Del recipiente de basura

a la descarga del cuarto de baño

Reciclaje de papel en Madagascar

La naturaleza es esencial en la identidad de Madagascar. Basta con mencionar el nombre del país para provocar discusiones en torno a su vida silvestre, su riqueza natural o su singular flora.

Han sido los orígenes de Madagascar los que le han dado a este país esta especial biodiversidad: el desmembramiento prehistórico de los súper continentes de Gondwana ocurrido hace cerca de 165 millones de años.

La posterior llegada de seres humanos, entre otros factores, han permitido la evolución y supervivencia de miles de especies animales y vegetales endémicas, de las cuales el lémur — un primate ancestral — es un célebre ejemplo.

Un medioambiente bien preservado es esencial para el cotidiano de los habitantes de Madagascar y para el desarrollo económico del país a largo plazo. Más de 18 millones de personas en Madagascar dependen de la biodiversidad para subsistir. El turismo constituye la tercera fuente de ingresos para Madagascar; el potencial que el país tiene para un futuro desarrollo del ecoturismo es enorme.

En la isla de Santa María, los niños van a pescar cangrejos y los venden en restaurantes locales. Foto: Giacomo Dei Rossi/OIM
Los pescadores y las mujeres son capaces de pescar hasta 30 kilos por día gracias a la barrera de coral que protege a la isla de Santa María. Foto: Giacomo Dei Rossi/OIM

A pesar de todo lo dicho, el medioambiente de Madagascar corre serio peligro. El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por su sigla en inglés) informa que, debido a la deforestación, Madagascar ha perdido ya un 80 % de su superficie forestal natural y continúa perdiendo aproximadamente 200.000 hectáreas por año.

Si los bosques continúan reduciéndose de forma tan acelerada, todos los bosques de Madagascar podrían llegar a perderse en los próximos 40 años. El suelo también sufre erosión debido a la deforestación, en tanto que gran parte del agua en la superficie de la isla está contaminada por aguas residuales y otros desechos orgánicos que agravan una situación ya de por si grave.

La OIM en su calidad de Organismo de las Naciones Unidas para la Migración ha estado presente en Madagascar desde 2014, implementando actividades a lo largo de muchas de las áreas de trabajo dentro de la esfera de la Organización, entre las cuales pueden citarse el compromiso de la diáspora, la migración laboral, la lucha contra la trata de personas y la gestión de fronteras.

A medida que el país se ve cada vez más afectado por el cambio climático, la OIM se ha concentrado en el desarrollo de programas dedicados a la migración, al medioambiente y al cambio climático), y también en otros de estabilización comunitaria para comunidades afectadas por la migración e impactadas por la sequía y la desertificación.

La agricultura de tala y quema es una práctica muy difundida en Madagascar y una de las principales causas de la deforestación. Foto: Giacomo Dei Rossi/OIM

Como una de las Misiones más jóvenes de la OIM, la de Madagascar enfrenta el desafío de poner un énfasis especial en la sostenibilidad medioambiental. Entre las iniciativas ya implementadas puede mencionarse el partenariado con la empresa privada SPAH S.A. para manipular y tratar los desechos de papel de la oficina que la OIM tiene en Antananarivo.

A principios del mes de abril, la OIM entabló conversaciones con Nirina Rajaonary, Director General de SPAH S.A., y visitó la fábrica de reciclaje de SPAH S.A. en Ambohimanambola, una comunidad ubicada a cerca de 20 km. al sureste de la capital de Madagascar, Antananarivo. La sociedad ayuda a la OIM a separar sus desechos de papel del resto, que la compañía luego junta y recicla, convirtiéndolo en papel higiénico que se vende en Madagascar.

El Director General de SPAH S.A. y el Jefe de Misión de la OIM Madagascar Daniel Silva durante su visita a la fábrica de reciclaje. Foto: Giacomo Dei Rossi/OIM

La fábrica, incluso su localización, es un espejo de las glorias y de las dificultades del país tras su independencia, y de las esperanzas y compromisos de una nueva generación para trabajar en pos de un futuro mejor, más limpio y responsable.

Antes de que Madagascar se independizara de Francia en 1960, la entonces denominada “Papmad” o compañía de “Papiers de Madagascar” (Papeles de Madagascar), era propiedad de intereses con base en los Estados Unidos. En la década del sesenta, la compañía producía una amplia gama de productos derivados del papel. Muchos habitantes del Madagascar de antaño recuerdan haber escrito sus primeras letras en la escuela en un cuaderno fabricado por “Papmad”. 
 
 El cambio de régimen a principios de los setenta y la consiguiente nacionalización de la economía — de acuerdo con lo cual se introdujeron estrictos límites a los capitales extranjeros y a la tenencia de acciones — dio comienzo a una lenta decadencia de muchas de las industrias locales. Con una porción de tan solo el 15% de la economía, la baja industrialización sigue siendo una importante restricción al desarrollo del país. Gran parte del sector manufacturero se vio afectado, incluso la compañía“Papmad”.
 
