“El género” como herramienta para entender lo social

Carmen Contreras
Sep 4, 2018 · 6 min read

En un análisis desde la epistemología (ciencia que estudia el desarrollo del pensamiento filosófico), “género” es una categoría de análisis que ha experimentado diversos procesos de evolución a partir del desarrollo de una Teoría de Género. Esta evolución, a su vez, se ha enriquecido a partir de las teorías sociológicas clásicas y algunos estudios empíricos que nos aportan estadísticas y descripciones detalladas de cómo viven las personas todo lo que se considera un “mal social”: la pobreza, la violencia, la discriminación, las migraciones forzadas, las guerras, la falta de recursos naturales, etcétera.

Es el análisis de esta evolución lo que nos permite entender el valor teórico de esta herramienta del conocimiento de lo social llamada “género”, para explicar cómo nos afectan de manera diferente y no excluyente, a hombres y mujeres, y de manera más reciente, a otros grupos excluidos por su identidad sexual (LGBTTTIQ), todas estas anomias.

Es decir, la Teoría de Género es como un gran paraguas que nos da cobijo de las lluvias de opiniones, muchas veces, basadas en nuestros prejuicios y limitaciones sobre cómo nos vemos a nosotros/as en nuestra familia, pareja(s), instituciones y en general, en la vida cotidiana (cuando comemos, nos transportamos, vamos a la escuela, trabajamos, nos enfermamos, cuidamos de otras personas, buscamos en dónde vivir o sobrevivir).

Las teorías sociológicas le han provisto a este paraguas, una tela fuerte y unas varillas resistentes a la Teoría de Género y por ende, la categoría “género”, como uno de esos componentes útiles para que el paraguas abra a tiempo y sea firme como para aguantar una tormenta, es flexible, evoluciona históricamente como todo el pensamiento humano.

Por ello es que autoras tan respetadas como Teresita De Barbieri (q.e.p.d), nos enseñaron alguna vez que el “género” como herramienta de análisis se constituye por varios componentes para mirarnos y entender nuestro comportamiento social e individual. Decimos entonces, una y otra vez en aulas, en foros, en la gestión pública que el género es una “Construcción Social”, y también es es una red de relaciones de “Poder”; es “Historicidad”, es “el contexto de un Sujeto de Derechos” y es “Articulación de Distancias”.

Fue a partir de la identificación de las limitaciones del concepto “patriarcado” (surgido por una reintrepretación del concepto “patrimonialismo” de Max Weber), que el feminismo de los años setenta buscó una forma de explicar los ordenamientos sociales que nos ponían a las mujeres en un plano de subordinación en todos lados y en todas las actividades del quehacer humano.

Aquellas feministas desearon trascender el concepto “patriarcado” para explicar fenómenos cada vez más complejos que aparentemente estaban cambiando las cosas para las mujeres y que a la vez, destapaban otros agujeros problemáticos como su incorporación al mercado laboral, pero con más exigencias en trabajo y tiempo; derecho a votar y ser votadas, pero con menores posibilidades de trascender en la participación política; más presencia en las aulas universitarias, pero con menos reconocimiento a sus trabajos intelectuales, solo por dar los ejemplos más conocidos.

Fue así que estas feministas “inconformes” con la idea de explicarlo todo a través de la categoría “patriarcado”, incluyeron la perspectiva del desarrollo del dominio del capitalismo desde la Crítica a la Economía Política de Carlos Marx.

Las aportaciones de estas dos grandes teorías (la de Max Weber y la de Carlos Marx) representan una combinación entre la explicación del dominio capitalista y el patriarcado que signarán el desarrollo ulterior de una Teoría de Género y, hasta hoy, seguimos redefiniendo sus métodos de análisis.

En lo personal, me he confrontado con la idea de utilizar siempre y como única explicación la categoría patriarcado frente a algunos problemas en donde están presentes las relaciones de subordinación entre mujeres, por edad, grupo étnico (como sucede en los liderazgos políticos en los Estados de Oaxaca y Chiapas) o bien, entre hombres por posición económica (como en el caso de los taxistas y sus líderes gremiales en la ciudad de México).

