LAS COSAS ATRACTIVAS FUNCIONAN MEJOR

Actualmente vivimos en un mundo donde prima la imagen y la impresión que damos de nosotros mismos a los demás. Escogemos las cosas por su estética y las compartimos solo si las consideramos atractivas, más allá de si resultan o no funcionales. Por ejemplo, cuando compramos unos zapatos, lo primero en lo que nos fijamos es en que sean estéticamente bonitos, luego en si son cómodos. La imagen prima entonces ante la funcionalidad del producto. Y de aquí parte una de la principales bases de la llamada psicología emocional.

Los objetos que nos resultan atractivos funcionan mucho mejor, no nos limitamos a usar un producto, sino que establecemos una relación emocional con él. La relación con un objeto se transmite por nuestra reacción, que viene determinada no solo por lo bien que pueda funcionar, sino por el aspecto que tiene, si nos parece atractivo o incluso por la nostalgia que suscita en nosotros. ¿Por qué la comida no nos sabe igual si la comemos con cubiertos de plástico? Ya no basta con que los objetos sean funcionales sino que además han de ser atractivos.

Este vínculo emocional, estético y funcional es la esencia de la psicología emocional según el profesor de ciencia cognitiva Donald Norman. Argumenta que los productos además de cumplir sus funciones prácticas esperables tienden a provocar una respuesta emotiva a las personas, a través de la interacción sensorial, generando así una experiencia placentera e íntima y creando una relación que va más allá de la simple utilidad de los objetos. “Las cosas atractivas hacen que las personas nos sintamos mejor, lo que nos lleva a pensar de forma más creativa. ¿Cómo se traduce eso en mejor usabilidad? Muy simple, haciendo que las personas puedan encontrar soluciones a sus problemas más fácilmente”, argumenta Norman.

El diseño está relacionado con las emociones de muchas formas distintas. Por ejemplo, hay objetos que nos traen recuerdos por su olor o por su tacto u otros que nos divierte el usarlos. El pensador americano, en su argumentación sobre la psicología emocional, va más allá del diseño o de las cosas prácticas y apuesta porque éste aporta un valor añadido: el placer y la diversión. “Diseñar productos placenteros y agradables es una tarea dura por eso es un reto precioso y mucho más divertido”, afirma.

Entre los aspectos a tener en cuenta en este marco conceptual se encuentra la usabilidad, que busca adaptar los objetos y los sistemas a los usuarios y hacerlos más humanos. De aquí parte la premisa de Norman que relaciona la estética y la usabilidad, por la que las personas perciben los diseños más atractivos como los más fáciles de utilizar. Así pues, las cosas más bonitas son las más fáciles.

Sin embargo, desde el principio, se han dejado de lado los aspectos emocionales. Por ello, en el diseño hay que tener en cuenta tanto la vertiente práctica u usabilidad basadas en la razón como el aspecto emocional y humanizador. En este sentido, Norman expone que tenemos mucho más apego emocional a aquellos productos que podemos llevar encima todo el día que a objetos masificados y complejos que descansan encima de nuestras mesas de trabajo. De hecho, sí hay una relación emocional entre nosotros y esos ordenadores gigantes que tenemos sobre la mesa, solo que esa relación es negativa para muchos.

Quizá concedemos más importancia a todos esos objetos que podemos mostrar con nosotros por el hecho de que nos hacen mejores o simplemente porque con ellos nos sentimos mejor. Por ello, el diseño emocional buscar mejorar la relación entre el usuario y el producto. Según el autor de The Design of Everyday Things, nos sentimos mucho más vinculados a aquellos productos que nos son cercanos. Por tanto, la verdadera personalización y la “customización” marcan una gran diferencia. “Tan pronto como establecemos algo de compromiso o involucración respecto a un producto es nuestro para siempre. Pero cambiar el color o algún otro detalle menor no es suficiente. La persona tiene que invertir de verdad, tiene que “ser dueña” de los cambios”, matiza.

Así pues, el diseño de los objetos no sólo incurre en la estética funcional sino que va más allá e incide en las emociones, percepciones y actitudes de las personas hacia los objetos. Es decir, acerca las cosas a las personas, las humaniza. Y la imagen contribuye en gran parte a ello.

Bibliografia


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