Orlando

Al menos 50 murieron hoy, después de un tiroteo en un bar gay de Florida.

El mundo, sigue atolondrado…

Esto seguirá hasta que entendamos que la única diferencia que existe entre, radica en el espíritu que cargamos en los ojos.

No más.

No hay otra diferencia.

No hay justificación para el odio.

Tenemos décadas debatiendo y nos olvidamos del odio.

Existen aún muchas bestias que se alimentan del odio.

Y esas bestias, destruyen lo que tocan. Sumergen al otro en el silencio, lo mutilen, lo destrozan. Esas bestias se esconden en el dogma y el dogma los protege. Mientras el mundo le llama «tolerancia», a la violencia contenida.

Vivimos en este mundo en donde creemos que la tolerancia es simplemente, contener la ira.

Juzgar el ataque de Orlando como homofóbico sería tal vez tendencioso. Los motivos de la bestia que disparó surgirán paulatinamente… Sin embargo. La razón sea cual fuere… Recae siempre en el odio.

Hemos clasificado el odio en diversas ramas: racismo, xenofobia, homofobia, terrorismo y demás ismos que provienen de un solo lugar… La ausencia de humanidad. El vacío del ser, que termina en un receptáculo rebosante de emociones contenidas.

La era del vacío es ahora la era del odio.

Y nos enseñaron a contenerlo. Uno puede observarlo, en el rostro de un enrojecido niño con los puños cerrados. A ese niño se le enseña que debe aguantarlo. Hasta que sea incontenible. Al niño no le queda más remedio que implosionar o dispararlo.

PC.

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