Declaraciones del presidente Trump
 respecto a la estrategia en Afganistán y Asia del Sur

La Casa Blanca
Oficina del Secretario de Prensa
21 de agosto de 2017

Base militar Myer-Henderson Hall
Arlington, Virginia

Muchas gracias. Gracias. Por favor, tomen asiento.

Vicepresidente Pence, secretario de Estado Tillerson, miembros del Gabinete, general Dunford, vicesecretario Shanahan y coronel Duggan. Muy especialmente, gracias a los hombres y mujeres de Fort Myer y a todos los miembros de las fuerzas armadas de Estados Unidos en el país y en el extranjero. Les enviamos nuestros pensamientos y oraciones a las familias de nuestros valientes marineros que resultaron heridos y a los que perdimos tras una trágica colisión en el mar, así como a aquéllos que llevan a cabo los esfuerzos de búsqueda y las tareas de recuperación.

Estoy aquí esta noche para señalar la dirección a seguir en Afganistán y Asia del Sur.

Pero antes de que comparta los detalles de nuestra nueva estrategia, quiero decir unas cuantas palabras a los militares que están aquí con nosotros esta noche. A aquellos que nos ven desde sus puestos, y a todos los estadounidenses que escuchan desde sus hogares.

Desde la fundación de nuestra república, nuestro país ha producido una clase especial de héroes cuya entrega personal, valor y determinación es inigualable en la historia de la humanidad. Los patriotas estadounidenses de cada generación han dejado su último aliento en el campo de batalla — por nuestra nación y por nuestra libertad.

A través de sus vidas, y aunque sus vidas fueran interrumpidas, en sus acciones alcanzaron la inmortalidad total. Al seguir el ejemplo heroico de los que lucharon para preservar nuestra república, podemos encontrar la inspiración que nuestro país necesita para unificar, sanar y permanecer como una nación ante Dios.

Los hombres y mujeres de nuestras fuerzas armadas operan como un equipo, con una misión compartida y un sentido de propósito compartido. Trascienden toda línea de raza, grupo étnico, credo y color para prestar servicio juntos, y hacer el sacrificio juntos en una absoluta y perfecta cohesión. Eso se debe a que todos los miembros de las fuerzas armadas son hermanos y hermanas. Todos son parte de la misma familia. Se le llama la familia estadounidense. Ellos hacen el mismo juramento, combaten por la misma bandera y viven de acuerdo a las mismas leyes. Están unidos por un objetivo común, confianza mutua y una abnegada devoción por nuestra nación y por cada uno.

El solado entiende que, como nación, con demasiada frecuencia olvidamos que una herida infligida a un solo miembro de nuestra comunidad, es una herida infligida a todos nosotros. Cuando una parte de Estados Unidos sufre, todos sufrimos. Y cuando un ciudadano padece una injusticia, todos padecemos juntos. La lealtad a nuestra nación exige la lealtad del uno al otro. El amor por Estados Unidos exige amor por TODO su pueblo.

Cuando abrimos nuestro corazón al patriotismo, no hay lugar para el prejuicio, no hay lugar para el fanatismo, y no hay tolerancia para el odio. Los hombres y mujeres jóvenes que enviamos a combatir en nuestras guerras merecen regresar a un país que no esté en guerra consigo mismo en su propio territorio. No podemos continuar siendo una fuerza para la paz en el mundo si no estamos en paz unos con otros.

Cuando enviamos a nuestros más valientes a derrotar a nuestros enemigos en el extranjero, y siempre venceremos, hallemos el valor para sanar nuestras divisiones internas. Hagamos una sencilla promesa a los hombres y mujeres a los que pedimos que luchen en nuestro nombre, para que cuando regresen de la batalla encuentren un país que ha renovado los sagrados lazos de amor y lealtad que nos unen en un solo ser.

Gracias a la vigilancia y la habilidad de las fuerzas armadas estadounidenses, y de nuestros muchos aliados en todo el mundo, horrores en una escala como la del 11 de septiembre, y nadie puede olvidar eso, no se han repetido en nuestro territorio.

