Refugiados sin ropa de abrigo, sin zapatos… y muchos vasos de té

El frío se deja notar cada vez más en Lesbos. A partir de las cinco de la tarde anochece en el campo de Moria, que está en medio de la nada, y el reconfortante calor del sol se esfuma dejando un frío helador que cala hasta los huesos. Se sabe que en unos dos o tres días habrá temperaturas de hasta 6 grados bajo cero. Y para los refugiados no hay lugares resguardados, ni calefacción.
Las personas que acuden a refugiarse a Europa y pasan por Lesbos suelen llegar con laropa mojada. Desde un primer momento se les provee de mantas y ropa seca, pero lógicamente, necesitan más prendas. Tanto en Moria como en Kara Tepe, dos de los campos en los que hemos estado este domingo, hay niños, madres y padres con finas chaquetas, chancletas o directamente sin zapatos.
Hay que tener en cuenta que estas personas pernoctan en lugares rodeados de olivos y apostados directamente sobre la tierra. Las chozas prefabricadas de Ikea y las tiendas de campaña no aíslan apenas del frío a los cientos de refugiados. No digamos de los que no tienen ni siquiera una tienda o un saco para dormir, dos bienes que escasean.

Por la mañana estuvimos ayudando en el campo destinado a familias sirias de Kara Tepe, un lugar que está muy bien organizado y sin saturación. Llevábamos unas cinco maletas con ropa traídas desde Suiza por mi compañera de voluntariado. Al preguntar a un trabajador de la ONG Action Aid si les vendrían bien los abrigos, sudaderas y zapatos que llevaba, su mirada ha empezado a desprender alegría.
Varias personas se han ido con forros polares, cazadoras, chaquetas… Lo peor ha sido cuando no teníamos nada para varios niños sin zapatos y otros que no tenían ropa de abrigo.
Nos hemos ofrecido a ir a comprar directamente lo que necesitaban, por lo que Anna, colaboradora de Action Aid y la mejor regateadora del mundo, ha aceptado el ofrecimiento . Hemos vuelto cargadas de mantas, chaquetas para mujer, abrigos y botas de niño, calcetines, pañales, zapatos para adultos, etc., comprados en Lidl y en un gran comercio chino, que era lo único abierto en domingo.

Reconfortante té
Ya por la tarde hemos hecho el turno de tarde de la tienda de té de Moria. Un voluntario abrió esta infraestructura hace un tiempo, cuyo principal cometido es dar un té caliente, un dulce (galletas o barritas energéticas) a todas las personas del campo, también leche y fruta a los más pequeños.
A diario se sirven cientos o miles de tés a personas de múltiples nacionalidades. Muchos pasan una y otra vez, algunos por el té, otros por las galletas… Tras anochecer la afluencia se dispara, ya que es reconfortante tomar algo tan cálido con esas bajas temperaturas.
En la tienda del té ayudan voluntarios refugiados que pueden dormir en la propia tienda.
Uno de ellos es Sohail, paquistaní de Lahore que con 21 años ha dejado en casa a su esposa y a su bebé de un año. Quiere emprender en breve el viaje hacia Alemania. Perspicaz, diligente, incluso estando agotado quería seguir sirviendo té.

También he charlado un rato con Modi, un joven libanés que quiere llegar a Suecia después de haber pasado un infierno en los últimos años en varios lugares de Oriente Medio. Modi solo quiere tranquilidad, poder ser quien es y olvidar el calvario que ha vivido hasta ahora.
Al preguntarle por la travesía en barco de Turquía a Lesbos, ha contado que el viaje no le daba miedo, a pesar de lo cargada que iba su lancha. La imagen que no se quitará nunca de la cabeza es la del cuerpo de un niño de unos cinco años que vieron flotando. “No sabemos la suerte que tenemos de estar vivos”.