 A raíz de esto, incluso hasta la actualidad, muchos bienes de consumo son importados. Productos básicos tales como el papel higiénico provienen sobre todo de China. A pesar de que tales productos son muy livianos, el costo medioambiental para transportarlos sigue siendo alto debido a su gran volumen. Las cadenas locales de producción también son responsables del significativo daño ambiental, especialmente por los productos químicos utilizados para blanquear las fibras de papel que no siempre son descartadas de forma adecuada.

El papel blanco es separado del papel de color para hacer rollos de color blanco y rosado. Foto: Giacomo Dei Rossi/OIM
Foto: Giacomo Dei Rossi/OIM

Madagascar es uno de los países del planeta que produce menos desechos, pero no está exento de desafíos en ese campo. Se estima que se recoge y trata menos del 20% de los desechos producidos a partir de actividades de los seres humanos. El resto se deja sin tratar, causando problemas sanitarios serios y daños medioambientales, además de saturar los basurales.

El espacio favorece una economía local circular que respeta el medioambiente, crea empleo a nivel local, desarrolla una cadena de valor local y genera utilidades. Los planes de la compañía SPAH SA. — que Nirina Rajaonary reavivó y remodeló sobre las cenizas de la desaparecida “Papmad” en 2011 — han sido diseñados con precisión para cubrir esta brecha.

Foto: Giacomo Dei Rossi/OIM

Existe una demanda respecto de la industria del reciclaje. Entre un 15 y un 20% de los desechos producidos en la capital son papel y cartón, pero pocas personas se molestan en clasificar los desechos y en adherir a las cadenas de reciclaje. Al mismo tiempo, solamente un 7% de la población usa papel higiénico, lo cual no debe sorprender puesto que solamente un 12% de la misma tiene acceso a sanidad adecuada y un 40% alivia sus necesidades fisiológicas al aire libre.

Foto: Giacomo Dei Rossi/OIM
Los rollos son envasados, preparados y luego separados en paquetes de seis, listos para ser embarcados a los distribuidores. Foto: Giacomo Dei Rossi/OIM

La compañía SPAH SA. produce papel higiénico exclusivamente de fuentes de papel reciclado. Mantiene una amplia gama de partenariados con fabricantes locales y negocios en torno a la ciudad capital. La compañía brinda empleo a 60 mujeres y hombres de los pueblos cercanos. Esto sirve para reanimar a la economía local, a menudo moribunda, lo cual es común en las pequeñas zonas periurbanas de los alrededores de la capital.

Los trabajadores operan a lo largo de toda la línea de producción; desde el triaje de papel recolectado en toda la ciudad y acopiado en pilas de varios metros en un gran depósito, hasta el procesamiento de la pasta de papel. Luego viene el repujado y corte del papel higiénico y finalmente el empaquetado y etiquetado del producto. La compañía no usa químicos dañinos y posee cisternas de decantación de agua para las aguas usadas antes de que sean vertidas al río Ikopa que se encuentra en las inmediaciones.

El papel es blanqueado y mezclado antes de volver a ser trabajado en forma de rollos. Foto: Giacomo Dei Rossi/OIM

La compañía sigue siendo aún una sombra de lo que alguna vez fue. La fábrica ocupa solamente una superficie de 1.500 metros cuadrados de los 15.000 disponibles y 60 empleados son solamente un grito lejano en comparación con los días gloriosos de la “Papmad”, cuando 10.000 empleados trabajaban en torno a la ruidosa maquinaria produciendo todo tipo de productos.

La mayor parte de las máquinas de la fábrica fueron modificadas para poder producir papel higiénico. Foto: Giacomo Dei Rossi/OIM

Aun así, la compañía produce una tonelada de papel higiénico totalmente reciclado por año. Los productos son vendidos por unidad, un hábito de consumo difundido en Madagascar debido a la pobreza extrema y al bajo poder de compra de los consumidores.

Hay oportunidades para el crecimiento y la diversificación mientras se desarrolla un modelo económico que valora la protección del medioambiente. Como Nirina Rajaonary lo dice, “el desarrollo del país será la consecuencia del trabajo de sus habitantes. No siempre es fácil, pero necesitamos demostrar que esto es posible”. La OIM Madagascar tiene el orgullo de contribuir con este éxito a nivel local.

Foto: Giacomo Dei Rossi/OIM

Esta historia fue publicada por Daniel Silva y Poveda, Jefe de Misión de la OIM Madagascar, con fotos tomadas por Giacomo Dei Rossi, Funcionario de Información Pública de la OIM Madagascar.