Y debemos reconocer la realidad por la cual estoy aquí para hablar esta noche, que casi 16 años después de los ataques del 11 de septiembre, tras el extraordinario sacrificio de sangre y hacienda, el pueblo estadounidense está cansado de guerras sin victoria. En ninguna parte esto es más evidente que la guerra en Afganistán, la guerra más larga de la historia de Estados Unidos: 17 años.

Comparto la frustración del pueblo estadounidense. También comparto su frustración por una política exterior que ha gastado demasiado tiempo, energía, dinero y, lo que es más importante, vidas, al intentar reconstruir países a nuestra propia imagen en lugar de perseguir nuestros intereses de seguridad por encima de todas las demás consideraciones.

Por eso, poco después de mi toma de posesión, encargué al secretario de Defensa Mattis y a mi equipo de seguridad nacional que emprendieran una revisión de todas las opciones estratégicas en Afganistán y Asia del Sur.

Mi instinto original era retirarnos, e históricamente me gusta seguir mis instintos, pero durante toda mi vida escuché que las decisiones son muy diferentes cuando uno está sentado tras el escritorio de la Oficina Oval. En otras palabras, cuando se es presidente de Estados Unidos. Así que estudié Afganistán con gran detalle y desde todos los ángulos. Después de muchas reuniones, durante muchos meses, tuvimos nuestra reunión final el pasado viernes en Camp David, con mi gabinete y generales, para completar nuestra estrategia. Llegué a tres conclusiones fundamentales acerca de los intereses fundamentales de Estados Unidos en Afganistán.

PRIMERO: Nuestro país debe buscar un resultado honorable y duradero digno de los tremendos sacrificios que se han hecho, especialmente los sacrificios de vidas. Los hombres y mujeres que prestan servicio a nuestra nación en combate merecen un plan para alcanzar la victoria. Merecen las herramientas necesarias y la confianza que se han ganado para combatir y ganar.

SEGUNDO: Las consecuencias de una salida rápida son predecibles e inaceptables. El 11 de septiembre, el peor ataque terrorista en nuestra historia, fue planeado y dirigido desde Afganistán porque ese país tenía un gobierno que daba acomodo y refugio a terroristas.

Un repliegue precipitado crearía un vacío que los terroristas -incluyendo ISIS y al Qaeda- llenarían instantáneamente, tal como ocurrió antes del 11 de septiembre. Además, como sabemos, en 2011, Estados Unidos se retiró de Iraq de manera precipitada y errónea. Como resultado, nuestro avance tan duramente ganado cayó de vuelta en manos de terroristas enemigos. Nuestros soldados observaron como las ciudades por las que habían luchado para liberar hasta sangrar y ganar, eran ocupadas por un grupo terrorista llamado ISIS. El vacío que nosotros creamos al retirarnos tan pronto le dio a ISIS el refugio para que se expandiera, creciera, reclutara y lanzara ataques. No podemos repetir en Afganistán ese error que nuestros líderes cometieron en Iraq.

TERCERO Y FINALMENTE, llegué a la conclusión de que las amenazas a la seguridad que enfrentamos en Afganistán y en la región más amplia son inmensas.

En la actualidad, hay veinte organizaciones terroristas extranjeras designadas por Estados Unidos activas en Afganistán y Pakistán, la mayor concentración en cualquier región del mundo. Por su parte, Pakistán a menudo da refugio a los agentes del caos, la violencia y el terror. La amenaza es peor porque Pakistán e India son dos estados con armas nucleares cuyas tensas relaciones amenazan con entrar en conflicto. Y eso podría suceder.

Nadie niega que hayamos heredado un desafío y una situación preocupante en Afganistán y Asia del Sur, pero no tenemos el lujo de retroceder en el tiempo para tomar decisiones diferentes o mejores.

