Correspondencia

Agradezco infinitamente el tiempo que me ha regalado. La gente ya no escribe, ya no recita, ya no se toma ésos largos ratos para conversar, para discurrir y enamorar. Ahora todo es tan rápido, tan escurridizo, tan monosilábico. “Okay”, “Ahí nos vemos”, “sobres”, “va”, “Yo también”. Ése vago “Yo también”, que llena las camas de los amantes. “Te amo”, “Yo también”, cómo duele la economía lingüística…Por qué no decir sencillamente “Yo también te amo”. cinco letras más, cinco letras que al corazón pesan y que a la boca no debería fatigar. “Yo también” y ahí la dejamos.

Me gustan las charlas extensas, con usted no dudaría en tener alguna. Me han regalado tantos atardeceres, pero pocos los he vivido acompañada. Charlar sobre una larga vida de amores, amoríos y amorejos.

Sobre mi libro, no lo compre, yo se lo regalo. O mejor aún, seamos justos e invíteme ésa taza de café con un atardecer violáceo. Le agradezco amigo mío, por sus letras y por tanto cariño que me ha demostrado.

Pat

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