En estos casos, han resultado más enriquecedoras las teorías del poder material y simbólico, por ejemplo. Y esa posición es compartida por las feministas que ahora hablamos de la necesidad de abordar el estudio de lo social, desde “la Teoría del Género” pero con criterios de “interseccionalidad”. Esto quiere decir, simplemente, considerar que entre mujeres y hombres, mujeres-mujeres, hombres-hombres, y otras identidades sexo-genéricas hay relaciones de subordinación por otros hechos como son la edad, la pobreza, la capacidad colectiva de influir en esferas de poderes como los medios de comunicación, así como la nacionalidad, la identidad racial y religiosa.

No hay que perder de vista que una teoría debe construir sus explicaciones de manera enriquecedora y de acuerdo a su objeto de estudio, razón por la cual las teorías son opciones que abren caminos para diversos tipos de interpretación, por un lado, pero que cierran las posibilidades de otras. Creo que al concentrarnos en el patriarcado como categoría nos cerramos caminos más interesantes.

Algo muy importante a saber cuando utilizamos la Teoría de Género y la categoría “género” es que se le confunde con “feminismo”, a veces a propósito, a veces sin querer.

Cuando usamos la categoría “género” para comprender lo social, se persigue contar con un orden metodológico que origine una explicación y que este sea aplicable a la transformación de las relaciones de subordinación, es decir, encuentre aplicaciones prácticas, racionales y útiles para cambiar las relaciones de subordinación.

En el caso del feminismo, se persigue la transformación social a través de varios activismos con diversas estrategias y que están permeados más por la vivencia subjetiva de lo cotidiano. Por ello ustedes verán muchos activismos, unos más notorios que otros, en medios de comunicación, en las calles y en los espacios de participación política que por sí mismos no desarrollan una teoría útil a las explicaciones y problematizaciones, pero que hacen visibles las preocupaciones, subjetividades y necesidades sociales (lo cual es muy importante). De igual manera, esta diversidad de posturas y estrategias nos orillan a pensar en varios feminismos y no en uno solo. Aunque todos compartan el mismo fin, no siempre siguen el mismo camino.

Por último:

A veces nos preguntamos si la categoría de género que hemos desarrollado desde las grandes teorías sociológicas puede usarse en otras sociedades que no sean las occidentales en donde existen otros referentes culturales, normas e interpretaciones de la realidad como es el caso del mundo árabe y dentro de este, las diferencias por las creencias religiosas (Nicholson, 1992). Por ello, hablar de “estudios de género” implica que la categoría “género” se utilice considerando estas diferencias.

Los “estudios de género” han sido tan enriquecedores que nos han provisto de otras formas de observar los problemas de subordinación en cuatro dimensiones: 1) El género como sistema de estatus y posición frente a los recursos disponibles en la sociedad, (idea también tomada del estructuralismo de Weber); 2) el género como resultado de la división social del trabajo que deviene en la distinción de trabajo remunerado y no remunerado, espacio doméstico y espacio comunitario; 3) el género como representación simbólica, construcción cultural con un significado y, 4) el género como organización de poder (Scott, 1986), que considera que las relaciones sociales determinadas por las distinciones de sexo es la base de las relaciones de poder, y cuyas expresiones son los símbolos culturales, las doctrinas religiosas, educativas, legales y políticas, que a la vez influyen en una identidad subjetiva de las personas.

Al analizar el poder y el poder político, los diversos feminismos contemporáneos se han quedado en el límite en donde el poder se ejerce en función de roles y con respecto al cuerpo, dejando a un lado la visión del poder de Weber, en donde las relaciones sociales abren la posibilidad de la imposición de un actor sobre otro y en donde el poder se institucionaliza en función de las diferencias corporales. Por ello es importante que identifiquemos los mecanismos por los cuales se ejerce el poder y la dominación. Es decir, estamos situadas en una etapa de redefiniciones analíticas que nos obligan a seguir enriqueciendo la Teoría de Género.

Carmen Contreras

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Urban Sociology. Urban Culture. Gender Mainstreaming. Gender Equality. Mexico City.