Narrativas de la ciudad
En este tiempo en que la soledad humana se comparte a través del uso de la tecnología, los encierros personales se escriben en mensajes breves y los monólogos internos aparecen en todos lados en forma de imágenes, textos, videos y registros de audio, habría que recurrir a la literatura ahí en donde las ciencias no pueden nombrar los fenómenos de las ciudades.
En el pasado siglo, alguien escribió que el primer pacto social de no agresión surgió a la par del desarrollo de las primeras ciudades. Autores que se consideran clásicos, por viejos y universales, nos dicen que las ciudades se fortalecieron por el comercio, la producción, el intercambio, sus sistemas de clases y estamentos y los pactos colectivos bajo ciertas reglas.
Sin embargo, dirían los antropólogos, las primeras ciudades heredaron de antepasados más antiguos la construcción del mito para explicar y justificar la ocupación de su territorio. El mito sobre el cual las tribus que aprovecharon la tierra que circundaban cinco lagos donde se edificó México – Tenochtitlán; el mito de la fundación de Roma, el mito de la fundación de Jerusalem (mito que conjuga tres religiones), fueron originando narrativas, imaginarios, principios ideológicos y religiosos con significados subjetivos que fueron la vida diaria de estas urbes. En la narración del mito, las ciudades adquirieron identidad y poder, como sucedió con Babilonia, Ur y Machu Picchu. Fue el tiempo del saber de la escritura al servicio de ese poder.
Después, el acceso generalizado de la escritura hizo surgir, desde la literatura, múltiples narrativas de las ciudades en donde son interpretadas, diseñadas, subjetivizadas a partir de las experiencias de sus autores. Estas narrativas son espejos de la conciencia y valoraciones individuales, que aportan nombres, identidades, espacios posibles y reales, con un tiempo definido como Puerto Príncipe para Alejo Carpentier, Lisboa para Saramago; y por otro lado, espacios imposibles y atemporales como los laberintos y las ruinas circulares de Borges. Estas narrativas de la ciudad son capaces de nombrar y expresar sobre ellas todo lo que la ciencia no puede decir.
Ahora, siglo XXI, las historias particulares y sus narrativas no definen identidades para las ciudades, ni tienen entre ellas marcadas diferencias. La constante es el comportamiento humano. El hombre que fluye entre la multitud de la Quinta Avenida de Nueva York, el que camina por la Gran Vía de Madrid, por Avenida 20 de Noviembre en la Ciudad de México podría ser el mismo, con las particularidades del origen de la violencia que le acecha, la economía que le afecta y la parte que le toca representar en el juicio de la colectividad que se ha vuelto mundial. Porque ¨la ciudad¨ se ha vuelto cualquier ciudad del mundo y así lo cuentan quienes tienen medios para contarlo. Es entonces que pasamos al siguiente nivel de narrativa de una ciudad virtual, en donde se muestra una realidad ¨filtrada¨, coloreada, diacrónica con la ciudad real llena de contradicciones. Y quien muestre, en lo futuro, estas contradicciones en las narrativas de la ciudad, probablemente estará creando un tipo de escritura que aún no tiene nombre.
Foto: @Utopia_Urbana
