmente, la Iglesia Católica recibe un porcentaje de los PGE según el número de personas que deciden cederle el 0,7 % de su IRPF. Esto está regulado en el punto 2 del «Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre Asuntos Económicos»:

2. Transcurridos tres ejercicios completos desde la firma de este Acuerdo, el Estado podrá asignar a la Iglesia católica un porcentaje del rendimiento de la imposición sobre la renta o el patrimonio neto u otra de carácter personal, por el procedimiento técnicamente más adecuado. Para ello será preciso que cada contribuyente manifieste expresamente en la declaración respectiva su voluntad acerca del destino de la parte afectada. En ausencia de tal declaración, la cantidad correspondiente será destinada a otra finalidad.

Y si vamos al punto 5 de dicho Acuerdo podremos ver que:

5. La Iglesia católica declara su propósito de lograr por sí misma los recursos suficientes para la atención de sus necesidades. Cuando fuera conseguido este propósito, ambas partes se pondrán de acuerdo para sustituir los sistemas de colaboración financiera expresada en los párrafos anteriores de este artículo, por otros campos y formas de colaboración económica entre la Iglesia católica y el Estado.

Es decir, si actualmente, 37 años después, la forma de financiación de la Iglesia es conforme se dice en el punto 2, no se ha cumplido el punto 5 y la Iglesia no se autofinancia. Punto.

Pero como muchos siguen creyendo que al tratarse de algo voluntario (nos ha jodío mayo, solo faltaba), solo los creyentes, y no el Estado, financian a la Iglesia intentaré explicarlo mejor. Veamos las dos situaciones posibles en un IRPF.

Juan es un católico practicante de misa semanal al que la declaración ha salido a devolver 100 €. Juan marca la casilla de la Iglesia y recibe sus 100 €. Juan no ha aportado nada a la Iglesia aunque marcó la casilla.

Pero resulta que Juan tiene que pagar 100 € de IRPF. Como ha marcado la casilla, de esos 100 € que no son de Juan, sino del Estado, este ultimo debe darle 0,7 € a la Iglesia, del dinero que le ha recaudado a Juan, del dinero de todos.

A Juan no le cuesta nada. A pero a todos nos sale por un buen pico. La Iglesia espera recaudar este año la misma cantidad que el ejercicio pasado: alrededor de 250 millones de euros.

Eso no es autofinanciación, eso es que el Estado te financia retrayéndolo de la hucha común. Y no voy a extenderme en el resto de concesiones indirectas como la restauración del patrimonio histórico artístico o la cesión sin contraprestación de suelo público.

Algunos dirán que los partidos políticos y los sindicatos también reciben dinero del Estado y que ellos no están de acuerdo con eso. Bien, vale. Primero, que eso aquí no es argumento de nada y segundo, que yo sepa y si no, que me corrijan, esas asociaciones no han firmado un documento donde se comprometen a autofinanciarse.

Así que no, la Iglesia en España no se autofinancia. La Iglesia recibe una asignación del Estado y no ha movido un dedo para conseguir el objetivo de autofinanciarse que firmaron en 1979.

Pero España es un país aconfesional porque lo pone en la Constitución. Claro que sí. Haced así, que tenéis un privilegio detrás de la oreja.

PS: Podrían mirarse en el espejo de los alemanes donde el contribuyente aporta un extra para el sostenimiento de su confesión y si eres ateo, no tienes que pagar nada, por supuesto.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.