Voces de 50 mujeres
El PNUD ha cumplido 50 años y aquí queremos mostrarte cómo trabajamos con las mujeres por el mundo entero para mejorar sus vidas.

Shyamola Begum, de 43 años, comparte su destino con decenas de miles de mujeres en Bangladesh cuyos maridos, presionados por la pobreza y la falta de oportunidades laborales, abandonan a sus parejas.
A pesar de ello, Shyamola ha tomado las riendas de su vida gracias a la ayuda que le brindo el PNUD. Recibió una beca para emprendedoras de Tk 2.500 (alrededor de US$30), que ella complementó con el dinero que había ahorrado haciendo trabajo doméstico, e instaló un pequeño puesto de té. En solo dos meses, las ganancias de Shyamola superaron su propia inversión.
Creando oportunidades de ingresos
Crear oportunidades de trabajo para las mujeres es un componente clave para reducir la pobreza y mejorar la vida de las familias. El PNUD tiene programas por todo el mundo que empoderan a las mujeres proporcionándoles aptitudes laborales, capacitación, y becas que les permiten aumentar sus ingresos y tomar mejores decisiones para sus familias.

Con solo 27 años, Nesrine estableció una granja de caracoles en la pequeña aldea de Boumeftah, Túnez. Arta ahora dirige su propia clínica dental en Macedonia, ha contratado a una enfermera y está pensando en ampliar su negocio.

Aisha, que tuvo que huir por la guerra en Siria, ha descubierto su propia fuerza al participar en una iniciativa de dinero-por-trabajo que la ha capacitado en plomería/ fontanería. Amira, una mujer siria que ha huido a Jordania, se está convirtiendo en la reina local de la reparación de pañales de tela.
En Malawi, Nora ha recibido capacitación para hacer abono con desechos y ahora gana suficiente para alimentar bien a su familia y enviar a sus tres hijos a la escuela.
Ninite perdió su negocio después del terremoto devastador de 2010 en Haití. Tres años después, dirigía una cooperativa de 25 mujeres que crían y venden pollos en la localidad.
Para Fatma, una joven divorciada y madre de dos, la vida cambió para mejor al conocer a la directora de una marca de ropa y accesorios creados por diseñadores de moda reconocidos en Istanbul y manufacturados por mujeres en un taller de costura en el sureste de Anatolia.

Las nuevas aptitudes que adquieren las mujeres y los negocios que establecen ayudan a las comunidades a hacer frente a la pobreza. Y como prueba de ello, hemos recogido las experiencias de Rukhsana (Pakistán), Borka (Bosnia y Herzegovina), Florence (Chad), Thi Tinh (Viet Nam), Kadiata (Mauritania), Sharipova (Tayikistán), Shaimaa (Egipto) y Habiba (Afganistán)

Elena de Paz, sobreviviente del conflicto armado en Guatemala, fue violada por soldados en 1982, cuando tenía 12 años.
Tuvieron que pasar 31 años desde que su familia y comunidad fueron destruidas, hasta que decidió contar su historia. Con apoyo del “Programa de Acompañamiento a la Justicia de Transición”, por primera vez en la historia del país, Elena y otras mujeres del pueblo maya de Ixil han compartido sus historias sobre la violencia sexual a la que fueron sometidas.
Acceso a la justicia y respeto por los derechos humanos
Alcanzar la igualdad de género significa que las mujeres disfruten del mismo respeto por los derechos humanos y obtengan el mismo acceso a la justicia que el tienen los hombres.

Muchas mujeres han sufrido como Elena distintos tipos de violencia. Entre muchas otras sobrevivientes, podemos nombrar a: Julie (República Democrática del Congo), Ligia (Nicaragua), Ana (Croacia) y María (Colombia).
Con el fin de ayudar a crear entornos más seguros para las mujeres y ofrecerles más oportunidades de justicia, el PNUD apoya muchos programas que capacitan a las mujeres para desempeñar funciones de seguridad y asistencia jurídica.
En Sudán del Sur, Alice ha sido testigo de cómo el debilitamiento de la fuerza policial y los tribunales ha perjudicado y victimizado a las mujeres en su comunidad. Tras participar en un programa de capacitación para asistentes jurídicos patrocinado por el PNUD, Alice formó Women Empowerment for Prosperity (Empoderamiento de las Mujeres para la Prosperidad), una organización basada en la comunidad para vigilar y denunciar casos de intentos de justicia popular.
La Capitán Zohra se alistó en la Policía Nacional Afgana. Khadra, de 28 años, pasó a la posteridad al ser la primera mujer nombrada fiscal adjunta en Somalilandia. Um, que vive en la Franja de Gaza, ha roto la tradición conservadora de su comunidad cuando al convertirse en la primera “mukhtarah”, equivalente femenino del mukhtar, persona que resuelve conflictos legales sin recurrir a los sistemas judiciales formales.

