Debajo de cada globo que vuela, hay un niño que llora.

El parque tiene cinco carpas a cada lado, rojas con rayas blancas o blancas con rayas rojas, todas con un banderín rojo y el nombre de la librería que representan.

Pablo, después de buscar en todas las carpas y preguntar un par de fechas que no recordará, ve al llegar donde tienen el libro que quiere a otro que está recibiendo un par de monedas y rechazando la bolsa roja que le ofrecen. Mira como rasga el plástico que cubre el libro y lo deja caer como un aeroplano que pierde el ala derecha.

Esa era la última copia, le responde el librero a Pablo que sigue con la mirada al comprador guiado por la basura brillante que dejó. Por un impulso parecido al que hace que nos acomodemos el saco al bajarnos de un bus, Pablo se descubre persiguiendo al comprador, pero, en una tarima que hay entre las diez carpas, alguien comienza a cantar y la gente saca sus celulares, haciendo de su avance una serie de comentarios sobre lo mucho que les estorba en su grabación.

Pablo pierde de vista al comprador y se sienta en medio del parque mirando hacia la derecha.

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