Hard Rhythms: Psychedelic avant-gard…

Cualquiera que decida salirse de los estándares más comerciales de la música pop ha de encontrarse con un sinfín de variantes dentro de la misma, que a duras penas comprenderá en su sano juicio como si de acostumbrar el oído se tratase. Básicamente en eso consistía gran parte de la industria musical poco después de la primera mitad del siglo XX, que se dejaba llevar por las drogas psicotrópicas y el carácter “revolucionario” de la juventud en esos días.

Fue de aquella forma como nació el movimiento hippie, el rock psicodélico y derivados como el hard rock, pero eso es lo de menos, entre tanta música para degenerados hablaremos de rock progresivo, el cual se define como un somnífero dentro de la música rock, tachándose de “anticomercial” y presuntuoso por sus filas de teclados, instrumentos poco usados y solos de media hora, lo que no es excusa para bañarse en ácido con el fin de entender piezas ininteligibles como Tubular Bells, Works (los dos discos de ELP), Tales From Topographic Oceans, A Passion Play o Ummagumma.

Su lado oscuro (lo estrictamente anticomercial o presumido) inició a mediados de los setenta, cuando el prog y sus variantes pasaban por su etapa de transición entre su auge y decadencia. Por ese momento, los Residents hacían su debut con una compañía discográfica independiente y la escena del art rock ya culminaba y comprendía joyas como Transformer o Hunky Dory, así como trabajos discográficos de igual calibre que nadie conoce como los álbumes de Brian Eno, Peter Gabriel, John Cale y Robert Fripp en solitario y algunos otros ejemplares que relevancia tuvieron pero igualmente nadie escucha.

Minimoog, pionero de los sintetizadores actuales y de la música progresiva en general.

A finales de la década, las discográficas empezaban a apoderarse de la industria y recién empezaban a salir los primeros grupos de synthpop, mientras ya había señales de que los “anarquistas” del punk pasaban de tocar sus canciones de 4 acordes en el CBGB & OMFUG a llenar estadios y promover la delincuencia. Fue por ese entonces cuando el prog andaba en un declive comercial (lo que era básicamente su ideal) y la mayoría de agrupaciones se vendieron al pop rock convencional. A lo que más allá de los innombrables (Pink Floyd y compañía, incluyendo a sus homólogos alemanes del Krautrock), había unos desconocidos fácilmente prescindibles que irónicamente vendían poco a pesar de ser mucho más comerciales, poniendo de ejemplo a Marillion, IQ, Pendragon y Arena, representantes del rock neo-progresivo cuya popularidad se debía a la crítica de algunos progheads por su fácil accesibilidad y falta de innovación. Respecto al tema podría juzgar, si se me hiciera fácil digerir algo preparado para venderse como pan caliente (como 90125 de Yes).

En tiempos contemporáneos, o desde que Frank Zappa dio inicio a la experimentación sin sentido, muchos otros desocupados con equipos de gama media empezaron a distorsionar, improvisar y recitar letras irracionales para ganar un lugar dentro del avant-garde. Algunos tuvieron base en la música jazz (Soft Machine o Miles Davis, aunque este último de progresivo no tenía mucho), el folk (Fairport Convention), la psicodelia (los Beach Boys con su Pet Sounds), el punk (Joy Division, Talking Heads, Pere Ubu y Public Image Ltd.) y otros aún más decadentes se limitaron a componer noise, drone, dark ambient (meh…) y música minimalista (Mike Oldfield… ¿tal vez Moondog?)

La repercusión fue tal (por no decir que fue muy baja), que si al día de hoy aún hay gente que escucha este material es porque actualmente se puede encontrar información de aquel en Wikipedia o en Discogs para que pseudomelómanos como yo podamos tener idea alguna de su existencia, como en el caso del movimiento europeo Rock In Opposition, una aglomeración de música rock experimental con tintes de free jazz y prog pomposo de principios de los setenta, con el que se oponían al rechazo por parte de las empresas discográficas debido a las bajas ventas de sus discos. Hubo dos festivales de este movimiento, uno en 1978 y el otro en 1979, de ahí en adelante el movimiento desapareció y el nombre quedó como etiqueta. Nada más podría decir del Rock In Opposition que no fuera disparates a causa de su originalidad e ingenio, pese a que no consiguieron la reputación que se merecían. Las bandas Henry Cow, Samla Mammas Manna, Magma y Art Bears fueron, al menos para mí, las más accesibles entre tanta memoria histórica desaparecida a causa del copyright (siendo más explícito, fueron las únicas cuya discografía pude hallar completa en internet). Eso sí, no era muy buen material para adentrarse en la música experimental en general, a menos de que se acostumbre a oír free jazz como si se tratase de synthpop.

Y por si fuera poco, desde la década de los noventa hubo más desgraciados que se unieron a la fiesta de las ventas bajas y elepés para curar el insomnio (esta vez con el disco compacto) que desafortunadamente se fusionaron con géneros como el heavy metal, y aun así no vendían nada, dando a entender que la esencia comercial del rock progresivo había desaparecido dejando nada más que pretenciosidad hecha música popular. Bandas como Flower King, Symphony X, Porcupine Tree, Spock’s Beard, Opeth y The Mars Volta fueron algunas de las tantas causantes de esta tendencia, que a la vez dejaron algo decente pero irrelevante.

The Mars Volta

No solo bastaba con los discos atiborrados de sintetizadores de Pink Floyd para pedantear, sino que también era necesario acumular más bandas experimentales dentro del género para darle más solemnidad y variedad. Yo aún no sé por qué sigo escuchando esta música para ingerir estampillas (dietilamida de ácido lisérgico) cuando lo que actualmente mueve masas es el rock alternativo prefabricado, el tema principal aquí es que oponerse a lo comercial y a lo fácil de componer se ha hecho un tema tan repetitivo que a la vez mueve masas y llama la atención con simpleza.