Cuando llegué a la presidencia, se me entregó una situación mala y muy compleja, pero sabía plenamente en lo que me estaba metiendo. Problemas grandes y complicados. Pero de una u otra forma, esos problemas han de ser resueltos. Yo soy una persona con la capacidad de resolver problemas. Y al final, nosotros venceremos. Debemos enfrentar la realidad del mundo tal cual es en este momento, las amenazas que encaramos y confrontar todos los problemas de hoy, que son las consecuencias extremadamente predecibles de una retirada precipitada. No precisamos mirar más lejos que el vil y despiadado ataque de la semana pasada en Barcelona para entender que los grupos terroristas no se detendrán ante nada para cometer el asesinato en masa de hombres, mujeres y niños inocentes. Ustedes mismos lo han visto. Horrible.

Como lo subrayé en mi discurso en Arabia Saudita hace tres meses, Estados Unidos y sus socios están comprometidos a sacar a los terroristas de sus territorios, a cortarles su financiamiento y denunciar la falsa atracción de su ideología perversa. Los terroristas que masacran a gente inocente no tendrán gloria en esta vida ni en la próxima. No son otra cosa que rufianes, criminales y depredadores y, por cierto, fracasados. Trabajando junto a nuestros aliados, hemos de doblegar su voluntad, acabar con su reclutamiento y evitar que crucen nuestras fronteras y, sí, nosotros los derrotaremos y los derrotaremos fácilmente.

En Afganistán y Pakistán, los intereses de Estados Unidos son claros: debemos detener el resurgimiento de refugios seguros que permitan a los terroristas amenazar a Estados Unidos; y debemos evitar que las armas y materiales nucleares lleguen a manos de terroristas y sean utilizados contra nosotros, y es más, en cualquier parte del mundo.

Pero para perseguir esta guerra, aprenderemos de la historia. Como resultado de nuestra revisión exhaustiva, la estrategia estadounidense en Afganistán y Asia del Sur cambiará drásticamente de las siguientes maneras: Un pilar central de nuestra nueva estrategia es pasar de un enfoque basado en el tiempo a uno basado en las condiciones. He dicho muchas veces cuan contraproducente es para Estados Unidos anunciar de antemano las fechas en que pretendemos comenzar, o terminar, las operaciones militares. No hablaremos del número de tropas ni de nuestros planes para nuevas actividades militares.

Las condiciones en el terreno, y no planes arbitrarios, guiarán nuestra estrategia de ahora en adelante. Los enemigos de Estados Unidos nunca deben conocer nuestros planes o creer que pueden aguardarnos. No diré cuándo vamos a atacar, pero atacaremos. Otro pilar fundamental de nuestra nueva estrategia es la integración de todos los instrumentos del poder, diplomacia, economía y fuerza militar estadounidenses para alcanzar un resultado exitoso. Algún día, después de un esfuerzo militar efectivo, tal vez sea posible llegar a un acuerdo político que incluya elementos de los talibanes en Afganistán, pero nadie sabe si o cuándo es que eso ocurrirá. Estados Unidos continuará apoyando al gobierno afgano y al ejército afgano a medida que enfrenten a los talibanes en el terreno.

Por último, corresponde al pueblo afgano tomar el control de su futuro, gobernar su sociedad y alcanzar una paz duradera. Somos un socio y un amigo, pero no vamos a dictar a la gente afgana cómo debe vivir o cómo gobernar su propia y compleja sociedad. No vamos a reconstruir otros países otra vez. Estamos matando a los terroristas.

El siguiente pilar de nuestra nueva estrategia es cambiar el enfoque de cómo tratar con Pakistán. Ya no podemos permanecer en silencio sobre los refugios de Pakistán para las organizaciones terroristas, los talibanes y otros grupos que representan una amenaza para la región y más allá. Pakistán tiene mucho que ganar de asociarse con nuestro esfuerzo en Afganistán. Tiene mucho que perder si continua albergando a criminales y terroristas. En el pasado, Pakistán ha sido un socio valioso. Nuestros ejércitos han trabajado juntos contra enemigos comunes. El pueblo pakistaní ha sufrido grandemente a causa del terrorismo y el extremismo. Nosotros reconocemos esas contribuciones y esos sacrificios.

