Historia sin título.

Bebo un té y me acuerdo de ti, de la tetera que me regalaste, la cual no tengo hoy aquí. Me acuerdo de la tetera y de ti diciéndome que siempre te sirvo demasiado té y que es igual de malo que el café. Lo bebes aunque prefieras lo segundo, le echas leche como yo pese a no poder tomarla.

— Cuando merece la pena, luego no duele tanto el estómago — me contestas, divertida, después de llamarte la atención por echarte demasiada y, entonces, solo me queda sonreírte.

Que bonito te queda hoy el sol en las pestañas, el pelo y las mejillas. Lo sé incluso sin verte hoy porque te he visto antes y sé lo bien que te queda ese vestido, la luz, dorando tu piel que ya es morena de por sí.

Eres como un animal exótico que siempre mantiene las distancias, al que hay que dejar la comida despacio y alejarse a observar. Te has acercado, como el mar, me dejas sentirte cuando tú lo decides, puesto que también eres un elemento salvaje e indomable.

Sei un enigma che ti impedisce separare lo sguardo.
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