Cabeza cuadrada

— Porque tenes la cabeza cuadrada, como los demás.

— ¿Yo? ¿Te parece?

— Claro que sí. Pero no me malinterpretes. Con cuadrada me refiero a que es, es como una caja fuerte. Quizás sirva para guardar pensamientos, recuerdos y algún que otro puñado de datos, pero, ¿qué haces con eso? ¿De qué otra cosa sirve, más que mantenerlos a salvo del afuera?

— Bueno, no sé, por ahí…

— ¿Sabes por qué no podemos volar? — interrumpe — Porque tenemos la cabeza pesada.

— Dale, en serio. No volamos por limitaciones obvias.

— La primera limitación es la literalidad. No todo significa lo mismo a cada momento, ni para cada persona. Tenes que saber encontrar la cadena significante. Y tener un poco de fe poética.

— Uff, empecemos de nuevo, entonces. ¿Por qué no podemos volar?

— Porque nos estancamos entre preocupaciones que al final del día nunca suceden; deseando lo banal de forma tan absurda que nos regalamos con ojos vendados a la rutina, rindiendo culto a un aparato que nos esclaviza en orden de lo superficial y lo torpe. No es que no volamos por falta de méritos, ¡Es nuestra humanidad la que nos ata al suelo!

Dijo, y se fue volando.

Ella, por su parte, despertó. Con la cabeza un poco menos hundida en la almohada.