¿Debemos estar preocupados por la economía?

Viridiana Rios
Jul 24, 2017 · 3 min read

La economía mexicana está entrando a una zona de expansión y ha mostrado un crecimiento mejor que el esperado al inicio del año. Sin embargo, persiste una falta de confianza (sobre todo del lado del consumidor), en parte debido a las notas que acentúan una alta inflación y una baja inversión. Reflexiono sobre el verdadero estatus de la economía mexicana

La economía mexicana está mejor de lo esperado. La previsión de crecimiento del PIB, de acuerdo con la encuesta del Comité de Estudios Económicos del IMEF, pasó de un consenso de 1.7% en mayo, a uno de 1.9% en julio (en enero era 1.6%).

Las tasas de desempleo también se sienten mejor (aunque no lo suficiente). De acuerdo a los datos del IMSS, en el último año se han creado 808 mil empleos (junio 2016-junio 2017), se estima cerrar el año con 630 mil empleos (considerando pérdidas significativas en diciembre), más de lo esperado al inicio del año (600 mil), pero menos de lo necesario para México (1.2 millones). Otras variables, como la tasa de desocupación, también registran mínimos históricos.

Tal parece que la paridad peso-dólar es parte de la explicación. Actualmente, el peso cotiza a $17.56 por dólar (FIX, julio 22, 2017); niveles no observados desde antes de la elección de Estados Unidos en 2016, mucho antes de las elecciones en EU. Se pronostica que el año cerrará en 18.94 y 19.01 para el siguiente (IMEF, julio 2017). Si bien los datos son más fuertes que los $22 a los que se llegó a encontrar la paridad, la moneda mexicana todavía sigue siendo bastante competitiva. Estos niveles están afectando positivamente, al menos, dos variables.

Primero, las exportaciones no-petroleras se han constituido como uno de los principales motores de crecimiento. De hecho, las exportaciones no petroleras están mostrando un crecimiento a tasas del 13.8%, acumulando siete meses consecutivos de incremento. Otro aspecto que enfrenta un periodo particularmente positivo es el sector automotriz. La producción de autos observa número récord histórico con una tasa de 17.3% y exportación del 13.9%. Sin embargo, vale la pena notar que las ventas del mercado nacional (1.1%) sí se encuentran muy por debajo del año pasado cuando eran de más del 18 por ciento.

Segundo, el envío promedio de remesas ha crecido con bastante solidez hasta situarse en su máximo histórico de 8.65 millones. En los primeros cinco meses del año las remesas han significado la entrada de 11 mil 532 millones de dólares al país, un crecimiento promedio de 4.2% mensual. No se puede descartar que, en parte, ésta sea la razón por la que vemos un aumento en la oferta y demanda final de bienes, particularmente del consumo privado. Del 2.8% de crecimiento del PIB que se observó en el crecimiento del primer trimestre del 2017, cerca de dos puntos porcentuales lo explica el aumento del consumo privado.

Aún así, y a pesar de que los indicadores son relativamente alentadores, persiste una falta de confianza en el consumidor. La confianza general disminuyó 0.8%, de acuerdo a las últimas cifras, la confianza en la percepción sobre la situación económica actual del país prácticamente se desploma con cifras de -2.7%. Quizá la falta de esperanza por la economía mexicana se encuentra un poco afectada por las notas que acentúan una alta inflación y una inversión que simplemente no se recupera.

Respecto a la inflación, la preocupación es infundada. La inflación general anual continuó aumentando, al pasar de 6.16% a 6.3%. Se espera que se cierre el año con mejores datos (5.9%), ya que los incrementos son temporales y están explicados por la reciente depreciación del peso y el incremento en el precio de los combustibles que ha comenzado a afectar también el precio de otros bienes. Así, en 2018, todos los expertos estiman que la inflación volverá a niveles normales, rondando el tres por ciento.

Finalmente, la inversión sí es un problema. Esta cayó 1.3% mensual (-2.7% anual) y se encuentra en sus datos más débiles desde 2009. La inversión pública sufre de deficiencias y podrá ser incluso mayor si se consolidan los recortes que la SHCP pudiera programar en 2018.

Así que, la respuesta es no. No debemos estar preocupados, pero sí es fundamental lograr mejores y más rápidos avances para reducir la pobreza y la desigualdad.

Viridiana Rios

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