No le hago más caso a mi psicólogo

Siempre he considerado que tiene razón en lo que me plantea sobre los problemas de mi vida, y después de meses de pedirme y repetirme lo mismo en terapia, finalmente lo internalicé y decidí hacerle caso, actuar como nunca lo hago, pero obvio, a mi manera (porque tampoco es para darle tanto la razón).

El consejo era simple:

Alguna vez dejá que te levanten y no tomes la iniciativa

Claro, conciso y fácil de seguir.

Como les aclaré, lo internalicé, que no es un detalle menor a tener en cuenta.

El miércoles al mediodía estaba buscando un taxi en la puerta del trabajo y vi que un remis estaba parado con las balizas puestas. Cuando me acerqué para preguntarle si estaba ocupado, me dijo que esperaba a una tal Natalia, pero que hacía 10 minutos que esperaba y nadie con ese nombre se había acercado. Así que después de 5 minutos de espera de ambos (no pasó un maldito taxi ni otro remis), me dijo que me subiera, que me llevaba.

No era el primer remisero que encontraba atractivo, pero este era lindo en serio: morocho, con ojos grandotes, boca gruesa que hacía muecas divertidas, simpático y un bonus track: 36 años. Las casi 20 cuadras del viaje hablamos, hicimos chistes y nos reímos como si fuéramos viejos amigos. Un divino, pero como soy de hablar hasta con las piedras, no me parecía nada extraordinario.

Una vez terminado el viaje, al querer bajarme cerró las puertas con el cierre centralizado y me dijo que no me iba del auto sin darle mi número de celular. Largué la carcajada y se lo di. Sin pensarlo. Pero no se quedó tranquilo hasta que llamó y sonó dentro de mi cartera.

Me bajé del auto riéndome y pensando que todos los hombres están locos. Y por qué mierda le di el número.

El jueves en la mañana estaba trabajando cuando me escribió y, aunque no estaba convencida, le dije que me habláramos en la tarde, quizás tratando de dilatar la decisión y ver cómo zafaba. O no.

Llamó y quedamos en ir a cenar.

Si bien no me pareció tan divertido como el miércoles en la mañana, pasé bien la cena, pero después del primer comentario homofóbico ya me dieron ganas de volverme a casa. Argumenté la gran mañanamelevantotemprano y partimos.

Si bien durante la cena trató de agarrarme la mano y otras viejas maniobras de contacto que no le dieron resultado.

Tampoco me impresionó eso de que era un hombre independiente y que por su trabajo era muy libre, tenía más de un auto, manejaba porque quería, tenía casa propia y bla bla bla bla. Pero le dejé que pensara que era así. Que me impresionaba todo eso. Porque recordemos, mi psicólogo me dijo que tratara de no ser tan yo, que quizás me iba mejor.

Cuando llegamos a la puerta de mi casa intentó la maniobra del beso de despedida que fue hábilmente rechazada por mi pericia en el tema, con un cambio rotundo de tono de voz e inmediato giro hacia la izquierda por un supuesto ruido escuchado fuera de la camioneta (porque no pasó con el remis, sino no hubiera sabido si sentarme adelante o atrás).

Todo bien hasta ahí. No me copó, no pensaba volver a salir, pero había sido divertido cenar con él.

Pero… siempre hay un PERO en mis historias.

Cuando le dije que me levantaba temprano él argumentó que se levantaba más temprano, y que para que yo le creyera que lo hacía, me iba a llamar, o algo así, porque ni le presté atención al comentario.

El punto es que me llamó a las 4.50 AM. Obvio ni me acuerdo qué me dijo.

Me volvió a llamar a las 7.30 para que no me quedara dormida, porque le había dicho que a esa hora me levantaba.

Me llamó a las 10.30 para saber qué estaba haciendo.

A las 11 me envió un mensaje preguntando si había “organisado” algo para la noche. Le contesté que me juntaba con mis amigas casadas.

12. Riiiiing. No lo atendí.

12.15Estás ocupada?” A lo que respondí que sí.

12.16. Riiiiing. No atendí.

15.00Mucho trabajo?” ✔✔

17.22 Riiiiing. ODIO.

18.30A qué hora te desocupás? Tomamos un café?”.

No sé a qué hora termino, te aviso”.

19.24 “Ola sra Lolita como esta, ya salió de trabajar. Yo resien llego”. DOBLE ODIO por la ortografía.

19.45 Riiiiiing. Miedo.

20.00Me avisas cuando te desocupes”.

Te aviso, no te hagas problema”.

¿Les tengo que aclarar que lo detesto? ¡Qué les pasa a ustedes los hombres!

He llegado a mirar el teléfono con pavor, mirar desde la esquina la puerta de mi casa y evitar cualquier remis que circule por Mendoza.

A los stalkers de la vida virtual los bloqueo, ignoro, bardeo y ya tengo una gimnasia casi olímpica para sacármelos de encima, pero ¿cómo hago con uno de la vida real?

Maldito psicólogo.

Encima cuando le conté se mató de risa.

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