El enamoramiento después del enamoramiento

El enamoramiento es un estado de idealización. El objeto que provoca este estado puede ser una persona, una canción, un novio, una materia de la facultad, un docente, un libro, una serie de televisión.

Quien padece el enamoramiento está embobado. El objeto de devoción se presenta como perfecto, completo, sin fallas ni necesidad de mejorarlo ni cambiarlo de ningún modo. No es suficiente con estar inmerso en el enamoramiento, sino que es fundamental que el resto del mundo lo sepa y por eso el entusiasta del objeto X se ocupa de hablar continuamente de las cualidades de aquello que lo tiene loco.

Pero el enamoramiento, tarde o temprano, termina.

Antes del irremediable final, el afiebrado va perdiendo interés en eso que antes lo consumía. La pérdida de interés aparece luego de una sobresaturación de todo lo referido al objeto. Para quien padece enamoramiento no es suficiente estar en contacto con el objeto, sino que tiene que saber todo acerca de él. Eso es la sobresaturación: pasar tiempo con el objeto y pasar el resto del tiempo averiguando cosas sobre el objeto en Internet.

Ahora, después de la sobresaturación, el sujeto ya no habla tanto del objeto, ya no se desvive por eso que otrora parecía ser la única razón de su existencia. Esta nueva situación provoca un alivio para el entorno del padeciente, ya que sus allegados estaban bastante cansados de la perorata continua sobre «(500) Days of Summer», «mi amiga de la facultad», «Homeland» o «el nuevo disco de Illya Kuryaki», por mencionar de manera arbitraria algunos de los posibles objetos causantes de enamoramiento.

Cuando el enamoramiento se va, pueden aparecer dos cosas: el tedio o el amor.

El tedio es un escenario en el que eso que antes provocaba devoción, ahora provoca un rechazo absoluto. El padeciente no puede abandonar el objeto de su enamoramiento, pero tampoco puede evitar sentir repulsión ante su presencia. Lo aburre, lo cansa, lo hace querer vomitar. Y sin embargo, tiene que quedarse pegado a eso por el recuerdo borroso de un pasado en el que toda su libido estaba dirigida a ese objeto X.

Algunos de los síntomas del tedio son:

  • pérdida de interés en el objeto X,
  • falta de motivación para investigar en Internet acerca de alguna particularidad del objeto de la que todavía no se sabe todo lo que pueda llegar a saberse,
  • desgano ante el solo hecho de pensar en hablar del objeto indeseable,
  • ocultamiento del objeto en una situación social.

Aunque el padeciente sufre estos síntomas con gran intensidad, el vínculo que lo une al objeto es demasiado fuerte como para que lo corte de una vez y para siempre. Se romperá el lazo, finalmente, cuando el padeciente encuentre un nuevo objeto al cual perseguir.

Si aparece el amor, la situación es completamente distinta a la descripta en relación al tedio. El amor implica una intensificación de lo experimentado en el enamoramiento, pero quitándole la idealización. El amor sabe que el objeto X tiene defectos, pero en este estado se transforman en efectos, en detalles menores si se tiene en cuenta la grandeza del objeto y no solo las pequeñas fallas que este pueda contener.

El amor es la cotidianidad que le sigue a la fiebre. Es el despertar todos los días eligiendo ese objeto. Hay momentos en los que el padeciente duda de la intensidad de su sentimiento o se pregunta si está bien sentir amor, pero después de reflexionar sabe que siente lo que no puede evitar sentir. Este amor no es ciego, sino que es un amor que le permite mejorar su relación con el objeto y a la vez, en un ida y vuelta dialéctico, mejorar él mismo como individuo y también mejorar el objeto.

A veces el amor tiene espasmos de fiebre. Son resplandores que duran poco y hacen que la pasión arrebate al padeciente. Se parecen al enamoramiento. También puede tener momentos de tedio en los que el padeciente necesita alejarse, vagar un poco en soledad y pensar en el objeto. Si sabe que el objeto vale la pena, va a volver al amor. Si no, va a buscar uno nuevo.

No hace falta decir que el amor es mejor que el tedio. Pero el tedio es esencial para mostrar que a veces la cosa no funciona y es mejor terminar todo. Entonces, para ilustrar esta situación, no se me ocurre mejor ejemplo que utilizar una frase de Acción Poética:

Para escapar del tedio, buscá algún sueño.

Ese sueño, probablemente, va a aparecer en la forma del enamoramiento, forma nebulosa, efímera, inevitable y necesaria.

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Originally published at haciendocosasconpalabrasblog.wordpress.com on January 28, 2014.