Transitoriedad

«El hombre está literalmente partido en dos: Él tiene conciencia de su única y espléndida identidad en cuando a salir de la naturaleza en su majestuosidad y aún así vuelve al suelo ciega y tontamente para pudrirse y desaparecer para siempre».
.Ernest Becker.

Hay un gran ensayo escrito por Sigmund Freud, al que llamó: «La transitoriedad» y en él cita una conversación que tuvo con el poeta Rilke, mientras caminaban a lo largo de un hermoso jardín. En un punto, Rilke lucía como si estuviese a punto de caer en llanto, Freud le dijo: «¿Qué pasa?, es un hermoso día, observa las plantas, el sol, el verde», luego Rilke le contestó: «Bueno…no puedo superar el hecho de que un día, todo esto morirá».

Todo se disuelve en el sinsentido, cuando se piensa que la impermanencia es un hecho como tal.Tal vez, el mayor fastidio existencial de todos es la entropía.

Estó me cayó de golpe, porque tal vez, cuando estamos enamorados, también somos un poco tristes. Hay una tristeza en el éxtasis, las cosas bellas a veces nos pueden poner un poco tristes y es que esas cosas bellas, hacen alusión a la excepción, queremos que sean la excepción, la visión de algo más, algo distinto, un agujero de conejo temporal en dónde caer y creo que en última instancia esa es la tragedia.

Por eso el amor nos llena a la vez de melancolía. Es por eso que a veces siento nostalgia por algo que perdí o que aún no pierdo, pero siempre encuentro su fugacidad.

Y así, ¿Cómo se puede responder a esto? ¿Amamos más fuerte? ¿Abrazamos con más ganas? ¿Nos aferramos a los momentos? o ¿Confiamos en el credo budista del desapego? ¿Pretendemos que no nos importa y todo lo que conocemos nos va a ser quitado y actuamos siempre a la defensiva de nuestros sentimientos?

Yo no sé si pueda aceptar esto. Citaré a Dylan Thomas, cuando escribió: «No voy a entrar tranquilamente en esa buena noche, en su lugar voy a tener rabia contra la muerte de la luz».

Desafiamos la entropía y la impermanencia con nuestras películas y nuestros poemas, con nuestro arte y nuestros arrebatos fuera de esquemas. Creo que nos aferramos el uno al otro un poco más fuerte y decimos: «NO VOY A DEJAR IR, NO VOY A ACEPTAR LA NATURALEZA EFÍMERA DE ESTE MOMENTO, LA VOY A EXTENDER PARA SIEMPRE, O AL MENOS LO INTENTARÉ».

Para que nuevamente llegue la transitoriedad de las cosas, como un hecho fehaciente y el momento se agote y al salir de él diremos, «BUENO, AL MENOS LO INTENTÉ».

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