
Te veo… y te extraño.
Hace meses que no he vuelto a mi lugar favorito. Hace meses que no vuelvo a ti.
Creo que ya no se dónde buscarte. Te siento en todas partes, y a la vez, te siento tan lejos. ¿Cómo hacer para morir otra vez al ver tu sonrisa si ya no la encuentro más que en fotos? Lo que más deseo en este momento es volver a morir frente a ella. Ayudame.
Ya no recuerdo perfectamente tu rostro, tus ojos cafés han perdido el color (solo un poco), y tu voz ya no suena en mis odios (no como antes).
Ya no he vuelto a soñar contigo….en realidad si he vuelto a hacerlo, pero tu ya no eras la causa.
¿Qué pasó? ¿Qué está pasando? ¿Por qué te estás desvaneciendo?
¿Qué me pasa?
Voy dándome cuenta de que, en realidad, así como ésto creció repentinamente, terminó de la misma manera. Es hora que dejes de ser mi ángel. Y abras tus alas lejos de mi.
Fuiste una hoja en blanco. Arrugada, rota en partes, pero blanca. Hermosa y resplandeciente. Con renglones, muchos renglones (muchos miedos), pero también con mucho espacio (muchos besos)…
Te escribí. Escribí sobre ti millones de historias. Me ayudaste a hacerlo. Y sabemos que fueron las mejores historias, que fuiste mi amor…que fuimos AMOR. Te extraño amor.
Ahora solo me queda leerte, cerrar los ojos y recordarte. Amarte como el primer día. Y soñarte, soñarte mucho. Porque esos lunares, perfectamente contados por mis ojos, van a estar en mi cada vez que aparezcas en mi mente (constantemente).
Sigo escribiendo. Ya no sobre esa piel. Ahora volví a ser experta en teclados, pantallas, hojas y lapices. Te extraño. Dedico horas de mis días a pensar en por qué pasan este tipo de cosas. En por qué a vos. ¿Por qué a mi?
Todos nuestros planes, todos tus sueños los guardé, bajo llave. Prometo que los cumpliré. Te lo prometo. Eso si, no prometo no llorar al hacerlo, y tampoco te voy a decir que no estoy llorando en este preciso momento, porque aunque se que odias que llore, no puedo evitarlo… te extraño.
Te veo. No de verte físicamente, pero te veo. Te veo en mis sueños, te veo en la esquina, en esa moto…me sigues a donde sea que vaya. O quizá te llevo a donde voy. Te veo sonriendo, te veo renegando, te veo. Te veo. Pasan los días y te veo más y más. Deja que te abrace por favor. Bajá un ratito.
Te veo cuando despierto, te veo frente a mi, mirándome a los ojos con tus ojos cafés recién despiertos (nunca vi nada más hermoso), me besas y te vas a trabajar. Te abrazo fuerte. ¡Te amo!
Te veo y no puedo (ni quiero) dejar de verte. Te veo cuando suena nuestra canción, te veo cuando miro la luna pensando en el día que me llevaste con los ojos cerrados hacia ella (o el día que me diste el diseño para el tatuaje de esa luna que tanto quiero, y que tan poco falta para tenerla). Te amo carajo. Y te extraño mil veces más.
Te veo en el sol, en esas manos que me alcanzan un mate, en los brazos de mis amigos que me contienen cada vez que te veo y siento que ya no puedo. Te veo en el cielo, allá estás ¿verdad?… Siempre estás ahí, es incondicional. Sos incondicional. Sos poesía. Tu cuerpo el mejor verso jamás escrito. Y tus labios, perfectos labios, comienzo y final de cada una de nuestras historias.
Te mentí hace un rato, no dejes de ser mi ángel ¡por favor! Volá. Pero volvé, visitame que te extraño. Solo nosotros sabemos lo que vivimos. Solo nosotros dos vivimos todo lo vivido. Nunca llegue a explicarlo, contarlo o detallarlo, era inexplicable. Pero ambos sabíamos todo del otro, sabíamos lo que era sentirse infinitos mirándonos a los ojos (como verás te lo seguiré diciendo). Te amo por eso.
Gracias. Porque a pesar de tanto dolor, tanto miedo y tantas dudas me amaste, y dejaste que te amara. Fue un honor mi amor.
Te extraño. ¡Cuánto te extraño!
