Ies sin punto

La í es una letra bastante caprichosa. Vos fíjate que si le falta el puntito te descuajeringa todo, pero no una descuajeringación simple y aceptable, un desbarajuste importante.
Según un estudio de la calificada Universidad de Massa y Chussets (también conocida como la Universidad de la Gente) enfrentar a los que sólo usan los palitos y explicarles, caso por caso donde miércoles van los puntitos faltantes es altamente desestresante y sanador, para cuerpo y alma.
Las experiencias citadas en dicho informe, difundido por los medios de comunicación más serios y comprometidos del universo, dan cuenta de ello:
Caso 1:
La locutora muda:
Este no es quizás el caso más simpático para citar, pero comenzaremos por él. Se trata de una señorita de profesión locutora que, contrario al común de sus colegas, no emitía palabra alguna, quizás un “buen día”, si amanecía soleado, o un “hasta mañana” si sus compañeros la veían al marcharse.
Un buen día la locutora muda, asediada por una compañera que le hablaba como si fuese normal, le respondió “¡cállate!”… fueron sus primeras palabras en esa oficina, pero no necesitó más. Esa gran “tilde” sobre esa I consiguió que esa compañera destruidora de momentos silenciosos, ya no la molestara.
Refrescante e inigualable momento para la locutora sin voz, aunque también un gran hito en el día de su compañera, que consiguió sus primeras declaraciones públicas y sinceras… pero eso será material de otra historia.
Caso 2:

De carne no somos todos: Martita iba todos los días a la carnicería de Don Jose (¿Qué José?). Pepe era el típico carnicero, asediado por la mayoría de las señoras del barrio que buscaban el mejor corte “tiernito y sin grasa Don José” exigían. “Tiene chorizo? Y morcilla?” pedían otras clientas con tonito burlón, y a todas Josesito, el carnicero picaflor, les seguía el juego.
Pero Martita era diferente, hasta pensó en cambiar de carnicería, cansada de que Josesito, el “Brad Pitt del rrioba” vislumbrara cierta “picardía” inexistente en cada uno de sus pedidos, y le respondiera a lo “Anibal el number one”.
Una mañana Martita se levantó con el pie izquierdo, ya en la carnicería, luego de pedirle un “lindo peceto”, y adivinar el brillito porcelesco en la mirada de José, hastiada de la situación, lo frenó en seco, lo miró fijo y su “Voy a ponerte los puntos sobres las íes” retumbó en las casitas bajas que rodeaban la carnicería.Cuentan que desde ese día Martita vive feliz y Don José, ya no rompe tanto

Por eso amigos, la típica frase “te voy a poner todos los puntos sobre las íes”! no es una frase tirada al azar y debemos empezar a ponerla en práctica, donde y cuando corresponda.
Empezá hoy. Empezá ahora… Mucha suerte

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