Pebetes filosóficos

A vos te hablo, pebete que supuestamente estudiás Filosofía. A vos, que llenás tus redes sociales con fotos y frases de pensadores filosóficos que no conocés, en lenguas que no entendés, con tal de demostrar tu sapiencia y capacidad de comprensión y así recolectar “Me gusta” de otros pseudoñoños que se comportan de la misma manera.

A vos te hablo, chico vago, que en vez de tomar apuntes en Lógica II te la pasás organizando asados por WhatsApp y mirando fotos en Facebook.

A vos, sí, a vos, que llegás a clase una hora tarde y te vas una hora antes, sin los textos que hay que leer, sin la más mínima idea de lo que está explicando el docente, pero que no perdés oportunidad de emitir tus opiniones poco pertinentes a cada rato, de preguntar cosas que el compañero de al lado preguntó hace cinco minutos, de hablar en una supuesta voz baja que se escucha desde todos los rincones del salón sobre la banda en la que estás tocando y la cantidad de minas que te podés levantar cuando sos músico.

O a vos, que te comiste el rol de filósofo contemplativo y en clase mirás los ventiladores como si hubieras consumido LSD, o que movés el banco a propósito y hacés ruido para que todos te miren y boicotéas la clase hacia los temas que a VOS te interesan para no tener que aprender nada en Epistemología, materia de la que no entendés un pomo.

También te hablo a vos, sí, a vos, chica copada que interpreta lo que escucha en términos como conquista, dominación, subyugación del otro, contexto histórico-social. Sí, mi vida. Ya sabemos todo eso que para vos es como haber descubierto qué es el ser. Ya sabemos que América Latina sufrió una conquista terrible y cruel y que se destruyó la cultura existente para imponer lo europeo. Ya lo sabemos. Dejá de recordarlo en todas y cada una de las clases.

Y a vos, que pese a que lees toda la bibliografía, sos puntual y prestás atención en clase, siempre levantás la mano para contar una miseria personal vinculada a lo académico que te pone triste y querés que el curso se solidarice con vos y si nadie está de acuerdo con vos, te sale el enano fascista y proclamás que a nadie le importa la facultad, que son repetidores y no aman el conocimiento tanto como lo amás vos y no estudian Filosofía para cambiar el mundo, único motivo válido por el que habría que estudiar la carrera.

O a vos, que creés que es posible entender hasta la última coma de un pensador oscuro y te la pasás preguntando y preguntando sin saber que una hermenéutica exhaustiva es sólo un sueño. A vos también, querido, que lo único que hacés es cebar mate. Nunca una pregunta, nunca sacar la lapicera para tomar un apunte. Te vas a tu casa sin nada anotado y sin haber entendido qué hay que leer para la próxima. Y sin yerba, por supuesto.

A ustedes, adscriptos, mentes filosóficas tituladas que están de florero. Ya sé que se anotaron en la adscripción para sumar antigüedad docente. Ya sé que no les interesa aprender más nada. Ustedes son los superados de la vida que se quedan mudos en clase, pensando qué curso seguir para sumar puntaje y conseguir la beca doctoral de CONICET. Son los ñoños alfa, que tienen poco que ver con los ñoños épsilon de segundo año de la carrera.

Y a ustedes también, docentes que no hacen NADA. A vos, docente que enturbiás tus aguas para hacerlas parecer profundas cuando respondés algo completamente ajeno a la pregunta que hizo la alumna. O a vos, que ponés textos de tu autoría en la bibliografía obligatoria y hablás de vos mismo en tercera persona. Y cómo olvidarme de vos, obsesivo de la hojita de la asistencia, que sabés que tus clases son tan malas que la única forma de hacer que los alumnos asistan es amenazándolos con el 75 % de asistencia para poder regularizar.

Pebetes filosóficos, comunidad de alumnos, ayudantes, adscriptos y docentes, ¿por qué? ¿Por qué desaprovechamos la educación pública, gratuita y de calidad que nos brinda el Estado? ¿Por qué no hacemos preguntas o intervenciones pertinentes en vez de vomitar nuestra doxa sin ningún pudor? ¿Por qué no leemos la bibliografía antes de ir a rendir?

Si nos comprometemos un poco más con nuestros estudios o nuestro trabajo, la vamos a pasar mejor. Vamos a aprender más, vamos a pensar con más profundidad, vamos a poder elegir qué camino seguir en la aventura del pensamiento. Antes de ir a clase, lee un poco de bibliografía o juntate con tus compañeros a charlar de los textos que tenían que leer. Después de cursar, rendí las materias, sino se te hace una pila interminable de cosas para rendir y te colgás, porque sabés que lo único que dura para siempre es la regularidad.

Docentes, ayudantes y adscriptos, ustedes también comprométanse. Enseñen bien. Sean claros. Ya sabemos que hay autores complejos. Es su trabajo ayudarnos a entenderlos, así que practiquen en frente del espejo antes de ir a clase y así evitan hacernos perder el tiempo. Hagan participar a los alumnos, escuchen sus opiniones, pero no dejen que los comentarios se desvíen demasiado. Tiendan siempre hacia el justo medio (o algo así).

¡Basta de ir a guitarrear a los exámenes! ¡Basta de aprobar con los resúmenes de otro! ¡Basta de leer la mitad del programa! ¡Basta de pensar que hablar en clase sustituye la necesidad de ir a terapia! ¡Basta de estar en pose! ¡Basta de querer lucirse! ¡Basta de improvisar! ¡Basta de batir cualquiera con total impunidad! ¡Basta de estudiar Filosofía solamente para jactarte de que estudiás Filosofía!

Pongámonos las pilas, aprovechemos la facultad. Tu mente, cuerpo y espíritu te lo van a agradecer. Si de a poco empezamos a cambiar las actitudes de parásito, los demás van a ir haciendo lo mismo y cuando te quieras acordar, vas a dejar de transitar la carrera con pasividad y vas a disfrutar más de lo que elegiste estudiar o enseñar. No creo que alguien te haya obligado a anotarte en Filosofía, así que ejercé tu libre albedrío con responsabilidad, compromiso y disfrute.

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Originally published at haciendocosasconpalabrasblog.wordpress.com on May 7, 2015.