Desobediencia Civil como expresión ciudadana.

Martin Luther King durante la Marcha de Washington en el Lincoln Memorial, Washington D.C., donde dio su discurso ‘I have a dream’.

Cuando me preguntan qué es desobediencia civil, suelo referirme a aquella a la que se refería el escritor y filósofo estadounidense Henry David Thoreau: la resistencia pacífica a las exigencias y mandatos del poder establecido. Según Thoreau, la autoridad del gobierno puede llegar a convertirse en una autoridad impura cuando no cuenta con la aprobación de sus gobernados.

Para decirlo más claro: el nivel de legitimidad de un gobierno dependería de la aprobación de aquellos a quienes pretende gobernar. Desobedecer a un gobierno que no aprobamos es un derecho ciudadano. Eso es la desobediencia civil.

En Venezuela, no podemos sino ser desobedientes ante un gobierno que viola sistemáticamente los derechos humanos de sus gobernados y que pone en práctica políticas avaladas por casi todos los poderes públicos para limitar la libertad de los ciudadanos. Cuando somos gobernados por un régimen que no puede ya sino calificarse como dictatorial, resulta entonces un derecho legítimo que los gobernados desobedezcan.

Pero, ¿funciona la desobediencia civil ante un Estado todopoderoso? ¿Puede ejercerse la desobediencia civil pacíficamente? A pesar de lo que muchos creen, la desobediencia civil es un modo antebellum de protesta. Es decir, no violento. A Ghandi le funcionó y ante el imperio más poderoso que ha conocido la historia moderna, el imperio británico. La marcha de la sal en 1930 sirvió a Gandhi para poner en práctica la protesta no violenta.

Luego Martin Luther King haría suya la práctica de Gandhi en la lucha por los derechos civiles para la población afroamericana de los EEUU. King lideraría un boicot contra los autobuses en la ciudad de Montgomery y Rosa Parks, una sencilla mujer negra de Alabama, se negó a ceder su puesto a una persona blanca en un autobús. Sin violencia, fijó una posición de absoluta desobediencia civil ante unas leyes injustas. Acciones sencillas. Contundentes, pero sencillas.

¿Cómo entonces podemos poner en práctica esa desobediencia civil de manera eficaz y categórica como medio de acción política? La clave está en la organización y en la claridad de los objetivos. No se trata de provocar enfrentamientos violentos, porque la violencia no es el camino. Se trata de entender que estamos ante un régimen dictatorial que no saldrá sin una fuerte presión ciudadana.

Todos los ciudadanos deseamos una salida democrática, por vías constitucionales. El gobierno hará todo lo posible para que esto no sea viable. Solo nuestra madurez, nuestra conciencia política y nuestra confianza en el poder de la ciudadanía, podrá brindarnos esa solidez, claridad, preparación interna y serenidad necesarias para ser civiles desobedientes ante la injusticia, el atropello y la arbitrariedad.

@Van_Caroline