¡Vos no pensás!
¡Vos no pensás y eso nos jodió a los dos!
Tú, con tu impulsividad de mierda, tomando las decisiones con lo que te dictaba la rabia y la desesperación. Tú, que no te detenías a pensar que, si a ti te dolía la situación que pasábamos, a mi me hacía pensar que era una maldita. Tú, que decías las cosas que te daba la gana, que me hacías llorar como niña chiquita para después pedir perdón… ¿acaso no sabes que de nada sirve pedir perdón cuando has roto el plato? El plato no va a quedar entero otra vez y, si lo pegas, va a tener grietas por donde se va a escapar la sopa cuando la sirvas.
Así quedé yo, como un maldito plato con grietas, se me escapó la sopa diezmil veces, hasta que me rompiste otra vez en trozos tan pequeños, que ya es imposible volverlos a pegar.
Ya de nada vale que pienses, ya estoy jodidamente rota.