La estética del cuerpo femenino en la gimnasia olímpica

El deporte como institución es un reflejo de los sistemas políticos, de los valores nacionales que producen estos y de sus ideologías. Los primeros Juegos Olímpicos modernos tuvieron una participación exclusiva de los varones. Fue en las olimpiadas de París, en 1900, cuando se integraron las mujeres en deportes que se consideraban «apropiados» para el desarrollo de su cuerpo en función de dos criterios fundamentales: no vulnerar la capacidad de procreación y no exhibir el cuerpo de tal forma que ofendieran la moral de la época. Para mayores referencias de este contexto, es de consulta obligada el maravilloso trabajo de Ibone Lallana del Río sobre la participación de las mujeres en los Juegos Olímpicos desde la perspectiva de los medios de comunicación.

Desde París 1900, la estética del cuerpo femenino cultivado por el deporte «adecuado» para las mujeres, correspondía a un ideal fuerte, pero para la procreación, y un ejemplo de una vida saludable que garantizaría el desarrollo de nuevas generaciones sin poner en riesgo el papel tradicional de las mujeres en el ámbito doméstico. Los entrenamientos de las mujeres de los primeros años del siglo XX se confinaban en clubes deportivos exclusivos, a puerta cerrada, y dirigidos por varones quienes se encargaban de dar el visto bueno del rendimiento físico y sobre todo, del comportamiento y el atuendo femenino que no ofendiera la moral prevaleciente de la sociedad y de su familia.

Las dos guerras mundiales afirmaron estos criterios y la separación del mundo europeo en dos bloques reforzó la idea de que las mujeres en las competencias olímpicas ayudaban a reforzar la estética nacionalista de la procreación de seres mejor dotados para la industria, el campo, el progreso; es decir, para la construcción del Estado Nacional. La ética y la moral comunista, diría Lenin. Véase en: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1920s/2-x-20.htm

La gimnasia artística fue un deporte que tenía ese aval de ser adecuado para las mujeres, para la exhibición del cuerpo ideal y su compatibilidad con lo doméstico. Las mujeres que la practicaban tenían un valor agregado un valor agregado. Algo similar a la idea del siglo XIX, cuando se consideraba que estudiar la ejecución del piano era adecuado para las mujeres, no así la composición.

Posteriormente, bajo el mismo planteamiento, la Guerra Fría produjo grandes gimnastas como Larissa Latynina en lo que fuera la Unión Soviética y en Alemania Oriental a Maxi Gnauck. Cuerpos mesomórficos, con un equilibrado porcentaje de grasa y músculos, sin la exigencia de la velocidad a la que nos ha acostumbrado el deporte que se convierte en espectáculo en los medios masivos de comunicación. «La gracia», sobre las habilidades competitivas, «la gracia» entendida como un ideal de belleza femenina.

En las Olimpiadas de México en 1968 esta estética alcanzó su cumbre con la gimnasta de la antigua Checoslovaquia Vera Cavslaska. Consejera en materia deportiva de Václav Havel, en torno a ella se narró una historia de cuento de hadas en la Ciudad de México. Su fastuosa boda en la catedral metropolitana, «porque se había enamorado de nuestro país», según la prensa nacionalista y cursi de la época en que México tenía una estrecha relación comercial con Checoslovaquia en materia petrolera. La gimnasia era el deporte por excelencia de las mujeres y de lo que se esperaba de ellas; y el respeto que se les tenía a aquellas deportistas era por haber alcanzado el ideal del desarrollo nacional, de la familia y del Estado.

La ruptura Comaneci

Durante las olimpiadas de Montreal en 1976 se realizó un nuevo planteamiento para la gimnasia olímpica femenil en los juegos de la era moderna y sobre todo, dentro de la cultura deportiva. Nació un paradigma diferente para la estética del cuerpo femenino en el deporte. La muy popular historia del 10 de Nadia Comaneci encierra varios significados culturales. El primero, el más sobresaliente dentro de la política del deporte y del deporte como política hacia las mujeres en la Rumanía del dictador Nicolae Ceaușescu.


