Viaje en carretera.
Por Francisco Ulises Evangelista Jiménez.
-No me esperes despierto, llegaré en la madrugada a casa-.
Fue lo último que le dije aquella noche. Tengo que manejar cuatro horas desde Querétaro a la Ciudad de México en la madrugada. Ojalá no hubiera aceptado venir a este congreso, sabía que tenía que irlo a dejar al aeropuerto al día siguiente; pero no, el joven quería venir a su congreso NO OBLIGATORIO.
-Espero que nos podamos ver en el siguiente congreso en Monterrey, sería un gusto contar con su presencia-.
Me dijo Antón Arreasen mientras estrechábamos manos.
-¡Muchas gracias!, supongo que nos veremos entonces-.
Honestamente pienso que la ponencia de Antón fue genial, una de las pocas que valieron la pena; sin embargo, la gran mayoría solo eran para engrandecer a investigadores mal pagados.
No me tarde mucho en llegar al Hotel donde me hospedaba, en menos de 15 minutos ya estaba cerrando la cajuela del coche y preparándome para partir. En el maps marcaba que haría un viaje de cuatro horas y veinte minutos; aunque sabía que podría ser menos o más.
El viaje en un inicio fue relajado, puse mis discos de Enrique Iglesias y hasta iba cantando una que otra canción. Llevaba alrededor de hora y media conduciendo, hasta que tuve que parar en una gasolinera cerca del kilómetro 144.
Tenía la gasolina baja y quería un café para mantenerme despierto, para mi sorpresa, no había nadie laborando en las estaciones de servicio, por lo que tuve que llenar el tanque por mi cuenta. No fue tan difícil como pensaba, pagué y estacione junto a la tienda 24/7.
Para mi sorpresa, solo había un joven atendiendo. La tienda estaba completamente vacía y el joven se veía ya muy desgastado (por la jornada supongo). Tomé un café americano y un paquete con dos sándwiches de jamón con queso.
-Son setenta y dos pesos por favor-.
Me dijo con un tono de voz seco, ahora que lo pienso, ni siquiera le vi la cara, peor aún… ni siquiera me alzó la mirada.
-Aquí tiene-.
Pagué la cantidad exacta y justo cuando iba a darme la vuelta me alzó la mirada. Sus ojos estaban rojos, como si hubieran llorado sangre y su piel pálida como la nieve, su mirada en si tenía intención de hacerme daño, la próxima formación de una sonrisa tan repugnante que los mismos comediantes se arrepentirían de hacer sus bromas, en su rostro fueron una alerta roja.
No lo pensé ni un segundo cuando salí corriendo de la tienda, atravesé todo el estacionamiento hasta llegar a mi auto, abrí la puerta y me encerré. Mire de nuevo la tienda y el joven ya no estaba en el mostrador.
Intenté encender el auto; pero no respondía, por más que giraba la llave en la herradura, está no lograba encenderlo. Es en ese momento cuando lo pude observar de nuevo, aquel joven me asustó. nuevamente, primero se veían sus ojos rojos de entre la oscuridad, después todo su cuerpo con el uniforme desgastado (como si el mismo lo hubiera deformado). Pálido como la nieve, parecía un ser astral ensangrentado que venía a cobrarme mis pecados.
Aquello se paseaba frente al auto mientras jugaba con unos cables en su mano izquierda, su mirada perdida pero con su sonrisa manchada de sangre, me indicaban que él era el responsable de que mi auto no respondiera. Me veía, sonreía y me saludaba con los cables de mi auto mientras se iba acercando lentamente.
Camino junto a mí puerta… empuñó con más fuerza mis cables y cuando se dispuso a golpear el cristal de mi ventana… las luces de otro automóvil que iba de paso iluminaron tenuemente la estación de servicio. Cegado y desorientado, me hice de nuevo hacia la ventana y ya no estaba, aquello se había marchado debido a las luces, tal vez por temor a ser descubierto en el acto, o tal vez había ido en búsqueda de otra víctima.
Suspiré y tomé mi teléfono, marque al 911 y enseguida me contestó una operadora.
-911, ¿Cuál es su emergencia?-.
-Hola, buenas noches… ah… algo extraño acaba de suceder; pero creo que casi me asesina-.
-Ok, señor, ¿En dónde se encuentra exactamente?, guarde la calma ¿Quién casi lo asesina?-.
-Señorita vengan pronto, estoy en la estación de autoservicio del kilómetro 144 de la carretera México-Querétaro-.
-Ok, nuestra unidad llegará en menos de 5 minutos, guarde la calma señor, pronto iremos a…-.
En ese instante la señal se interrumpió y un golpe en el techo se hizo presente; fue como si algo hubiera caído del cielo. Me quedé en silencio y me encogí en mi asiento. Guarde todo el silencio posible, me tape la boca con ambas manos y observaba detenidamente el techo. Fue entonces cuando de la parte superior del parabrisas escurrió sangre, como si mi coche estuviera tomando un baño (de sangre), me acerqué más al parabrisas y entonces lo vi. Aquello estaba devorando lo que parecía ser una mujer joven, lo sé porque sus dedos se asomaban a la parte superior del parabrisas.
Mientras los litros de sangre bañaban el parabrisas, unos pasos bruscos se hacían presentes en el techo. Por mi parte, yo solo veía cómo el metal del techo sucumbía ante el peso de sus pies, como si de una hoja de papel se tratara, aquello caminaba en círculos sobre el techo. Como si estuviera ideando un plan, aquello atravesó el techo con una de sus garras, perforándolo… hasta hacer un orificio.
Estaba aterrorizado, miraba fija y perplejamente el techo, sus ojos rojos atravesaban el techo y se encontraban con los míos. El llamado a mí inminente muerte había llegado, un juego que no tenía cartas a mí favor. El me veía como si un león viera a un polluelo, un simple postre para su paladar, lo último que viví fue aquel movimiento brusco hacia mí y el mordisqueo en mi cuerpo hasta devorarlo. La noche y la luna fueron los únicos testigos de mis llantos desgarradores, de mis últimas lágrimas y de mis últimos suspiros.

Photo founded in the Article: “Les 5 titres de la semaine #53 en téléchargement gratuit” by Deborah Cukier.
Link: http://pausemusicale.com/les-5-titres-de-la-semaine-53-en-telechargement-gratuit/amp/
Consulted date: Wednesday, august 9th, 2017.