Sin embargo, Pakistán ha dado refugio a las mismas organizaciones que cada día intentan asesinar a nuestra gente. Hemos estado pagando a Pakistán miles y miles de millones de dólares a la vez que ellos dan refugio a los mismos terroristas contra los que estamos luchando.

Pero eso tendrá que cambiar. Y cambiará inmediatamente. Ninguna asociación puede sobrevivir al hecho de que un país albergue a militantes y terroristas que atacan a personal y funcionarios estadounidenses. Es hora de que Pakistán demuestre su compromiso con la civilización, el orden y la paz.

Otro elemento fundamental de la estrategia para Asia del Sur es que Estados Unidos desarrolle aún más su asociación estratégica con la India, que es la democracia más grande del mundo y un resguardo clave de seguridad y economía de Estados Unidos. Apreciamos las importantes contribuciones de la India a la estabilidad de Afganistán, pero la India genera miles de millones de dólares en comercio con Estados Unidos, por lo que queremos que nos ayuden más con Afganistán, especialmente en el sector de ayuda y desarrollo económico. Estamos comprometidos a alcanzar nuestros objetivos compartidos para la paz y seguridad en Asia del Sur y en la más amplia región Indo-Pacífico.

Por último, mi gobierno se asegurará de que ustedes, los valientes defensores del pueblo estadounidense, tengan las herramientas y reglamentos de interacción en combate necesarios para hacer que esta estrategia funcione de manera eficaz y rápidamente.

Ya he levantado las restricciones del gobierno anterior a nuestros combatientes que impidieron que el secretario de Defensa y nuestros comandantes en el terreno emprendieran plena y rápidamente las batallas contra el enemigo. La micro-gestión de Washington, D.C. no gana batallas. Estas se ganan en el terreno aprovechando el juicio y la experiencia de los comandantes de guerra y los soldados de primera línea que actúan en tiempo real, con autoridad real, y con una clara misión de derrotar al enemigo.

Es por eso que también ampliaremos la autoridad de las fuerzas armadas estadounidenses para atacar a las redes terroristas y criminales que siembran violencia y caos por todo Afganistán. Estos asesinos necesitan saber que no tienen dónde esconderse, que ningún lugar está más allá del alcance del poder estadounidense y de las armas estadounidenses. El castigo será rápido y poderoso. A medida que levantamos restricciones y expandimos autoridades en el terreno, observamos impresionantes resultados en la campaña para derrotar a ISIS, incluyendo la liberación de Mosul en Iraq.

Desde mi toma de posesión, hemos alcanzado un éxito sin igual en ese sentido. También aumentaremos al máximo las sanciones y otras acciones financieras y de aplicación de la ley contra estas redes, para eliminar su capacidad de exportar el terror. Cuando Estados Unidos comprometa a sus guerreros a combatir, debemos asegurarnos de que cuenten con todas las armas para que apliquen una fuerza rápida, decisiva y abrumadora.

Nuestras tropas lucharán para ganar. Lucharemos para ganar. A partir de ahora, la victoria tendrá una definición clara: Atacar a nuestros enemigos, aniquilar a ISIS, aplastar a al Qaeda, impedir que los talibanes se apoderen de Afganistán y detener los ataques terroristas masivos contra los estadounidenses antes de que surjan. Solicitaremos a nuestros aliados y socios internacionales de la OTAN que apoyen nuestra nueva estrategia con tropas adicionales y aumentos de financiación alineados con los nuestros. Estamos seguros de que lo harán.

Desde que asumí el cargo, he dejado claro que nuestros aliados y socios deben contribuir con mucho más financiación a nuestra defensa colectiva, y lo han hecho.