La escuela rumana de gimnasia rompió con el modelo de la URSS y caminó hacia una propuesta nueva de estética que le daría una identidad propia. El tipo mesomórfico transitó hacia un cuerpo ligero, más rápido y más ágil con desafíos físicos mayores para las mujeres que requerían menor estatura, peso y menor porcentaje de grasa corporal. Las alturas y velocidades que se perseguían ameritaron un cuerpo así. Lo que se consideraba la gracia femenina se estilizó a través de la herencia de la escuela rusa, no bolchevique, del ballet clásico cuyo esplendor se consideraba burgués.

El 10 de Nadia Comaneci a los 14 años, además de ser un acontecimiento olímpico, fue una afrenta al régimen soviético con el que se confrontó Ceaușescu. Cuando llegaron los olímpicos de Moscú en 1980, las críticas sobre el cuerpo y la pesadez de los movimientos de Nadia surgieron no sólo del propio régimen dictatorial que la cultivó a conveniencia y abusó de ella, sino también de los soviéticos cuyas repúblicas congeniaban peligrosamente con el libre mercado. Después de 1989, las atrocidades en contra de aquel histórico equipo de niñas gimnastas de Rumanía fue denunciado y explica la decisión de su entrenador Béla Károlyi de convertirse en uno de los más célebres refugiados en los Estados Unidos.

La escuela de Károlyi y la democracia en América

Hay circulando en la red información y documentales sobre el trabajo de Béla Károlyi en la gimnasia femenil y sobre los logros de las niñas y mujeres que han formado su escuela. En los documentales se puede distinguir que a partir de la Olimpiada de Los Ángeles en 1984, con el boicot soviético y Károlyi en proceso de adopción de la nacionalidad norteamericana, se traslada la escuela rumana al ámbito de la democracia americana que logra grandes atletas como productos de consumo a posicionar en la era de la apertura capitalista. El ideal norteamericano de lo femenino, los dulces 16 años con imagen deportiva y televisiva, tipo Hollywood fue bien alimentado por la escuela de gimnasia rumana en la sociedad norteamericana en donde todos los sueños son posibles.

A partir de esta fusión se ofreció al público consumidor de los juegos olímpicos una estética femenina desde los Estados Unidos que comenzó con Mary Lou Retton y se consolida hoy con la gimnasta Simone Biles, quien ha roto las barreras culturales y raciales en un contexto lleno de violencia y discriminación, no sólo en los Estados Unidos. A pesar de que la prensa, ahora digital, insiste en formar una historia melosa sobre el origen de Bailes y su tenacidad para enfrentar la adversidad social, el feminismo deportivo insiste en enaltecer sus méritos físicos y estéticos y esa es la principal aportación de Simone en las Olimpiadas de Río de Janeiro, las primeras en las que la proporción de mujeres competidoras es de un 46%, muy cerca de la paridad.

La escuela rumana se ha fusionado con el sueño americano, produciendo una estética del cuerpo femenino distanciado de la escuela rusa que privilegia la geometría corporal y la postura sobre la fortaleza muscular y que ha incluido variaciones de tipos somáticos sin encasillarse a uno solo como producción en masa, es decir, la gimnasia femenil se ha vuelto multicultural ya que lo importante es el resultado en el nuevo sistema de acumulación de puntos que surgió para hacer de la gimnasia femenil un deporte más espectacular en acrobacias y retos, en velocidad y potencia.

En este sentido, la atleta Biles representa la culminación de ese tránsito desde Los Ángeles 84 y la comercialización de su imagen ha incluido la apertura a estéticas más democráticas cambiando el paradigma tradicional de este deporte. Sin embargo, a pesar de esta evolución, en los consumidores pasivos del deporte a través de las redes sociales, predomina una visión misógina y discriminatoria en donde se añora la delicadeza como atributo femenino y el predominio caucásico en esta disciplina. Muy a pesar de la rapidez con la que circula hoy la información, es claro nuestro encierro en los patrones de consumo de una sola estética para este deporte, y así quiero regresa al punto de partida de este texto. El deporte como institución refleja lo que somos como sociedad, ¿cómo es entonces la sociedad mexicana que critica la estética de la gimnasta Alexa Moreno, campeona de los juegos Panamericanos? Valdría la pena responder a esta pregunta frente al espejo de nuestra historia nacional para saber que nos incomoda de nuestros propios atributos y valores.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.