
Crepes de Manzana
La gravedad me hizo reaccionar más que el pinchazo intencional de la criatura que tenía al lado; los colores eran muy intensos a la mañana, ¿por qué son tan intensos? Un poco me exasperan con esas ínfulas de hacerse notar. El encéfalo me está matando, ¿dónde estoy? El silencio es ensordecedor aunque el ruido está presente, ¿lo escuchás? ¿O soy yo? ¡Ay! Esperá, ya voy. Otra vez, me vas a dejar marca. Hay un aroma interesante que me invade la nariz, casi que me obliga a levantar. Pero despacito, porque tengo la cabeza al revés. ¿Qué pasó anoche? El suelo está frío aunque funciona como golpe para traerme a la realidad, la tradicional, esa en la que estás vos y ahora también yo.
Son Crepes. Estás rallando manzana; asumo que como relleno y me estás hablando. Parecés enojada, conmigo. Estoy tratando de prestarte atención pero no puedo. El felino sigue maullando, el sonido que producís producto de tu tarea con la manzana te hace más áspera la voz y el fuego acompañado con la manteca crea ese sonido crocante característico. Así que no, no te escucho. Pero quiero hacerlo, en serio. Porque me estás preparando Crepes y es un bello gesto que me gustaría compensarte escuchandoté. Aunque si lo pienso mejor, no. Porque si te escucho, tengo que pensarte y si te pienso, te condiciono a mi diagnóstico que no te favorece.
Lentamente me voy acercando a la barra porque las piernas me están matando, despacio para no despistar tu atención de las manzanas y que te cortes. Y que me culpes. Hablás mucho, no sé si eso es bueno o malo. Ahora es malo pero mañana es bueno. Menos mal que no me razonás porque si lo hicieras no me creerías esta sonrisa cuando me alcanzás el plato con el Crepe.
