Faulear y arremolinar

Yo tenía doce años. Iba en séptimo grado. Ese día en la escuela llovía y no me acuerdo por qué había un festejo. Creo que era el día de algo que no era tan importante como para tener un feriado, pero tampoco tan olvidable como para dar clases normalmente. Nos habían dejado llevar CDs para escuchar música. Y nos prestaron los equipos de la escuela.

Había parado de llover. Mi amigo Danilo y yo no teníamos ganas de ir al patio. Nos quedamos solos adentro del salón. Él había llevado un montón de CDs originales en esos estuches con separadores plásticos. Tenía mucho rock nacional, todo de sus hermanos más grandes. Yo acababa de salir de la etapa Bandana y creía que me gustaba el rock nacional. Todavía no estaba muy segura, era una intuición solamente.

Elegí un CD que me había llamado la atención. Tenía de fondo una imagen blanco y negro y arriba letras en verde loro. Le dije:

-Poné esto.

Apenas empezó a sonar, Danilo dijo:

-Este tema me dijo mi hermano que no está bueno, el que viene está bueno.

Y ahí pasó al segundo tema del disco.

Ese fue uno de los momentos más epifánicos de mi vida. Ya desde la introducción de la batería supe que esa era la banda que tenía que escuchar ahora. Ya no quería escuchar más lo que otros querían que yo escuchara.

La bestia pop me cambió para siempre. Con el tiempo aprendí que no es de los mejores temas de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Pero fue el primero que escuché. Ese tema me hizo conocer todos los otros y elegir los que más me gustaban con conocimiento de causa.

Danilo me grabó la discografía completa de los Redondos. La escuché toda, averigüé cosas sobre la banda, leí todo lo que encontraba sobre ellos. Además de su música y letras, me empezó a gustar el hecho de que hicieron su camino de manera independiente, sin transar con disqueras ni managers depredadores. Alcanzaron la masividad cómo quisieron, haciendo lo que más les gustaba y siempre un poco al margen, alejados de la prensa y de los circuitos tradicionales de la fama. Toda esa actitud libre y un poco misteriosa me parecía fascinante.

Las letras de los Redondos son conocidas por su hermetismo. En muchas no se puede identificar un tema o un referente. Otras resultan demasiado surrealistas y son «irracionales», por describirlas de alguna manera, a propósito. Nunca me interesó entenderlas. Una vez leí que el arte no se puede definir, sino disfrutar. Entonces, no defino las letras de los Redondos ni las analizo: me gustan o no me gustan y listo.

Muchos de los que intentan interpretar las canciones de los Redondos casi siempre caen en una burda mención a las drogas. Puede ser que algunos temas se refieran a la cocaína, por ejemplo, pero no creo que el Indio y Skay hayan sido tan monotemáticos como para escribirle siempre a «la mejor manzana».

Leí por ahí que Un ángel para tu soledad era el nombre de un centro de rehabilitación donde estuvo internado un amigo del Indio. Esto indica que el tema se refiere a esa institución y describe la desesperación que sufre una persona durante el periodo de abstinencia. También leí que el ángel es el Indio y él cura la soledad de sus fans en los recitales. Otra interpretación sostiene que el ángel es una prostituta que siente dolor por la profesión que ejerce.

Lo que más me gusta del tema no son sus posibilidades interpretativas, porque esa cualidad la comparten todas las canciones de los Redondos. Lo que más me gusta son los neologismos «faulear» y «arremolinar».

En algunos foros se discute acerca de los significados de estas palabras. Aparentemente, en fútbol «faulear» es hacer un foul y por lo tanto muchos relacionaron este verbo con el hecho de generar violencia, hacer algo con mala leche, querer dañar al otro con intención. Algunos hasta dijeron que el tema estaba dedicado a Diego Armando Maradona, por eso la retórica futbolera. («Doble cordel» puede referirse a la manera en que el Diego se ataba los cordones antes de salir a jugar). A mí, en cambio, «faulear» me transmite una sensación más lúdica, no dañina. «Faulear» me revela una libertad que se gana en el juego, un momento de estar suelto sin ataduras ni represiones de ningún tipo.

«Arremolinar» no suena tanto a palabra inventada. Se aproxima a remolino, ese movimiento veloz en el aire, que gira hacia arriba elevando lo que está en el piso. Esta palabra me transmite inquietud, agitación, saltos, velocidad, vibración, cambios. Algunos la relacionan con el vértigo que se vive en los pogos y en esto estoy de acuerdo: arremolinar es fluir, dejarse llevar por la corriente, por una oscilación producida por no sabemos quién.

Creo que los dos verbos están juntos para generar un efecto acumulativo. Este efecto se relaciona con la liberación, con el poder desatarse, olvidarse de la simulación y ser quién queremos ser. Girar sí, pero no «girar maniatado», sublevado a los deseos de los demás, sino girar sin eje, haciendo acrobacias y probando suerte.

La libertad que te da faulear y arremolinar es enorme, pero a veces el precio para conseguirla es el de la soledad.

Nunca me voy a olvidar el día en que conocí a los Redondos. A partir de ese momento, no dejé de escucharlos. Todo el tiempo están en mi computadora, en mi MP3, en conversaciones con amigos. No creo que algún día desaparezcan de mi existencia porque, como ya sabemos, son la banda más grande de Argentina.

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Originally published at haciendocosasconpalabrasblog.wordpress.com on January 24, 2014.