La zona de Santa Fe en Cuajimalpa, en la Ciudad de México, sólo es un reflejo de la monstruosa desigualdad que existe en México.

Desigualdad y corrupción son el enemigo, no CNTE o EPN

Los bloqueos carreteros que están paralizando la economía mexicana se alimentan de desigualdad y corrupción. Los de la CNTE bloquean porque no quieren perder los empleos que les dan un nivel de vida que ningún otro empleo en Oaxaca les daría. EPN no desbloquea porque puede aplicar la ley sabiendo que no tienen legitimidad alguna. Desigualdad y corrupción son el enemigo.

En las últimas semanas la coordinadora de maestros ha bloqueado carreteras, aeropuertos y vías férreas en Oaxaca, Michoacán y Chiapas. Se estima (Hernández et al, 2016) que vendedores de alimentos frescos en Chiapas suman pérdidas por 450 millones de pesos, que las armadoras de Querétaro, San Luis Potosí o Saltillo se han visto afectadas por insumos atorados en puertos de Michoacán y que sólo en Oaxaca se han realizado 261 marchas y 150 manifestaciones en lo que va del año (Briseño, 2016).

Decir que estos bloqueos son “causados por la falta de Estado de derecho”, como muchos han señalado, es un argumento que oscurece que la raíz del problema no es sólo el sistema de justicia, sino una economía desigual y pobre que no genera oportunidades laborales dignas, y una política corrupta y putrefacta que genera gobernantes ilegítimos e incapaces.

Primero.- Los bloqueos carreteros se alimentan de una falta de oportunidad laboral.

La CNTE tiene simpatizantes porque representa, para muchos, la única forma de empleo relativamente bien pagado a la que tendrán acceso en sus comunidades. Los maestros tienen miedo de perder las prerrogativas que, corruptamente, han adquirido con su sindicato, porque no están seguros de que otro trabajo legal les pueda dar una vida digna.

Lo único que debilitará la capacidad de la CNTE para dejar de hacer bloqueos en el largo plazo es mejorar las condiciones laborales de este país.

Es imperdonable que en México haya 4.4 millones de adultos que trabajan tiempo completo y aun así viven en pobreza extrema. Es insostenible políticamente. Es incomprensible éticamente. Los bloqueos son un problema de aplicación de la ley que se alimenta de un problema de falta de oportunidades laborales.

Ser maestro y afiliarse al corrupto sindicato son estrategias de supervivencia entendibles en un México sin oportunidades de empleo formal digno. Considere esto: Sólo el 1.8% de los maestros de educación básica y superior viven en condición de pobreza, en cambio, 20% de personas que trabajan en la agricultura son pobres y 14% de los empleados de la construcción lo son también. Si la alternativa a ser maestro, como lo es en Oaxaca, es ser agricultor o trabajador de la construcción, no es de sorprenderse que los maestros estén en las calles. Me parece que yo también estaría en las calles. Me parece que usted también.

Segundo.- Los bloqueos carreteros se alimentan de la corrupción política.

Los gobernantes no se animan a aplicar la ley porque utilizar la fuerza no les ganará simpatías entre las clases altas y bajas (a ellos ya los han perdido), y sí les hará perder simpatías entre los protestantes (a quienes piensan todavía poder contentar).

Utilizar la fuerza no les ganará la simpatía de las clases medias y altas porque a éstas ya las han perdido. Sus actos de corrupción y sus disculpas sin acciones han alimentado un ambiente de rechazo que difícilmente cambiará, incluso, si eliminan los bloqueos. Utilizar la fuerza sí les hará perder simpatías que ganará López Obrador u otros políticos que se han posicionado abiertamente en contra de las reformas.

Los bloqueos son un problema de aplicación de la ley que se alimenta de un problema de falta de legitimidad política debido a la abierta y transparente corrupción. Por ello, lo único que les permitirá ganar la legitimidad para aplicar la fuerza es mostrar que luchan de frente y directo contra la corrupción.

En conclusión, los dos más grandes problemas de México, la desigualdad económica de un país sin oportunidades laborales dignas, y la corrupción de un país con impunidad hacia sus gobernantes, son el alimento principal de los bloqueos. Para evitarlos, habrá que atacar estos problemas.