En esta lucha, la carga más pesada continuará siendo soportada por el buen pueblo afgano y sus valientes fuerzas armadas. Como el primer ministro de Afganistán ha prometido, vamos a participar en el desarrollo económico para ayudar a cubrir el costo de esta guerra para nosotros.

Afganistán está luchando para defender y asegurar su país contra los mismos enemigos que nos amenazan. Cuanto más fuertes sean las fuerzas de seguridad afganas, menos tendremos que hacer. Los afganos asegurarán y construirán su propia nación y definirán su propio futuro. Queremos que tengan éxito.

Pero ya no usaremos el poder militar estadounidense para construir democracias en tierras lejanas, ni trataremos de reconstruir otros países a nuestra propia imagen; esos días ya han terminado. En cambio, trabajaremos con aliados y socios para proteger nuestros intereses compartidos. No estamos pidiendo a otros que cambien su forma de vida, sino que busquen metas comunes que permitan a nuestros hijos vivir vidas mejores y seguras. Este “principio de realismo” guiará nuestras decisiones de ahora en adelante. La fuerza militar solamente no llevará la paz a Afganistán ni detendrá la amenaza terrorista que crece cada vez más en ese país.

No obstante, la fuerza, estratégicamente aplicada, busca crear las condiciones para un proceso político que conduzca a una paz duradera. Estados Unidos trabajará con el gobierno afgano mientras observemos determinación y progreso. Sin embargo, nuestro compromiso no es ilimitado, y nuestro apoyo no es un cheque en blanco. El gobierno de Afganistán debe asumir su parte de la carga militar, política y económica. El pueblo estadounidense espera ver reformas reales, progresos reales y resultados reales.

Nuestra paciencia tiene un límite. Mantendremos los ojos bien abiertos. Cumpliendo con el juramento que hice el 20 de enero, permaneceré firme en proteger las vidas y los intereses de los estadounidenses. En este esfuerzo, haremos una causa común con cualquier nación que elija defender y luchar junto a nosotros contra esta amenaza mundial.

Terroristas, presten atención. Estados Unidos nunca aflojará hasta que sufran una derrota duradera. Bajo mi gobierno, se están gastando muchos miles de millones de dólares más en nuestras fuerzas armadas. Y esto incluye grandes cantidades que se están gastando en nuestro arsenal nuclear y en defensa de misiles. En cada generación hemos enfrentado el mal, y siempre hemos prevalecido.

Hemos prevalecido porque sabemos quiénes somos y porqué estamos luchando. No lejos de donde nos reunimos esta noche, cientos de miles de los más grandes patriotas de Estados Unidos descansan eternamente en el Cementerio Nacional de Arlington. Hay más valor, sacrificio y amor en esos terrenos sagrados que en cualquier otro lugar en la faz de esta Tierra.

Muchos de los que lucharon y murieron en Afganistán se alistaron en los meses siguientes al 11 de septiembre de 2001. Se ofrecieron como voluntarios por una sencilla razón: su amor por Estados Unidos y estaban decididos a proteger al país.

Ahora, debemos proteger la causa por la cual ellos dieron sus vidas. Debemos unirnos para defender a Estados Unidos de sus enemigos en el extranjero. Debemos restablecer los lazos de lealtad entre nuestros ciudadanos en el país, y debemos lograr un resultado honorable y duradero que sea digno del enorme precio que tantos han pagado.

Nuestras acciones, y en los meses venideros, todas ellas honrarán el sacrificio de cada héroe caído, cada familia que perdió a un ser querido, y cada guerrero herido que derramó su sangre en defensa de nuestra gran nación.

Con nuestra determinación, aseguraremos que su servicio y que sus familias sean la causa de la derrota de nuestros enemigos y de la llegada de la paz. Vamos a avanzar hacia la victoria con poder en nuestros corazones, valor en nuestras almas y orgullo eterno en cada uno de ustedes. Gracias. Que Dios bendiga a nuestros militares, y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América. Muchas gracias. Gracias.