#Semana 1

De la GCU (gente como uno) y la nieve


El BM sí y el Audi no, porque es una grasada de nuevo rico; la madre reprimiendo a la empleada domestica que “ya no son lo que eran antes”; y, gente patética o porque vive en zona sur o porque eran de “familias bien” y están venidos a menos (se la fumaron). De eso hay mucho en la novela Merca de Loyds, pero hay más.

Johnny, con treinti pocos, se dedica a deambular por las zonas más exclusivas de la noche porteña: Tequila, Shamrock, fiestas en la Horqueta o San Isidro y casamientos en el Palacios Sans Souci, en un conjunto de relatos divertidos y llenos de snobismo que se encadenan y nos describen su vida. Pero las páginas pasan y lo que se nos cuenta en realidad es lo que no hay: algo que realmente le importe.

El protagonista viene a representar una generación dentro de la clase alta que no tiene la más puta idea de que hace con su vida y mucho menos ganas de pensarlo. Los moldes de hacer una carrera o casarse perdieron incentivo y optan por un Carpe diem, vivir el hoy, total la plata ya la tienen y se la pueden pasar de gira con “pala” y minas.

Pero en la repulsión constante de Johnny hacia el exterior se ve una profunda infelicidad que se potencia y soluciona únicamente con la cocaína, la merca. Como buen porteño odia su ciudad pero no la puede dejar y elige refugiarse en su zona de confort: su auto alta gama, lujoso pero no “cáche”, su departamento bien puesto y la merca. Fuera de eso hay tres ámbitos: los amigos, gente bien y acomodados por padres poderosos que son más cómplices de la noche que amistades profundas; Marina, su ex novia, y último compromiso serio con algo, que termino mal (sobre todo porque después se cogió un amigo de él) y a la cual le huye pero no puede evitar ayudar cuando ésta acude a él (aunque su involucración llegue a levantar el teléfono y nada más); por último, la familia que está dividida en dos, la madre alcohólica y un poco patética y el hermano bien encaminado al alcoholismo, recién separado de su mujer (a la que “cagó un poco a palos”) y condenado a mandarse cagadas. En frente, están el padre un “caballero inglés” que sin embargo está de novio con una “pendeja” y la hermana casada y con hijos. Serían dos modelos de vida por el cual Johnny, desencantado después de una mala relación y un poco adicto, no termina de optar.

Aparte de ser un manual de cómo ser un GCU (Gente como uno), Merca logra ser una novela distinta no por el camino de la transgresión sino por su sinceridad bruta, porque la historia es verídica en la descripción de una clase (o una generación de esa clase): sus modismo, costumbres y repertorio de “cosas bien” que con un odio superficial y sentimientos de superioridad ridiculizados despierta risas en el lector y acompaña las divertidas historias logrando construir el personaje y generar continuidad en la novela.

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