Después de ser desplazada varias veces durante el conflicto en Sri Lanka, Dharsha afrontó graves dificultades; pero ahora capacita a organizaciones comunitarias en temas que van desde liderazgo hasta documentación, gestión de financiamiento, y mitigación de conflictos.
Tener documentos de identificación es crucial para las mujeres para tener acceso a los servicios y ser consideradas iguales a los hombres. A los 28 años, Nesma es la principal proveedora de sus hijos y de su marido. Se unió a una iniciativa de ciudadanía en Egipto. “Necesito este DNI para encontrar un trabajo decente y cumplir con mis responsabilidades como madre y esposa. Sin embargo, lo más importante es que lo necesito para demostrar mi existencia como mujer.”

Asimismo, Mónica hizo historia al convertirse en la primera persona transgénero en Nepal que recibió un pasaporte en el que se reconoce su identidad de género diferente al de su sexo biológico.
Sin la documentación necesaria, Basi corría el riesgo de perder su tierra y su hogar en la India. En Uganda, Joyce y otras mujeres crearon la “Iniciativa para el Desarrollo de las Mujeres en los Barrios Marginales”, un colectivo de mujeres locales afectadas por la falta de derechos sobre las tierras.

In Azerbaiyán, Rena trabaja para cambiar la actitud de la comunidad con respecto a las «malas muchachas». En Zambia, Agnes trabaja incansablemente para evitar los matrimonios infantiles. En Brasil, las mujeres se lanzan a la calle para exigir la protección de sus derechos humanos y alentar a la sociedad a valorar la cultura afrobrasileña.
Construyendo democracias sostenibles
En 2013, a la joven Khadija no se le habría ocurrido participar en una actividad política o formar parte de una asociación civil independiente en su ciudad natal de Trípoli. Ese tipo de acciones no sólo estaban prohibidas en el antiguo régimen libio sino que, además, con toda seguridad habrían supuesto una pena de cárcel para la estudiante.
Pero con el apoyo del PNUD, ha podido completar la primera parte de formación como instructora de educación cívica, con la que podrá formar a otros jóvenes en otras universidades libias. “Los jovenes eran el eje de la revolución libia”, dice khadija y añade: “Los jovenes debemos desempeñar un papel central en la transición del pais hacia una democracia sostenible”.
Tanto Amina (Somalia) como Narine (Armenia) participan en sus consejos locales, representando a los residentes en asuntos de gobernabilidad y desarrollo.

Bintou, de más de 60 años de edad, coge puñados de arena para meterlos en bolsas de plástico. Su grupo, formado por las 73 mujeres que trabajan en el vivero, forma parte de un vasto programa nacional dedicado a luchar contra la desertificación y la degradación de las tierras en Nigeria. Tan solo en dos aldeas situadas cerca de donde vive Bintou, estos esfuerzos han logrado el retroceso de 4.219 hectáreas de dunas.
Proteger el planeta y las comunidades
Es sumamente importante que nos involucremos en relación al cambio climático y la reducción del riesgo de desastres. En este sentido las mujeres pueden jugar un papel considerable.

Las mujeres suelen trabajar en la agricultura, sector en el que la adaptación requiere métodos de cultivo compatibles con el clima. Blanquita (Costa Rica) promueve la producción responsable de piña. March, agricultora modelo, fue una de las cinco ganadoras del concurso del Sistema Integral de Producción Agropecuaria en Camboya. Lkbira cultiva plantas sostenibles como el azafrán para proteger el oasis en su región en Marruecos.

Como parte de un programa en Guatemala que mejora la resiliencia en zonas muy castigadas por el clima y los conflictos, Rosaura ha realizado mejoras a su vivienda y ha trabajado en la gestión sostenible del agua.

Mujeres como Hernán (El Salvador) y Cristina (Nicaragua) también trabajan con sus comunidades para proteger las fuentes de agua potable.
Las inundaciones, los deslizamientos de tierra y lodo aumentan en intensidad y frecuencia en Georgia, donde Natela ha aprendido prácticas innovadoras para proteger su tierra.
En Kenya, desde que Rose ha comenzado a utilizar una cocina energéticamente eficiente, su negocio ha mejorado de forma extraordinaria, asi como muchos otros aspectos de su vida. Iris, Carmen, Alnora e Ingrid han sido capacitadas para trabajar como técnicas en energía solar para proporcionar energía a sus comunidades.

Además de mejorar la vida de las mujeres y las niñas, la igualdad de género mejora las perspectivas de las familias, las comunidades y los paises.





